Santiago de CubaMartes, 21 de Octubre de 2014  / ISSN 1681-9969
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Ayer y Hoy

Alimentos a créditos. Por acá, como hoy sucede en muchos países, el hambre era un perenne flagelo. Para los pobres, la inmensa mayoría de la población la situación se tornaba cada vez más difícil. Ni los que tenían trabajo escapaban de la inseguridad. Para los pobres, la inmensa mayoría del pueblo, todo era vicisitud. Casi todos los salarios eran muy pequeños, y apenas alcanzaban para la alimentación de tres, cuatro -tal vez más- miembros del núcleo- de ahí que surgieran los convenios con tiendas de víveres o bodegas.

El Arquitecto. Otrora ser arquitecto era estar al servicio de los ricos. Solo ellos contrataban a esos profesionales, quienes les diseñaban palacetes en las ciudades, el campo y playas. Los poderosos poseían, en su mayoría, más de una vivienda. Una para vivir, cómodamente, y las otras para "descansar", aunque toda la existencia de los explotadores era esa, descansar, pasear, viajar al extranjero.

"El caballo" . Diariamente, cuando algún barco estaba surto en los espigones del puerto, en Santiago de Cuba, grupos de hombres se aglomeraban en los alrededores. ¿Objetivos?: hacer "talles" (gestiones) con portuarios para que les permitieran laborar un par de horas, media jornada o la jornada completa.

El calzado de los pobres. En el campo, las alpargatas eran mayoritaria. Se trataba de un calzado de lona adherida a pedazos de neumáticos de automóviles. Su duración era poca. Tal vez un par de meses, pero si llovía y su poseedor las metía en el fango, venía el desprendimiento y hasta ahí llegaban esos "zapatos especiales".


Los damnificados por ciclones
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Hoy, desde que el socialismo iluminó al pueblo cubano, cada vez que hay azotes de ciclones, los medios de difusión masiva, resaltan las reparaciones, modificaciones y construcciones que se ejecutan para que los damnificados tengan, incluso, mejores condiciones habitacionales, de las disfrutadas, con antelación a los azotes climáticos.

El comecandela. Antes de la demostración, el hombre acercaba la estufa a los que los rodeaban, y éstos retrocedían, acariciados por la candela. Para los asistentes, al espectáculo del parque, de cualquier parque y en cualquier ciudad, no había duda: la candela no era ficción, quemaba.

La cooperativa. A la distancia de más de 44 años de aquella Cuba empobrecida, subdesarrollada y hambreada, hay cosas que parecen extraídas de cuentos de hadas. Una de ellas era la cooperativa. ¿Qué era eso? Sencillamente una reiteración de la situación socioeconómica del país.

"El Diablo Rojo". Los transeúntes se detenían; el tránsito de vehículos quedaba paralizado; los niños y otros se acercaban a aquel hombre de negra tez, alto y delgado, que aparecía, frecuentemente, en las calles santiagueras, bocina en la boca, y su espigada anatomía instalada sobre patines, con los cuales hacía filigranas circenses.

El Sorteo de Viviendas. En la Cuba de antaño, la inmensa mayoría de los cubanos no poseía viviendas decorosas, y muchos de los que las tenían, adecuadas o no, pagaban alquileres mensuales, nunca las casas eran de ellos.

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