Para que el sacrificio de otros valga la pena…
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- Categoría: covid-19
- Escrito por Milagros Alonso Pérez / Caricatura: Tomada de Internet
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“Aburrido”, “estresado”, “desesperado”, “malhumorado”, pueden ser algunos de los estados anímicos que invaden la tranquilidad y bienestar de los santiagueros en estos meses de aislamiento social y cuarentena. Y es que la reclusión en los hogares genera tensiones entre los miembros de la familia. A esto se suma una temática constante en la mesa: COVID-19.
Pero por estos días se han despertado más de un haz de luz de esperanza a la hora del noticiero. Los casos positivos al virus Sars-CoV-2 son menos, lo cual tiene gran significación. En primer lugar representa la efectividad de las medidas higiénico-sanitarias establecidas, y en segundo que la población en su mayoría colabora con su debida aplicación.
Sin embargo, vuelven a acosar los fantasmas acumulados, y más allá de las imprescindibles compras en los mercados y tiendas, o las salidas de emergencia, se suman otras innecesarias, sin justificación. Se retoman las visitas entre vecinos, las pequeñas celebraciones, y las caminatas solitarias o con la pareja a los parques.
También, durante las “colas” se viola la separación requerida, o en las calles se observa más de un nasobuco de ornamento que no cumple la función para el cual fue concebido, lo que genera el llamado de atención de las autoridades competentes. En respuesta, apena vislumbrar en ocasiones la reacción transgresora de alguna persona, o su desobediencia al orden y la ley a la vuelta de la esquina.
¿Hay que continuar exaltando los aspectos positivos de las cifras actuales de la evolución de la enfermedad en el país? Sí, desde casa, sin admitir que nada ni nadie viole este precepto, y con mucho por hacer todavía para erradicar los números de contagio. Ya no se está ante la baja percepción de riesgo. Hoy asistimos al fenómeno de la concientización de hábitos que llegaron para quedarse en nosotros.
Es decir, existe un requerimiento latente de que las prácticas asumidas en el último período se transformen en costumbres, en asimilación cultural. No somos testigos de un fenómeno aislado, a una pandemia que cuenta hasta el momento con vacunas en fase de pruebas, lo cual requiere de una extendida experimentación en diversos grupos poblacionales, solo le resta un remedio infalible.
Estas curas son las que ya conocemos y nos han posibilitado en la actualidad obtener resultados favorables. Hay que actuar conforme con el llamado de una Nación histórica a no destruir con los pies lo que con tanto esfuerzo se construyó con las manos. Ante una realidad inevitable, una palabra clave que el Apóstol José Martí retrató: “...el deber no es de un día; que es de todos los días, y que es el mismo en toda la vida”.
Para que el ritual honorable de los aplausos valga la pena, al igual que el sacrificio de otros, actuemos y pensemos con responsabilidad ciudadana, en consecuencia con las exigencias de nuestro tiempo.
