Periódico Sierra Maestra

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Retratados

lionel messi barcelona real madrid futbol santiago de cubaEl Fútbol Club Barcelona quedó retratado en el mismísimo “Camp Nou” por su eterno rival en el primer Clásico oficial de la temporada 2017-2018, y no se trata de un partido malo de los culés, sino de la dura realidad que vive ahora mismo el equipo “azulgrana”.

No nos equivoquemos, hablamos del “Barça”, un club que dominó a su antojo con Pep Guardiola en el banquillo, pero que con Luis Enrique y la MSN se entregó a “otro fútbol”, y con el poderoso tridente desbaratado por la “traición” de Neymar Jr., le tocó descubrir, o el Madrid le ayudó a darse cuenta, que el pasado no volverá.

El Barcelona tiene que fichar sí o sí. Ya llegó el brasileño Paulinho, un jugador que puede ser importante en la mitad de la cancha, pero que no cambiará lo que ofrezca el equipo de mitad hacia delante.

Esas piezas parecen estar en Dortmund y Liverpool, donde, dicho sea de paso, se debió celebrar la victoria del Real Madrid con indisimulada euforia (el dinero viene en camino). La superioridad en el marcador (1-3) y en el juego, donde el “Barça” fue durante demasiados minutos un juguete roto, devuelve al plano urgencias de un pasado tan lejano que las jóvenes generaciones, seguro, ni conocen.

Los 222 millones de euros ingresados por la marcha de Neymar a París se antojan ahora insuficientes para sumar a la causa a Coutinho y Dembélé.

Son los hombres, no hay otros. ¿Las posiciones? No importa. Son ellos los elegidos para intentar ilusionar a una afición deprimida y que se agarra a Messi, suplicándole que beba el elixir de la eterna juventud.

Y así quedó demostrado. El Messi Club Barcelona en su máximo apogeo se mostró este sábado en un partido que se llevó el Madrid porque a Leo no le rodea esa orquesta que tuvo el “Barça” en la época de Guardiola y no le acompaña, tampoco, la pareja incombustible que tuvo en la era de Luis Enrique, porque solo tiene a Luis Suárez como escudero.

Condujo como buenamente pudo a un grupo que se mostró despedazado en demasiados minutos y se sospecha cansado en su intimidad. Necesitado de una revolución verdadera que va más allá de esos fichajes que puedan darle brío, pero que, de entrada, falta por ver si le darán fortaleza.

Zinedine Zidane le dio entrada en el minuto 58 a su estrella, Cristiano Ronaldo, cuando tras el 0-1 de Piqué el Barcelona parecía ‘un pollo sin cabeza’ y el Madrid disfrutaba.

Una cosa sí quedó demostrada, el Madrid ya no es tanto de Cristiano como de Isco. El luso sigue siendo letal y mantiene su personalidad arrolladora en el césped. Marcó un golazo, pero su entrada en el campo rompió la hegemonía futbolística de su equipo, que se entregó a un partido de ida y vuelta frente a un rival herido, pero no rendido.

Resulta que el Real funcionó mejor con la pausa y al “Barça” le pudo resucitar el vértigo. Así y todo, sin CR7 en el terreno (expulsado rigurosamente), el Madrid volvió a llamar a la calma entre tanta tormenta en una recta final a la que acudió Marco Asensio para sentenciar al “Barça”.

El joven mallorquín, a quien no fichó el Barcelona por ahorrarse unos dólares que utilizó en Douglas, celebró su gol mostrándose al tendido, mostrándose a la gente, a la televisión, al mundo y, también, a la tribuna, donde a alguno de los dirigentes del Barcelona se le debió caer el mundo encima.

El “Barça” está en modo drama y el Madrid en modo disfrute. Aquí ya no hay pelea de egos, de entrenadores ni de estrellas. Equipo contra equipo, a la hora de la verdad y sin Neymar al que agarrarse, el Real le dio un sopapo de Supercopa al equipo de Ernesto Valverde al que se deberá, sin un minuto que perder, ofrecer soluciones.

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