¿Quién dijo que el Madrid se había ido?

Categoría: Bolas y Demonios
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barcelona real madrid santiago de cubaReal Madrid asaltó el Camp Nou, contra todo pronóstico, la noche en que el barcelonismo rindió su último homenaje al legendario Johan Cruyff, y armó un lío bárbaro. Dejó herido y con dudas al mejor equipo del planeta en la actualidad, en un momento clave de la temporada.

Barcelona ganaba el superclásico español con un gol de cabeza de Gerard Piqué a los 56 minutos. Sí, lee bien usted, el “Barça” se adelantó en un córner. El equipo más bajito de España le ganaba al mejor cabeceador de la Liga con un testarazo en una jugada de estrategia. Pero se disgregó en la última media hora de partido.

Los “blancos” lo tumbaron con golazos de Karim Benzema (62’) y Cristiano Ronaldo (85’). Este último, dos minutos después de que fuera bien expulsado el capitán “merengue” Sergio Ramos, tras recibir la segunda tarjeta amarilla del choque.

El 2-1 final fue premio merecido al equipo que mejor trabajó el partido. Al que fue capaz de llevar a su rival al terreno que le convenía. Porque Barcelona no dejó de tener la pelota la mayor parte del tiempo, especialmente en la primera etapa, pero Real Madrid le quitó espacios y le impidió que esa posesión se transformara en chances concretas de gol.

Tal es así que su mejor chance surgió de un pelotazo largo en el que Luis Suárez partió en clara posición adelantada -y quizás también le hizo falta a Ramos- para después perderse un gol increíble frente al arco. Esa jugada y un remate del croata Iván Rakitic desde afuera, que desvió Keylor Navas, fueron los momentos más claros de la primera parte para los “azulgranas”. Muy poco para el equipo que había monopolizado el balón.

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Barcelona se pareció demasiado a su peor versión de los últimos años, algo que con Luis Enrique parecía haberse resuelto. Volvió a ser ese equipo que tocaba y tocaba de manera intrascendente, haciéndose previsible y sin capacidad de improvisar y de cambiar el ritmo de golpe para encontrar un hueco.

El Madrid tuvo mucho mérito en eso al cerrarle los caminos a Messi, Suárez y Neymar. Pocas veces se ven partidos en los que “La Pulga” tenga un protagonismo casi nulo y patee tan poco al arco. Apenas una jugada que pareció falta de Sergio Ramos en el límite del área y un remate que le tapó Navas cuando estaban igualados a cero.

Al mismo tiempo, dio la sensación de que Barcelona no estaba en su mejor condición física para afrontar un partido de ese tipo, con toda la carga de un Clásico y con un rival decidido a asfixiarlo. Sin frescura es más difícil encontrar los espacios para hacer circular la pelota hasta la zona de peligro. Y tarde o temprano, tampoco hay frescura mental para improvisar y encontrar alternativas. Esa chispa que no tuvo el Barcelona lo volvió un equipo distinto o, mejor dicho, un equipo más parecido a todos los demás.

A eso se le agrega el riesgo de siempre cuando uno busca y busca: que el rival lo encuentre mal parado en la contra. Algo que aumenta cuando corre el reloj y llega el cansancio. Más cuando enfrente está el Real Madrid, veloz y preciso de sobra.

Ese partido era el que Zinedine Zidane iba a buscar al Camp Nou y el que terminó de encontrar en el segundo tiempo. No le dolió que el Barcelona abriera el marcador, sobre todo porque lo empató muy rápido. Por el contrario, si hubo un equipo que se apresuró y se descuidó, ese fue el Barcelona con el 1-1.

Ahí fue cuando todo se jugó en el terreno que el Madrid había elegido, el que fue preparando con el correr de los minutos. El gol pudo y debió haber llegado antes, con el tiro de Cristiano Ronaldo en el travesaño o el cabezazo de Bale en el que casi nadie, salvo el árbitro, vio falta sobre Jordi Alba. Pero terminó habiendo justicia con una gran definición de Cristiano Ronaldo, que controló dándose el ángulo que necesitaba para rematar.

En lo individual Casemiro garantizó equilibrio, control y seriedad. Se doctoró el muchacho en el Camp Nou: intervino en 18 acciones defensivas con acierto, ganó el 75% de los duelos por el balón y supo leer su función de manera impecable, de tal modo que fue una bandera a la que se unieron Ramos y Pepe en el esquema defensivo.

Momento clave en el partido fue, con 1-1 en el marcador, la entrada de Arda por Rakitic. Hizo un favor al Madrid, pues en la medular se quedó Sergio Busquets muy solo, ya que Iniesta no bajaba, tampoco Arda y por supuesto Messi no tenía que hacerlo. Casemiro trabajó más fácil, Kroos se estiró, igual que Modric. Cristiano se encargó de liquidar el partido.

Real Madrid sin duda pasó una prueba de fuego: fue al Camp Nou creyendo en lo que se había propuesto hacer y lo ejecutó casi a la perfección. Y, sobre todo, se vio renovado, equilibrado y nunca lo tomaron mal parado.

Para el Barcelona se abre un signo de pregunta sobre lo que se viene, que será igual o más de exigente. Por delante tiene dos semanas de “Champions” y Liga combinadas, con una serie a todo o nada ante un equipo muy físico como el Atlético de Madrid que, además, con su vecino el Real, se le acercó a una distancia peligrosa, aunque el “Barça” camina cómodo hacia el título doméstico.

La final de la Copa del Rey le completa el calendario más difícil de los tres que pelean por el título, con compromisos que no le dan tiempo ni para descansar ni para trabajar físicamente. Está claro que seis puntos (o siete sobre el Real) a esta altura de la temporada parecen una ventaja que el Barcelona debería conservar sin problema. Pero para eso deberá demostrar que tiene resto físico para la recta final.

Fue justamente lo que le faltó ante Real Madrid, y quedó claro que aun controlando el partido y monopolizando el balón, las cosas se le pueden complicar si no hay frescura ni creatividad. En este ida y vuelta contra el Atlético sabremos si esta derrota le hizo abrir los ojos y ver que no se puede jugar siempre, sin terminar pagándolo en algún momento como sucedió en el Clásico.

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