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Callejón Bofill: una invitación a conocer el Santiago colonial

callejon bofill museo tomas romay foto J. Loo VázquezEl Callejón Bofill es un lugar muy peculiar y para caminar sobre sus adoquines sólo basta traspasar el umbral del centenario museo Emilio Bacardí, en el Centro Histórico de esta ciudad oriental. Ubicado en el lateral izquierdo de la institución, ese espacio reproduce una calle de estructura colonial, con elementos arquitectónicos originales de varios siglos como los propios adoquines tomados de calles destruidas, portones y amplios ventanales de varios estilos con barrotes torneados o elegante herrería.

También recrean el lugar faroles del alumbrado público, rejas decorativas, lápidas que identificaron importantes edificaciones y los pretorios o escalones que dan acceso a la fachada de la vivienda simulada.

Por su originalidad el callejón es un sitio muy visitado y su nombre honra al primer director del museo: José Bofill, quien fungió como tal durante 45 años y fue quien tuvo la iniciativa de dejar para las futuras generaciones una réplica de las calles santiagueras con las características de centurias pasadas.

Después de la muerte de Bofill, pintor, escultor y, sobretodo, patriota, muy cercano a Bacardí, la organización Acción Ciudadana de Santiago de Cuba determinó llamar así el callejón, a propuesta del coronel del Ejército Libertador Federico Pérez Carbó para rendir homenaje a quien fuera su creador.

Entre los valiosos exponentes que allí se exhiben figura la pieza de artillería llamada entonces San Cañón. Ese elemento bélico fue traído a la Isla por fragatas españolas para disimular la derrota sufrida por fuerzas de la metrópoli en la guerra de Santo Domingo, en 1864, y fue recogido en el pueblo de Montecristi.

Según apuntes históricos que atesora el museo, cuando llegó el cañón a esta ciudad se hizo un gran recibimiento ante las principales autoridades, pero el pueblo se dio cuenta del engaño y hasta le sacó un estribillo, en el que se burlaba del Santo Cañón.

La pieza estuvo colocada hasta 1872 en los bajos de la Catedral, luego fue trasladada al Parque de la Artillería, donde después se construyó el Palacio de Gobierno y, finalmente, fue cedido al museo por el gobernador José Barceló.

Muy pintoresco es el Callejón Bofill, y por su autenticidad constituye sin dudas una permanente invitación a conocer las calles del Santiago colonial.

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