We are the Champions

Categoría: Bolas y Demonios
Visto: 1247

real madrid champions league 2016 santiago de cubaLa Undécima ya está irremediablemente en el “Santiago Bernabéu”. El Real Madrid ya suma 11 entorchados europeos. El último, conseguido de la manera más agónica posible. Incluso más que en Lisboa, porque esta vez fueron los penaltis los que acabaron condenando al Atlético.

De una manera o de otra (siempre habrá quien se queje del gol de Sergio Ramos en offside) el Madrid sobrevive y sigue ampliando su leyenda continental. El discurso del Atlético engatusa en sala de prensa, pero se desmonta de golpe cuando el balón empieza a correr.

No sabe proponer el “Atleti”, cómodo en la destrucción. Nunca deja de creer, como reza su lema, el problema es que a veces no se sabe exactamente en qué. Neptuno siempre sorprende. Lo único que sabía con certeza el equipo de Simeone era que todos los astros se tendrían que alinear de su lado, porque con sólo un pequeño fallo en el místico engranaje “rojiblanco”, el invento se iba a venir abajo. El señor Clattenburg fue el tornillo que no estaba bien apretado.

Al Atlético le tembló el pulso en el tramo inicial. Seguía en Lisboa, atrapado sin encontrar una luz que lo guiara. Ni siquiera a balón parado, se gran arma, era capaz de presentar batalla al Real Madrid, que sembraba el pánico en cada acción de falta o córner.

Oblak obró el milagro ante Casemiro a los cinco minutos, después de que Gareth Bale cobrara una falta muy peligrosa en los linderos del área. Hasta se puso las gafas y el gorro el galés, aseado en su escorzo.

A la segunda, el castillo de naipes de Simeone se vino abajo de sopetón. Ni siquiera la grada supo cómo reaccionar. Brotaban las lágrimas en el gol sur de “San Siro”. Kroos sacó una falta, Bale peinó el balón y Sergio Ramos, otra vez él, inauguró el marcador. El sevillano estaba en claro fuera de juego, pero ni el juez de línea ni el árbitro lo supieron ver.

Con el conjunto “blanco” en liza, la primera opción siempre pesa un poco más. Como en la Séptima. Como en infinidad de ocasiones.

El escenario era ideal para el Madrid, que dio un paso atrás y se limitó a esperar a su rival (algo con lo que no estuve de acuerdo). Casi a contemplarlo, porque la obligación de buscar la portería de Navas evidenció todas las carencias de un equipo construido para otro tipo de aventuras. Koke y Saúl abandonaron las bandas para intentar ayudar en la creación, pero fue Griezmann el que se subió al dragón para intentar domarlo. El francés construía y acababa las jugadas, pero sin demasiada puntería.

El caluroso ambiente de “San Siro” no presagiaba nada bueno para el Atlético, que necesitaba algo más que un milagro para darle la vuelta a la tortilla. El “Cholo” intentó sacudir a su equipo al descanso. Sacó a Augusto y metió a Carrasco, en busca de la profundidad que no había tenido en el primer tiempo. El belga se erigió en el mejor de su equipo con un despliegue memorable.

Caprichoso, el destino le enseñó el pastel al Atlético, para convertirlo luego en carbón. Pepe derribó a Torres dentro del área y el árbitro señaló penalti.

La acción fue muy clara, pero a buen seguro que en la conciencia de Clattenbrug pesó mucho el fuera de jugo en el gol de Ramos. La Final podía dar un giro radical y permitir soñar al Atlético, pero el sapo no se convirtió en príncipe. El lanzamiento de Griezmann chocó contra el larguero y las lágrimas volvieron a brotar en el gol rojiblanco. Simeone, con las manos en la cabeza, no se lo creía.

El marcador era lo único que mantenía vivo al Atlético, que pisaba mucho el campo del Madrid, más por permisividad “blanca” que por mérito propio. Cristiano seguía desaparecido y Bale había perdido la chispa de la primera media hora.

Oblak evitó el segundo de Benzema en la ocasión más clara del partido y el choque se convirtió en un correcalles, un escenario mucho más beneficioso para los “rojiblancos”, a pesar del potencial ofensivo de su rival. Era la única opción que tenía el equipo de Simeone de generar peligro vistas sus carencias.

Perdonaron Cristiano y Bale, que sembraron el pánico en Oblak durante tres minutos de vértigo. A la primera, el Atlético agarró a su presa y se la colgó de la cintura. Juanfran centró al segundo palo y Yannick remató a gol. Volvían las lágrimas al fondo sur, pero esta vez eran de alegría, casi de incredulidad. No era el minuto 93, como en Lisboa, pero la moneda por fin les había sonreído. La prórroga era el premio.

A diferencia de Lisboa, el rearme moral fue esta vez para el Atlético, envalentonado con el gol de Carrasco, aunque consciente de sus limitaciones y adoptando el papel que más le gusta: agazaparse, sufrir y sorprender. El guión obligaba ahora al Madrid a recuperar la iniciativa, a enseñar sus cartas, con el aval de hace dos años como su principal arma. Pero las fuerzas escaseaban y todos economizaban esfuerzos al máximo.

Los penaltis se asomaron a una Final agónica. Dos horas de un esfuerzo titánico se iban a resolver desde los 11 metros. Y ahí, el destino volvió a cebarse con el Atlético de Madrid. Juanfran falló su pena y Cristiano sumó la Undécima para el Madrid.

Un récord para el equipo blanco. Ningún otro equipo ha ganado 11 Copas de Europa. El Madrid es el Rey del viejo continente.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar