¿A dónde vamos a parar?

Categoría: covid-19
Escrito por Milagros Alonso Pérez / Caricatura tomada de Internet
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caricatura 202020“Mi nombre es Oscar Cutier, y al igual que usted soy de Santiago de Cuba. Vivo en las proximidades de la Iglesia de Trinidad en el municipio cabecera. Hace apenas unos días estaba retornando de mi trabajo, y mientras más me aproximaba a mi zona de residencia comencé a observar algo.

“Cuando me percaté, tres cuadras antes de llegar a la casa me puse a contar: casi 300 personas con el nasobuco por debajo del área de la nariz y la boca. Entonces me pregunté, ¡Dios mío!, ¿hasta cuándo? ¿Qué día las personas se van a dar cuenta que esta enfermedad mata? No tienen conciencia, están actuando sin sentido ni razón. ¿A dónde vamos a parar?”.

Pareciese la letra del estribillo de una canción de Marco Antonio Solís, pero ciertamente la “hiriente y absurda actitud” ya no presenta límites ni renuncia a jugársela el todo por el todo con el Sars-CoV-2 y sus letales o virulentas cepas.

Cifras ya superiores a los 9 000 contagios que rozan con los 10 000; defunciones diarias que se acercan a los 100 decesos, con rangos de más de 20 % en edades jóvenes y los restantes pacientes con diversas comorbilidades; muertes maternas de madres en las primeras tres décadas de su vida...

¿De qué estamos hablando? La provincia sostiene comportamientos alarmantes por encima de los 500 y 600 positivos a la Covid-19, y los cinco fallecimientos sistemáticos. Pese a las medidas asumidas por las máximas autoridades del territorio santiaguero, el irrespeto a lo establecido no puede pasar por alto cuando se nos va la existencia.

Y por si fuera poco, les comparto la historia de una santiaguera en el anonimato: Suena el teléfono y alguien responde solo para alarmarse con la voz detrás del auricular. “Lo tengo de nuevo. Te acuerdas que la primera vez manifesté malestar general, dolores, decaimiento, y una fiebrecita. Ahora estoy igual y sospechan que sea lo mismo”.

Claro estimado lector, este testimonio es de alguien que presenta diabetes, hipertensión arterial, y una lista incontable de problemas de salud, que acostumbra a estar siempre visitando a amistades para compartir más de una taza de café, o almuerzo y cena en el día a día.

Moraleja sin moral: ni siquiera aprendió la lección la primera vez que atravesó por la atroz experiencia del nuevo coronavirus. Las autoridades del orden público están realizando un esfuerzo colosal -junto a la dirección del Partido y el Gobierno en Santiago- colocando en un pedestal y punto aparte al personal sanitario que también se desvive- para cortar por lo sano este mal que presenta otros verdugos y ramificaciones como hemos reflexionado.

Sin embargo, el valor, sí y lo repito, la valentía debe ser de todos. Cerca de mi hogar siempre hay un anciano con la mascarilla fuera de su sitio, y así está toda la jornada sentado en cualquier rincón del vecindario.

Más allá del afecto que le tengo, siempre me enojo con él, y le digo con todas sus letras que se lo ponga, mas no me canso de repetírselo hasta la costumbre o el cansancio del otro. Por otra parte, Oscar Cutier, quien hilvanó ideas para este comentario, me cuenta de los que están en la esquina y nadie dice o hace nada.

De ahí constituye un imprescindible que todos apoyemos y hagamos la diferencia en cada comunidad o reparto. A veces buscarse un pleito salva a todos. Lo vital requiere, de igual forma, del apoyo de las organizaciones de masas, como son el concurso de los Comités de Defensa de la Revolución y la Federación de Mujeres Cubanas, para vencer esta guerra contra un enemigo invisible, que no escatima entre hombres y mujeres.

¡Ay que atajar lo mal hecho sin miramientos! El alto a esta línea de fuego en nuestra conducta contra nosotros mismos debe ser ahora, los segundos corren y nos estamos quedando sin tiempo.