El compromiso social de la Psicología como ciencia y profesión, da respuesta a necesidades apremiantes de la población, lo que introduce al psicólogo en los principales espacios de la existencia humana, entre estos el de la realidad familiar, sometiendo a análisis su dinámica relacional y sus múltiples problemáticas.
En el contexto familiar debemos crear espacios para dialogar, reflexionar y debatir. Hoy en tiempos de COVID-19, en los que la familia reafirma su insustituible lugar en la protección, cuidado y seguridad de sus miembros, se gestan múltiples procesos y experiencias que influyen en ellos y en los que pueden estar atrapados la persona o el grupo familiar.
Se enfrenta una pandemia altamente transmisible y de efectos mortales, para afrontarla y prevenirla se propone el Distanciamiento y Aislamiento Social como principales medidas. En una breve exploración en familias santiagueras, pudimos apreciar el significado de las medidas para estas y los cambios operados en ellas independientemente de los sentimientos negativos o positivos que les provocaban, posibilitando con voluntad, creatividad y confianza el crecimiento necesario para emplearlas y mantener salud y bienestar familiar.
En nuestras indagaciones los entrevistados reflexionaban en torno a las pérdidas y ganancias que generaban las medidas referidas. A través de las valoraciones realizadas se expresaban malestares o emergentes de problemas a nivel de la subjetividad individual y familiar relacionados con: mermas de los recursos económicos, afectación a sus relaciones familiares fuera de sus espacios de convivencia, con sus amistades o relaciones amorosas, preocupaciones por las limitaciones a los procesos formativos de los hijos de las primeras etapas de desarrollo o a los procesos de superación de adultos. Añoranzas por el tiempo para el disfrute familiar, la expresión abierta de afectos, angustias por los proyectos frustrados e insatisfacciones por las restricciones a la libertad personal y colectiva.
Esas valoraciones con fuerte carga emocional y expresiones de preocupación o ansiedad, se relacionaron con significados positivos al valorar las ganancias de las medidas relacionadas: con el mantenimiento de la salud, modificaciones en las relaciones familiares con el grupo de convivencias expresadas en mayor vínculo y comunicación, unión, intimidad y profundización en el conocimiento personal y del grupo familiar. Más tiempo para dar atención al hogar, repararlo y gestar nuevos aprendizajes a los adolescentes, a quienes lograban ofrecer mayor control y supervisión, por lo que había disminuido la preocupación por estos. Se valoraban de forma significativa la promoción de comportamientos saludables y la solidaridad entre vecinos, así como un reconocimiento a la seguridad que se sentía como cubanos por el apoyo de nuestro proyecto social en comparación con otros países.
Estos significados han posibilitado en las familias entrevistadas cambios que apuntan al crecimiento familiar, y que han requerido el reordenamiento de los roles y funciones familiares, la reflexión en torno a los valores y la función educativa y comunicativa, el ajuste de las relaciones interpersonales para evitar el inadecuado afrontamiento de conflictos o la violencia intrafamiliar, el logro de nuevos aprendizajes para la adaptación activa, así como la toma de decisiones colectivas y la expresión de afectos.
Los invito a reflexionar en torno a la influencia de los procesos sociales vividos en la familia, en el pasado y el presente. Es la historia familiar y de esta se aprende. Y recuerde analizar siempre con amor, porque el amor salva.