La Eurocopa de Francia, la de los 24 equipos y 51 partidos, llegó a su fin con Portugal proclamándose campeón por primera vez en su historia, tras vencer por 1-0 al anfitrión Francia.
Para nada los portugueses jugaron el futbol más bonito de la Euro –de hecho, fueron incluso aburridos la mayor parte del tiempo– y la Final, como en los octavos, se “salvaron” gracias a un poste.
Pero si algo tienen los lusitanos es fe en sí mismos. No se derrumbaron ante el dueño de casa, que había dado cuenta de la poderosa Alemania. Ni siquiera cuando perdieron al mejor jugador del mundo por lesión. Y con todo en contra, Portugal sobrevivió como lo hizo en todo el torneo: por pura persistencia. Al final, Cristiano, en un pie, por fin levantó como capitán la Copa que se le había negado hace 12 años como adolescente.
Antes de entrar en cualquier análisis quiero hacer un aparte para el formato estrenado por la EUFA en el certamen.
Se trataba de un torneo demasiado largo y se sospechaba que la participación de varias novatas bajaría el nivel de juego del máximo torneo de selecciones en Europa. Y sí, el espectáculo se tardó en llegar hasta la semifinal. A veces se hizo demasiado largo -especialmente en esa primera fase en que los goles demoraron- pero tuvo sus momentos emotivos, protagonistas sorpresivos y héroes no tan inesperados que quedarán para la historia.
Entrando en materia deportiva, siempre se ha dicho que los partidos de estas instancias decisivas hay que ganarlos como sea. Así lo confirmó la victoria de Francia ante Alemania, en la que los galos tuvieron mucho menos la pelota, pero supieron aprovechar sus oportunidades.
La misma lógica se les volvió en contra en la Final. Dominó la posesión, pero no fue capaz de trasladar eso al resultado. Tuvo algunas chances más, pero nunca marcó diferencias abrumadoras, y terminó pagándolo ante un Portugal práctico y que sacó pecho en un momento clave, en el que se hizo fuerte cuando podría haberse caído a pedazos.
Fue una Euro en la que Alemania eliminó a Italia, aunque siga sin ganarle en los 90 minutos en una competencia oficial; en la que, a continuación, Francia se sacó de encima a Alemania, algo que no hacía desde hace tiempo; y en la que, finalmente, Portugal consiguió su primer título, a pesar de ganar solamente uno de siete partidos en tiempo regular.
Pero lo consiguió contra viento y marea: enfrentando en la Final al anfitrión, que era el favorito, y habiendo perdido a su estrella en el primer tiempo.
Extrañamente, la salida de Cristiano Ronaldo potenció a Portugal, como si el resto del equipo hubiera entendido que tenía que crecerse ante la adversidad y demostrar que ellos también podían aportar lo suyo. Todos multiplicaron los esfuerzos y apareció eso que ya habíamos visto en la semifinal ante Gales: un equipo solidario, regular en su funcionamiento, sin grandes brillos, pero sacrificado para marcar y listo para aprovechar sus chances.
La Francia de Didier Deschamps siempre tuvo futbolistas para jugar mejor de lo que lo hizo, pero sin continuidad en el posicionamiento, nunca terminó de definir su identidad. Los cambios que probó el técnico no funcionaron del todo y los protagonistas nunca se terminaron de encontrar muy cómodos.
La defensa fue la línea más criticada, pero los cambios que más afectaron al equipo sucedieron del medio hacia adelante. Ya habíamos marcado que Paul Pogba pasaba a jugar de una banda a la otra, mientras que Antoine Griezmann empezó por la derecha y terminó siendo un segundo punta, detrás de Olivier Giroud. Como cierre, el mejor de Francia en la Final fue Moussa Sissoko, jugando por adentro, cuando ante Islandia lo había hecho por afuera y por la derecha.
Siendo sinceros, Portugal tampoco tuvo un rendimiento espectacular. Contando con jugadores más creativos, terminó pareciéndose a aquella Grecia campeona de 2004, la que lo amargara en su propia casa. Organizada atrás, con dificultades para anotar y ganar, pero sabiendo siempre cómo mantenerse a flote y pegando en el momento indicado.
Nada distinto a lo que se vio a lo largo de un torneo bastante regular, en el que se jugó un fútbol sin brillo, muy limitado, y que tuvo pocas actuaciones para el recuerdo, tanto en lo colectivo como en lo individual.
Cristiano Ronaldo por fin levantó un trofeo importante con la selección de Portugal. El primero en la historia de su país. Además, igualó con nueve tantos el récord establecido por Michel Platini como máximo goleador de las Euro.
Una marca histórica más para añadir a su récord como máximo goleador internacional portugués con 61 tantos, máximo goleador de la Champions League con 93 y máximo goleador del Real Madrid con 365. Y todo esto un mes después de levantar la “Orejona” como campeón de la “Champions”.
Quedarán para la historia sus lágrimas en el césped y su desesperación en el área técnica, pero habrá que recordar también que fue decisivo en que su equipo llegara a la Final, aunque tardara en aparecer en la portería.
Cristiano sumó tres tantos y tres asistencias en el torneo y quedó lejos de Antoine Griezmann (líder con seis dianas) en la tabla de goleo, pero se va como el jugador con más remates (36) y 10 tiros a puerta, solo Griezmann y su compañero Garerth Bale tuvieron más (12). Precisamente fue “Griezzi” el ganador de la Bota de Oro y del premio al Mejor Jugador del torneo.
En definitiva, finalmente un país al que le gusta tanto el fútbol pudo consagrarse en un torneo continental. Más leña para el fuego de las comparaciones CR7 vs. Messi.