“El Covid-19 no ha sido fruto de una desgraciada casualidad. La destrucción de la naturaleza y el cambio climático aumentan el riesgo de que aparezcan nuevas y terribles enfermedades”.
Hace tiempo que la madre naturaleza nos está dando señales. Terremotos, tsunamis, incendios, tornados, huracanes y epidemias... Todos estos fenómenos no son nuevos, pues casi siempre tienen un período cíclico y de ocurrencia. Sin embargo este año, que todavía no ha llegado ni a la mitad, parece estar bien cargadito.
A lo mejor, y lo más evidente, es que el hombre con su mal actuar con respecto al cuidado del medio ambiente ha provocado que estos sucesos sean cada vez más intensos y frecuentes.
Y lo digo porque recientemente leí en internet un trabajo periodístico muy bueno que relacionaba el nuevo coronavirus con el cambio climático y sus efectos mortales.
Comparto algunas de sus ideas, como fiel reflejo de lo que sucede en nuestras sociedades de consumo donde importa más el dinero o la economía que la protección del entorno. Y además para hacer comprender mejor a todos la importancia que tiene cada recomendación y advertencia de la ciencia.
“El Covid-19 no ha sido fruto de una desgraciada casualidad. La destrucción de la naturaleza y el cambio climático aumentan el riesgo de que aparezcan nuevas y terribles enfermedades”, refiere la publicación que tiene los criterios de científicos, especialistas y analistas.
Añade que el nuevo virus tiene características muy comunes a los virus que anidan en los pangolines y en los murciélagos de herradura, una variedad que vive en cuevas perdidas del Sudeste asiático, y que tras un largo viaje saltando de especie en especie, llegó al hombre.
“Los científicos llevaban años advirtiendo de que en cualquier momento podría aparecer un nuevo coronavirus peligroso para los humanos. Zoonosis es el nombre que recibe este tipo de enfermedades infecciosas”.
La causa y propagación de estos son el aumento de la población, la destrucción de la naturaleza, la extinción de especies y las consecuencias del cambio climático.
Datos estadísticos infieren que de 1960 a 2004, el número de enfermedades nuevas que han aparecido en el ser humano alcanza las 335, y al menos el 60 % de los patógenos que las provocan han saltado desde animales.
“Cuando la biodiversidad de un lugar se reduce, algunos tipos de virus no solo se adaptan al nuevo medio, sino que se convierten en especie dominante. El tráfico de animales salvajes ha alcanzado proporciones inéditas. Eso facilita que se formen nuevos cocteles de virus... los seres humanos y los animales cada vez están más próximos”, aclara el escrito.
El cambio climático también puede influir en la propagación de los patógenos con la subida de las temperaturas. Además casi la mitad de todas las enfermedades animales que han pasado al ser humano han tenido su origen último en la modificación del uso de la tierra, en la agricultura y en los cambios de los hábitos alimentarios o la caza.
En nuestro país, mucho se hace para el cuidado del medio ambiente y la educación a los más jóvenes, tratando de modificar la actitud de los hombres hacia la biota, ya que los más pequeños serán el futuro de un mañana.
Con el programa estatal Tarea Vida, que se ejecuta hace ya unos años, se pretende ir reduciendo los riesgos en los diversos ecosistemas para minimizar el impacto que el cambio climático traerá a los habitantes del archipiélago.
De igual forma el proyecto nacional Un enfoque paisajístico para conservar ecosistemas montañosos amenazados, busca minimizar los peligros en la diversidad biológica que existen en estas zonas, a partir de la interrelación que debe haber entre instituciones y sectores.
Y así, un sinfín de acciones que hacen de Cuba un lugar donde se promueve la conservación de la madre naturaleza y el desarrollo sostenible; además de que se tiene en cuenta la valoración y criterio de los científicos, como se ha demostrado en el actuar del gobierno con respecto al tratamiento de la Covid-19.
Sin embargo no estamos ni solos ni ajenos al mundo. Cuando esto termine o, mejor dicho, se opaque un poco, los terrícolas deberíamos sacar experiencia de lo vivido para que este suplicio, provocado por las malas decisiones del hombre, no se vuelva a repetir.