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Fidel en el centro de la tempestad

castro ruz fidel ciclon flora Foto Archivo de Bohemia 580x893Por estos días se cumplen 55 años de que Fidel, temerario en su actuar al desafiar el peligro del ciclón Flora, que inició sus embates contra el sur oriente cubano el 4 de octubre de 1963, saliera al paso de la estela de desolación y muerte que dejó el meteoro, como símbolo de esperanza para los necesitados, usando capa y casco como en los tiempos de la guerrilla.


A cargo, personalmente de las operaciones de rescate y salvamento en los 50 mil kilómetros cuadrados afectados, Fidel quiso recibir la información directamente de la voz de los protagonistas y atestiguar con sus propios ojos las magnitudes del desastre para tomar medidas objetivas para el rescate y la posterior recuperación de la normalidad, a solo cuatro años del triunfo de la Revolución, ya el líder cubano adelantaba cuál sería su estilo de trabajo para enfrentar los retos del proceso.
Sobre esos días el Comandante de la Revolución, Juan Almeida Bosque recordaría al escribir sobre ello: «Fidel ha seguido el paso del huracán con cuantos medios encontraba por el camino, pues las grandes inundaciones lo obligaban a ir cambiando. Primero en auto, después en yipi, en camión, más tarde en anfibio, y por último a nado, ayudando a algunos compañeros que con él se hallaron en situaciones críticas, casi a punto de ahogarse, luchando en el agua con alambres del tendido eléctrico, unas cámaras y un bote».
En el artículo: “Fidel, un cazador de huracanes” publicado en octubre de 2016 en juventudrebelde.cu, se narra “La orilla del río La Rioja, de camino a Holguín, se crispaba y retorcía como una culebra líquida. Alguien sugirió buscar un guía, pero Fidel tenía prisa por seguir. Con su determinación a prueba de balas embarcó en el anfibio, pero chocó contra un árbol.
«Hay muchas versiones sobre su salvamento, pero en realidad nadie lo salvó. Él salió solo y después llegamos hasta él con un camión y sogas», cuenta Wilfredo Batista, entonces secretario del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (Pursc) en el municipio de Calixto García...
“Cuentan que en una ocasión, en la lucha insistente por llegar a los sitios más tristes, varios de los que lo acompañaban quedaron sobre un árbol en medio de las aguas. Cuando Fidel quiso subir al bote para rescatarlos, alguien preocupado por su seguridad le dijo que no podía hacer eso, que era un peligro, una irresponsabilidad. Pero él se molestó: «Para no hacer esto hay que cogerme preso, y para cogerme preso hay que matarme». Entonces se montó y los sacó.”

Así llegaba Fidel al centro de la tempestad, no de vientos y lluvias furiosas, sino de la que se arremolinaba en los corazones de quienes habían perdido a su familia, su casa, sus tierras de cultivo y sus esperanzas, entonces “El caballo” como le llama el cubano común aparecía, en un camión, en un bote, un anfibio e incluso a nado, indagaba sobre los daños, las necesidades y comenzaba a planificar el futuro, para dar luz a esas almas.

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