Haciendo historia

Categoría: covid-19
Escrito por Irma Rivera Sánchez/Fotos: Cortesía de la entrevistada
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Sierra Maestra expone el testimonio de una joven voluntaria en el centro de aislamiento de la Universidad de Oriente

caminoooooooooooooooooooPensar en la familia, añorarla, desprenderse de hábitos personales, acudir a una zona de riesgo. Tahimí Medina asumió una nueva labor con la seguridad de que su esfuerzo significaba exaltar la vida y hacerle frente a la enfermedad que hoy estremece al mundo.

El temor a la Covid-19 no frenó su convicción de ser útil. Desde afuera, distribuir alimentos pudiera parecer simple, intrascendente para una profesora universitaria habituada a los desafíos académicos. Pero en zona roja ningún trabajo es sencillo, ella lo confirma.  

Junto a otros profesores y estudiantes de la Universidad de Oriente, asumió el reto de colaborar en el centro de aislamiento ubicado en la sede Antonio Maceo. “El funcionamiento depende en gran medida de la rotación de voluntarios, si esta es eficiente y existe una buena comunicación con los trabajadores de zona verde y los médicos, entonces el éxito está garantizado”, asegura la joven especialista en Derecho Penal.

“Perdemos la noción del tiempo y los días, el nivel de actividad no permite bajar la guardia. Nuestra responsabilidad va más allá de cumplir con lo que nos asignan, se tiene contacto con pacientes posiblemente contagiados, por eso es importante mantener la calma y transmitirles confianza en el sistema de salud.

“No puedo negar que la decisión de acudir como voluntaria fue difícil, pero quería ser parte de la primera fila de enfrentamiento a la pandemia e inspirar a mis alumnos y compañeros. A pesar del escenario, hicimos que nuestra estancia y la de los pacientes fuera lo más satisfactoria posible”, comenta.

Sus palabras desbordan admiración hacia el equipo con el que compartió trabajo y riesgo, su “gran familia”, seres especiales que como ella añoraban, dejaban atrás costumbres personales y cada día plantaban cara a la Covid-19. Tahimí no duda, afirma que la Facultad de Derecho despunta ante cada reto y en las circunstancias actuales no podía ser diferente.

“Compartir con el personal de salud, a quienes había dedicado aplausos noche tras noche, es indescriptible. Aprendí que ellos no son los únicos valientes, pero sí la principal fuente de inspiración para quienes estuvimos allí. Sin duda volvería a integrar otro equipo, estoy segura de que formamos parte de una obra mucho más grande”, asegura.

camino1Durante 14 días faltó la comodidad del hogar, pero sobró agradecimiento. Abrazos distantes, historias que no pudieron ser confiadas en la cercanía llegaban entre cartas y mensajes, “energía positiva que hace más fácil la labor. Mi mayor satisfacción era saber que resultaban sanos: pacientes y compañeros de rotación”, confiesa.

Mientras las aulas continúan cerradas, en el Alma Máter oriental los jóvenes siguen destacándose. Lo que no puede transmitir el contacto se refleja en sus miradas tras la careta protectora, en un gesto bajo la bata verde. Allí, en zona roja, ningún trabajo es sencillo, servir cuando el país lo necesita también es hacer historia.