Blanco, el color de la inmortalidad

Categoría: Bolas y Demonios
Escrito por Jorge R. Matos / Foto: depor.com
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Hay quienes dicen que el blanco no es realmente un color, sino más bien la ausencia de este. En todo caso vale decir que el Real Madrid ha teñido de blanco o le ha absorbido el matiz al mapa futbolístico de Europa.


Es lo que pasa cuando se ganan 13 copas continentales, cuatro de estas en los últimos cinco años, tres de maneras consecutivas en el formato de Liga de Campeones. Rubros de los que solo puede presumir el equipo “merengue”, un club que no se detiene a vivir de sus logros, un tiburón insaciable y que no para de conquistar ciudades por todo el viejo continente.
Kiev, la capital de Ucrania, fue el último escenario donde los madridistas plantaron su bandera (tres goles por uno), ante un Liverpool castigado en exceso por la mala fortuna de perder a su jugador estrella por lesión, y por las acciones desatinadas de su arquero.
En el estadio Olímpico se vivió otra prueba fehaciente de que el fútbol es un deporte al que es imposible adaptarle un guión. Nunca se sabe en qué minuto hace su debut el protagonista de la película ni qué acción cambia el rumbo del partido.
No parecía ser la noche de la nave que comanda el francés Zinedine Zidane, ahogada ante la presión de los “reds” y con posesiones de balón tan largas como inútiles. Algo es imposible negar, los ingleses fueron superiores durante los primeros 25 minutos, en los que si no se adelantaron fue por una intervención magistral del portero costarricense Keylor Navas ante un disparo del lateral derecho Alexander-Arnold.
Pero poco después llegó uno de los sucesos del choque, el egipcio Mohamed Salah cayó al césped en una disputa con el defensor Sergio Ramos y se lastimó su hombro izquierdo de forma tal que no pudo continuar sobre la cancha.
La salida del faraón aturdió al Liverpool, que se vio obligado a cambiar su esquema de juego, y el Real comenzó a sacar las uñas antes del descanso, cuando le anularon –correctamente- un gol a Karim Benzema por offside.
En el inicio del complemento Isco mandó el balón al larguero con todo a su favor para marcar. Sin embargo, el marcador se abrió de la forma más impensable. El cancerbero alemán Loris Karius no midió bien una salida con las manos y estrelló la esférica en Benzema, para que este se apuntara el tanto inicial.
El Liverpool respondió pronto, en un tiro de esquina muy bien cobrado, para lograr la anotación del africano Sadyo Mané.
Con empate a uno en el pizarrón, Zidane tocó la tecla que terminó de cambiar el rumbo de la noche. Isco dejó su lugar en el campo al galés Gareth Bale y en el primer balón que remató el británico se apuntó uno de los mejores tantos que se recuerden en la Finales de la Copa de Europa.
Una chilena antológica que enmudeció a los miles de parciales rojos y que desató la locura en el banco madridista. Tiró de orgullo el Liverpool a través de su hombre más peligroso en la jornada, Mané, desesperado al ver cómo un remate que pudo haber puesto otro empate se estrellaba en uno de los postes.
Y para remate, Karius volvió a fallar al intentar controlar un disparo lejano de Bale (nombrado MVP del partido) que se le escurrió entre los guantes para seguir camino hacia el fondo de las redes.
Son tiempos de dinastía blanca, o de ausencia de color, vaya usted a saber. Lo cierto es que el Real Madrid ha vuelto a escribir otra página dorada en su rica historia. La pregunta es: ¿Hasta dónde llegarán Zidane y sus muchachos?

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