Hace un año el joven doctor Dayán Álvarez Dupuy pudo haber tenido la oportunidad de participar, por primera vez, en un ensayo clínico. Pudo, pero realmente no fue así. La llegada de la Covid-19 al territorio nacional hizo que el sistema de salud asumiera el reto de frenar el virus y dejara en segundo plano las pruebas para la aprobación de la vacuna contra el neumococo, que tendrían lugar en esta ciudad.
Lo que no imaginó Dayán es que en medio de esta fatiga pandémica él iba a estar dirigiendo uno de los 14 vacunatorios habilitados en Santiago de Cuba para medir la eficacia de Abdala, uno de los cinco candidatos vacunales que pudieran ayudar a mitigar el avance del Sars-Cov-2 en la Mayor de las Antillas y otras partes del mundo.
“Esta ha sido una experiencia bonita, agotadora, con un trabajo constante: de lunes a lunes, y muchas veces hasta las 10 de la noche. Pero hay que sacarlo adelante por la necesidad que tiene el país de revertir la situación epidemiológica”, explica el galeno, mientras aprovecha para destacar la unidad del equipo que le acompaña en el policlínico 30 de Noviembre.
Según dice Dayán, desde los consultorios, que son los encargados de visitar a los voluntarios y hacer una buena selección de los candidatos, hasta el sitio donde se realiza la vacunación, en el que se planifican turnos por cada hora para evitar la organización y que no exista aglomeración de personas, todo debe marchar como si se tratara de un reloj suizo, con un funcionamiento milimétricamente calculado.
“De manera general los trabajadores están comprometidos con el buen desarrollo del ensayo clínico; algunos provienen de otras áreas de Salud, como el Abel Santamaría y el Municipal, por ejemplo; lugares distantes de aquí, pero ellos han hecho un sacrificio enorme para mantener el horario, y eso se ve en los resultados, que han sido elogiados por quienes nos visitan.
Similar pensamiento sostiene el especialista en primer grado en Medicina General Integral Asiel Álvarez González, a quien se le puede ver en consulta cuando termina la hora de espera, posterior al momento de la vacunación. Para enfrentar esta nueva tarea “hubo que estar a la par de los profesionales que organizan el ensayo clínico en el CIGB (Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología)”, asegura, al preguntársele sobre la capacitación recibida.
Normalmente los días de Asiel transcurren atendiendo los casos de urgencia que llegan al Cuerpo de Guardia de esa institución sanitaria, pero desde que conoció de su participación en la tercera fase de los ensayos ha encontrado utilidad en el aprendizaje cotidiano de la ética y los protocolos de actuación que exige un estudio de esta envergadura.
“Me he encontrado aquí personas que llegan nerviosas, con alteraciones en la presión arterial, pero no hemos lamentado ninguna urgencia de gravedad, solo síntomas leves”, remarca.
Diplomado por partida doble en Terapia Intensiva y Emergencia, y en Cardiología Clínica, el joven Asiel valora de satisfactoria la relación lograda con profesionales que acumulan saberes de ensayos anteriores y de las dos fases previas de Abdala, “del trabajo en conjunto se ha logrado mayor dominio de las buenas prácticas clínicas”, sentencia. De eso bien sabe la jefa de enfermeras Elizabeth Vázquez.
Con más de tres décadas de trabajo, ella se ha visto involucrada en cinco ensayos clínicos; todo un récord que la hace conocedora “al dedillo” de estos procesos, y según cuenta, la diferencia ahora es que este aglutina un gran número de voluntarios, de ahí que se requiera mayor organización en el vacunatorio.
“Tener los locales vacíos, y holgura a la hora de trabajar llevan a cometer menos errores. Este es un engranaje. También sucede que a veces a las personas se les cita para una hora y se adelantan, en ese caso, para evitar alteraciones tenemos bastante personal y dos facilitadoras que son psicólogas, para conversar con esos voluntarios y tratar de que estén en paz”, asegura.
Ante la pregunta de este reportero sobre la esperanza con respecto a la vacuna que durante el ensayo de intervención también llegará a su hombro, ella responde confiada: “si hay una cosa que tiene Cuba es que no juega con la salud del pueblo, lo que quiere decir que cuando pone un ensayo a funcionar es porque tiene un 99,9% de que sea efectiva”.
En el caso de la doctora Isabel Morejón la experiencia con Abdala también será única e irrepetible, en buena medida por la brevedad de tiempo con que se ha obrado para intentar inmunizar a toda la población, y también por el número de personas que de manera voluntaria han acudido a los vacunatorios.
A decir de esta mujer y contrario a lo que muchos podrían pensar, no se ha visto presionada por el ritmo de trabajo, “hemos laborado arduamente, y en algún momento nos hemos sentido agotados, pero eso no ha limitado las ganas de aportar, y aunque la familia nos extraña, todos entienden que de lo que hacemos ahora dependen los frutos que se recojan luego”.
“Aquí le brindamos al paciente mucha tranquilidad. Realmente ya el candidato vacunal en las fases uno y dos demostró su seguridad, y eso se lo hemos transmitido a los voluntarios, que en esta última dosis han venido más relajados, han visto que prácticamente no da ningún efecto adverso”.