Periódico Sierra Maestra

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La primera médica de América: una santiaguera, precisamente…

Hipnoterapeutas de 17 países rindieron tributo hoy a Mariana Nava en Santiago de CubaSe llamaba Mariana Nava, y era taína. En 1609 el Ayuntamiento de Santiago de Cuba le otorgó una licencia para ejercer la medicina y eso, técnicamente, la convirtió en la primera mujer con autorización legal para atender la salud de las personas, según los cronistas de Indias e investigaciones de algunos historiadores de la medicina en este continente.

Me permito un salto en el tiempo para comentar que hoy, 410 años después, Mariana “protagonizó” uno de los momentos más emotivos de la apertura del XI Taller Internacional de Hipnosis Terapéutica y Técnicas Afines “Hipno Santiago 2019”; cuando la delegación de Puerto Rico le rindió tributo y obsequió una imagen suya a la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba.

Además, la Asociación Puertorriqueña de Hipnoterapeutas entregó hoy, por primera vez, el Premio Mariana Nava al doctor Alberto Cobian Mena, profesor Titular y Emérito de la casa de altos estudios.

A Mariana vinieron a recordárnosla, en su propia tierra, hermanos de otra latitud. Ninguna institución de Salud santiaguera lleva su nombre; casi nadie conoce la historia de la india que trataba con yerbas, frutos y espíritus las dolencias más comunes de la época.

Lepra, sarna, parasitismo de nigua, asma, anemia, enfermedades genitourinarias, dolores menstruales, diarreas y contusiones, eran algunas de las dolencias más atendidas en la medicina aborigen, de cuyos secretos Mariana fue depositaria, pues aprendió del padre    -que era behique- el arte de curar con medicina natural.

Basta leer un poco sobre las costumbres de entonces para intuir en aquella santiaguera una mezcla de sapiencia y valentía, pues el ejercicio de la medicina entre los indocubanos requería ambas cualidades. Más allá de las prácticas rituales, si los remedios no surtían efecto y el paciente no sobrevivía, el curandero quedaba a expensas de lo que “atestiguara” el difunto en un rito de interrogatorio, y si el fallecido culpaba de su deceso al behique, este era perseguido y cruelmente castigado (fractura de huesos, desmembramiento y vaciado de los ojos).

Pero Mariana pasó a la historia de este continente por atender al pueblo; algunas crónicas hablan de que aliviaba con dulce de piña los males cardiacos, que a las puérperas delgadas les daba guacuma para engordar y a las que traían gemelos les hacía cesárea. Cuentan que la india daba a las paridas betumen, para que el útero volviera a su lugar y a las que querían corregir el aspecto de sus senos flácidos tras amamantar a muchos hijos, les daba “unos pequeños cortes” para embellecerlos.

Tatuajes para ahuyentar los insectos; remedios para aliviar dolores y várices; consejos para mejorar la salud y otros muchos conocimientos, ponía al servicio de los habitantes de Santiago de Cuba la mujer reconocida por España como la primera médica del Nuevo Mundo, con sueldo y título oficial. Dicen que nació cuando finalizaba el siglo XVI, y que aprendía la utilidad de las plantas, mientras la esclavitud extinguía a su pueblo.

En muchos países se le reconoce y su imagen está, desde hoy, justo donde debió estar siempre: en la Universidad que durante más de 55 años ha formado médicas y médicos para los pueblos de América.

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