La segunda semana del primer asalto de los octavos de final en la Uefa Champions League comenzó sin goles y acabó con sorpresas. El martes el “Barça” se estrelló contra su mala puntería en Lyon a la vez que en Anfield el miedo le podía a Liverpool y Bayern de Múnich.
Empataron a cero los dos partidos y se dio paso a un miércoles incendiario: el Atlético de Madrid sufrió el VAR, que le anuló un gol a Álvaro Morata para, inmediatamente, desmelenarse y dejar contra las cuerdas a la Juventus; al tiempo que en Gelsenkirchen el Schalke 04 le plantó cara hasta la extenuación al Manchester City, que se llevó un ajustado triunfo, con remontada incluida en una recta final enloquecida.
El Barcelona llegó a rematar hasta en 25 ocasiones, aunque solamente acertó cinco de ellas entre palos en un partido que dominó ampliamente al Olympique de Lyon francés sin sacar rédito. El arquero de los franceses salvó varios disparos envenenados, pero también Ter Stegen fue providencial para evitar que el equipo de Ernesto Valverde se marchase de Francia con una derrota.
Más al Oeste, el Liverpool supo frenar y anular al Bayern. Sin embargo, el conjunto inglés acabó rebajando su intensidad y cayó en la apuesta alemana, que se dejó dominar de una manera incierta y consiguió llevarse a Múnich un empate que le supo a oro.
Por otra parte, en suelo teutón acabó ganando el City de “Pep” Guardiola, pero tuvo que remontar el 2-1 con que llegó a ponerse un Schalke atrevido y descarado, que supo defenderse con orden y llegó a soñar con una victoria para la esperanza, más aún tras la expulsión de Nicolás Otamendi. La remontada definitiva de los “citizens” llegó con dos goles en los últimos cinco minutos ante la decepción de los hinchas locales.
Y finalmente, el Atleti, con tanto corazón como empuje y el apoyo incondicional de una afición entregada, dejó contra las cuerdas a una Juventus que se vio beneficiada primero por el VAR y sufrió un auténtico atropello después, con dos goles en seis minutos ante los que no tuvo respuesta, estrellándose contra un Jan Oblak magnífico.