Qué se iba a imaginar Dairon, que su nombre y su impronta estarían también en la historia de aquellos que combatieron la Covid-19 en Santiago de Cuba. Sí, porque cuando pasen algunos años y se escriba lo sucedido habrá que hablar del coraje y la valentía de los jóvenes de esta ciudad.
Él que no es médico ni pertenece al sector de la Salud, con apenas 20 años dio su disposición para colaborar en un centro de aislamiento para pacientes sospechosos de esta enfermedad, que era nueva en el mundo.
Pero ¿cómo un jovencito de la comunidad Los Nuevos Pinos del municipio Santiago de Cuba llegó hasta la “Mariana Grajales”?. Dairon Leyva Alcántara, es trabajador de la empresa Retomed, militante de la Unión de Jóvenes Comunistas, y dio el paso al frente ante la convocatoria que hicieran las máximas autoridades del Partido y el Gobierno en el territorio para ayudar en la lucha contra esta pandemia.
Sin titubeos dijo que sí, aunque pensaba en su vida pues se enfrentaría a una enfermedad que mata. Fue el único de su entidad, pero lo acompañaron otros jóvenes también de diversos centros de Palmares, el Zoológico y el Inder.
“Nos llevaron para la escuela politécnica Mariana Grajales, que funcionaba como centro de aislamiento. Allí repartíamos la comida, poníamos los baños podálicos con cloro en cada una de las habitaciones y velábamos porque siempre estuvieran llenos los pomos con el químico, fumigábamos y limpiábamos los cuartos cada cierto tiempo, ayudábamos en las labores de la cocina y demás acciones en las que fuéramos necesarios, expresó Leyva.
“Estuve en este lugar 14 días y al principio tenía miedo, pero ya después se me fue pasando, las medidas de higiene nunca nos faltaron. Andábamos vestidos con la ropa necesaria: bata, gorro y botas verdes, guantes y el nasobuco, que nos cambiaban cada cuatro horas. Además nos lavábamos las manos constantemente, dijo.
“Con nosotros estaban también médicos y enfermeras para atender a los sospechosos, nos levantábamos a las 5 y 30 a.m. y nos acostábamos a las 10:00 p.m.
“En ese tiempo allí nunca hubo ni un maltrato ni una queja ni de ellos hacia nosotros ni viceversa. Y los aplausos a las 9 de la noche era una acción religiosa, que también se sumaba la comunidad, los vecinos iban hasta los alrededores a darnos las gracias y a la vez fuerza para seguir en esa batalla”, destacó.
Aunque lejos del hogar, la comunicación con sus familiares era constante, había teléfonos en los centros y llamando a la casa calmaba a su mamá, quien estaba un poco nerviosa, pero orgullosa, pues en una ocasión me dijo: “periodista mi hijo está movilizado”.
Una vez acabadas esas dos semanas Dairon fue trasladado para el hotel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Far), para estar allí 14 días más en vigilancia y luego venir a su casa con su familia. Ante la prueba de PCR 10 días después, todos dieron negativos.
Esta entrevista me la concedió en su tiempo de descanso, que según me dijo era de solo 14 días pues esperaba la llamada para volverse a incorporar.
Sin embargo esa llamada nunca llegó, o por lo menos ahora está detenida. Santiago de Cuba lleva más de 20 días sin confirmar casos nuevos de la Covid-19, un logro de las acciones ejecutadas por los sectores implicados y de la colaboración del pueblo con el aislamiento.
Dairon es un muchacho modesto, humilde, de muy buena educación, amable y respetuoso, un poco introvertido y difícil de entrevistar, pues tenía casi que sacarle las palabras de la boca. Pero sé que su estancia allí fue una experiencia única para él, bonita y valiente.