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La Historia me Absolverá, faro en el futuro de Cuba

Condenadme no importa La historia me absolverá¡Condenadme, no importa. La Historia me Absolverá! Retumbó en el pequeño local del antiguo Hospital Provincial de Santiago de Cuba, donde la tiranía pretendió confinar las palabras del acusado Fidel Castro Ruz, juzgado entonces por los sucesos del Moncada ocurridos el 26 de Julio de ese propio año.


Corría el 16 de octubre de 1953 y el entonces Licenciado en Derecho Civil, asumía con su alegato de autodefensa, la responsabilidad de interceder ante el pasado y el presente de Cuba, para legar al futuro la plataforma programática de la Revolución que triunfaría el Primero de Enero de 1959.
Entre las denuncias que convirtieron a Fidel de acusado en acusador se enuncian los problemas de la salud, la vivienda, el desempleo, la educación y el bajo índice de industrialización que exhibía Cuba en esos momentos, carencias que respondían al carácter entreguista de los gobiernos de turno, empeñados en servir a los intereses de transnacionales y satisfacer sus propias ambiciones económicas a costa del saqueo del erario público, mientras la población en ciudades y campos se sumía en la más profunda miseria y la esperanza se ausentaba del futuro de los cubanos.
El joven jurista Fidel Castro, desde ese momento dejó ver sus dotes de estadista y dirigente popular, manejando datos que ilustraban su conocimiento de la realidad del país, que convencían de que liderar los asaltos a los cuarteles de la tiranía, no era un suicidio o la idea de un rebelde sin causa, como los intentaba hacer ver la maquinaria propagandista, si no, el fruto que ya brotaba entre los jóvenes cubanos inconformes con que Cuba continuara descendiendo el abismo de la pobreza.
Entonces, el 85% de los pequeños agricultores cubanos pagaba renta y sufría la amenaza perenne del desalojo, cuando más de la mitad de las mejores tierras estaban en poder de compañías extranjeras y una gran proporción de la población era analfabeta; 400 000 familias del campo y la ciudad vivían hacinadas y casi dos millones y medio de la población urbana pagaba altos alquileres por las casas que ocupaban; el 90% de los niños del campo eran devorados por los parásitos y existían más de un millón de desempleados.

Hace 65 años, en esta propia ciudad de Santiago de Cuba trascendieron las ideas de Fidel hasta hoy y fueron especialmente agudos sus parlamentos cuando denunció...
“Señores magistrados: Nunca un abogado ha tenido que ejercer su oficio en tan difíciles condiciones; nunca contra un acusado se había cometido tal cúmulo de abrumadoras irregularidades. Uno y otro, son en este caso la misma persona. Como abogado, no ha podido ni tan siquiera ver el sumario y, como acusado, hace hoy setenta y seis días que está encerrado en una celda solitaria, total y absolutamente incomunicado, por encima de todas las prescripciones humanas y legales”.
Al momento de enarbolar la bandera de la historia y demostrar desde el propio 1953 que en Cuba hubo una sola Revolución desde la gesta de independencia, al expresar... “Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la Patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!”.
Y no menos magistral fue el cierre de su alegato cuando en franco desafío a los esbirros y convencido de que los cubanos lo acompañarían pronunció la frase posiblemente más conocida de la vida y obra... ¡Condenadme no importa, la Historia me Absolverá!

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