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26 de Julio

Santiago nació bajo las balas del asalto al Moncada

Copia de Santiago Mena LopezLa principal credencial en la vida de Santiago Mena Álvarez es su humildad; hombre extremadamente modesto, muy trabajador, respetuoso y educado, cualidades en las que enfatizaron sus padres para forjarlo en los mejores valores y convertirlo en una persona de bien.

Familiares, algunos vecinos y amigos saben que el 26 de julio de 1953, en medio de las balas por el asalto al cuartel Moncada, nacía el único hijo del matrimonio de Gloria Esther y Alberto, en la sala de maternidad del entonces Hospital Civil de Santiago de Cuba, uno de los escenarios de la heroica gesta, donde radica hoy el Parque Museo Abel Santamaría.

Piensa que haber venido al mundo bajo el embrujo de aquel glorioso amanecer no es una hazaña ni le otorga ningún mérito, a no ser el orgullo por coincidir su nacimiento con esa memorable fecha y ser un genuino representante de la generación que surgió con la Revolución.

“Además de que me inspiró para estudiar, ser útil, superarme en aras de desempeñarme mejor en mi trabajo, con la disposición de servir a mi país con alto sentido del deber y la responsabilidad y educar a mis hijos y nietos en los mismos valores de patriotismo y honestidad con que mis padres me formaron”, confiesa con modestia.

Quienes lo conocen acentúan que es tan caballeroso como el padre, destacado trabajador de la Empresa Eléctrica en Santiago de Cuba, ya fallecido, quien tuvo tiempo de disfrutar la compañía de Chago, como le dicen cariñosamente, hecho un ciudadano cabal que lleva en su corazón las enseñanzas de los próceres de la Patria.

Santiago ha estado vinculado invariablemente a la actividad militar, luego de egresar de la Escuela Militar Camilo Cienfuegos cursó estudios en la Escuela Interarmas Mayor General Antonio Maceo, Orden Antonio Maceo, de La Habana, donde se graduó en 1972. “En esos centros continué la forja de mi carácter que había comenzado en casa”, refiere.

Enamorado de la docencia, laboró como profesor de Preparación para la Defensa en el instituto politécnico Antonio Maceo (Artes y Oficios), después fue metodólogo de la disciplina en la dirección municipal de Educación y más tarde atendió la misma tarea en la dirección provincial de Educación en Santiago de Cuba.

“En 2009 asumí como profesor de Preparación para la Defensa en la Universidad de Oriente, y desde 2014 soy jefe del departamento Docente de esa disciplina, lo que me ha permitido contribuir a la formación patriótica de las nuevas generaciones”, señala quien es también Licenciado en Educación en la especialidad de Economía.

Considera un gran honor para él haber cumplido misión en Angola, donde estuvo en el batallón de la guardia presidencial, por eso ostenta con orgullo la medalla de Combatiente Internacionalista de II Clase, además de la distinción Por la Educación Cubana que mucho aprecia.

Un capítulo importante de su existencia lo ocupa su madre, quien tenía solo 22 años cuando lo parió y antes de fallecer le contó detalles del milagroso suceso, cuando no pensó que su hijo iba a salir con vida, pues al comenzar el tiroteo ella estaba pariendo con dificultad porque pesaba 12 libras; pero era un niño hermoso y saludable, decía con frecuencia muy satisfecha.

“Ella recordaba que las balas pasaban rozándole, se puso muy nerviosa, no podía ni acostarse, lo único que quería era poder salvarme; cuando cesó el tiroteo, los guardias buscaban combatientes por todas partes y tuvo que ponerse dura para cuidarme, porque registraban con violencia y estaban armados hasta los dientes”.

“Me relató, prosigue, que por fin a las siete de la noche del 26 de Julio pudo salir conmigo en brazos del hospital, no dejaban entrar hombres y entonces mi abuela y unas vecinas fueron a buscarnos, estuvimos muy afectados síquicamente y bajo tratamiento médico por un tiempo”.

A Santiago pretendieron ponerle el nombre de Fidel pero, por tanta represión en esa época, optaron por el de la ciudad bravía, “que es mi inspiración igual que el Comandante para todos mis actos y en la formación de mis hijos, entre los cuales tengo tres pedagogos, un médico y un informático, y mis nietos, junto a mi esposa Ana Gisela, qué mayor felicidad podría tener en la vida.

“Antes de 1959 no podían celebrarme el cumpleaños, así me acostumbré a pasarlo por alto, pero cuando regresé de Angola con el deber cumplido mi familia me hizo una fiesta con tanto cariño que no pude rehusar, y después lo festejaba con la misma alegría del 26, y ya son 67 años”, dice el afortunado santiaguero.

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