"Antes no le temía a la Covid-19, ahora sí…"

Categoría: covid-19
Escrito por Indira Ferrer Alonso / Foto: De la autora
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enfermocovid 22Cuando Eldis García Jerez llegó a su casa con malestar general, dificultad para respirar e inapetencia, sabía que algo no andaba bien; pero la Covid-19 parecía entonces un problema de otros, y no una amenaza real para su salud.

"Ahora mucha gente pensaría en la Covid ante síntomas como esos. Pero en abril del año pasado, cuando yo me enfermé, no había la cantidad de casos que hay hoy ni teníamos todos los conocimientos que tenemos ahora sobre esa enfermedad. Lo que menos podía imaginar era que me había infectado con el coronavirus", cuenta el hombre de 50 años, cuyo caso ha sido de los más difíciles en 10 meses de epidemia.

El camagüeyano radicado en Santiago de Cuba era entonces el chofer de la ruta 37 de ómnibus urbanos. El día que iniciaron las manifestaciones clínicas de la afección estaba cumpliendo el turno de trabajo de 3:00 p.m. a 11:00 p.m.

"Recuerdo que me sentía mal -dice-, pero como a las 9:00 p.m. los síntomas comenzaron a empeorar. Al llegar a la casa no pude comer, solo me di un baño y me fui a la cama. Al día siguiente tenía náuseas y mucho decaimiento. Fui al Hospital Provincial y en el cuerpo de guardia me explicaron que debía dirigirme al cuerpo de guardia de Respiratorio, que está en el Policlínico de Especialidades. Yo cada vez tenía menos fuerza y no quería seguir caminando; salí a la calle, cogí una guagua y me fui para mi casa. Jamás pensé que me iba a tocar una experiencia tan terrible. La Covid-19 es una enfermedad cruel..."

Entre el inicio de los síntomas y el ingreso de Eldis y su esposa Novis Rondón (también contagiada) transcurrieron dos días. El malestar arreció tanto que, unas horas después de llegar al Hospital Militar Joaquín Castillo Duany ya estaba inconsciente, en estado crítico en Terapia intensiva.

"Me costó trabajo volver a respirar...", Eldis lo dice como quien todavía no se cree el milagro de estar vivo luego de 32 días de batalla con un enemigo implacable. La suma del tiempo que pasó entubado supera las dos semanas. Dependía de un ventilador mecánico, mientras su familia vivía un infierno.

"Fueron días muy tristes. Gracias a Dios no hubo más contagiados en la familia que mi esposa y yo. Ella llegó a pensar que yo había muerto y que se lo ocultaban para que no se deprimiera aún más; y mientras yo estaba crítico, mi hermana allá en Camagüey se debatía entre la vida y la muerte por una pancreatitis.

"Cuando se habla de la Covid las personas pensamos en los síntomas, la gravedad que puede causar, pero nadie se imagina el impacto psicológico: la angustia, la depresión, el miedo a morir o a perder seres queridos, la ansiedad de estar aislado... No se lo deseo a nadie, es muy cruel.

El nombre de Eldis es uno de los muchos que cuelgan alrededor de un arbusto sembrado en el Hospital Militar y que allí dentro se conoce como el "árbol de la vida", una iniciativa de los trabajadores para recordar a los pacientes salvados en el centro asistencial. Para el camagüeyano, lo único bueno de aquellos días fue haber estado en esa institución.

"No hay manera de describir el amor, el buen trato y la calidad de la atención que recibí en el Hospital Militar. No solo son eficientes en su trabajo, sino que son personas maravillosas: los médicos y enfermeros, las auxiliares, los de la cocina... y eso se nota en el servicio que dan.

"Todavía me encuentro enfermeras en la calle que me cuentan las anécdotas de lo mal que estuve, de lo difícil que era manipularme por mi estatura y mi peso corporal... Yo las admiro: no hay palabras para expresar lo que hicieron por mí tanto ellas como los médicos. Hasta la auxiliar de limpieza me cantaba. No recuerdo sus nombres, pero me daban un ánimo increíble. Yo sueño con reunirlos a todos aquí en mi casa cuando acabe la epidemia", comenta.

Según Eldis, haber padecido la enfermedad cambió muchas cosas, pero sobre todo su percepción del riesgo al que estamos expuestos los cubanos por la compleja situación epidemiológica del país.

"Antes no le tenía miedo a la Covid-19, ahora sí. Sinceramente, no creí que me fuera a contagiar porque siempre he sido muy sano. Un chofer de transporte público está expuesto a las enfermedades, y yo llevaba nasobuco, jabón y el agua clorada para las manos... sin embargo, ocurrió.

"Ahora soy más cuidadoso. En estos momentos no estoy trabajando, pero sigo cumpliendo las medidas higiénicas para evitar la enfermedad. No salgo a la calle innecesariamente; me lavo las manos varias veces al día, exijo el uso del nasobuco a todo el que viene a mi casa, mantengo los pomos con agua jabonosa y con cloro a la entrada para que todo el que llegue se desinfecte las manos... y así. Ya mi esposa y yo sabemos lo que es la Covid-19, y es incomparable el sufrimiento que puede llegar a causar.

"Por eso exhorto a las personas que lean esta entrevista a cumplir todas las orientaciones del MINSAP para no infectarse con el coronavirus", concluye.

Ahora Eldis y Nolvis -como el resto de los recuperados de la infección por SARS-Cov-2- forman parte de un estudio para identificar las secuelas de la afección. En su caso, la fatiga, los dolores musculares, fuertes calambres e hinchazón en las extremidades inferiores y la caída de las uñas, son consecuencias del padecimiento.