Periódico Sierra Maestra

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Punto guajiro, décima y felicidad

ANAP Cuba

Santa Clara, 17 may (ACN) Cada 17 de mayo la campiña está de fiesta, guitarras, tres y laúd amenizan las horas y los lugareños se toman un tiempo para celebrar planes cumplidos, anhelos logrados, y sobre todo la dignidad y respeto con que viven en Cuba.


El Día del campesino cubano envuelve a todos, porque atrás quedaron los tiempos cuando en casas de tablas y guano, arrullados por fogones de leña, las familias crecían y vivían sin rumbo, educación, derecho a los servicios de salud y a merced de capataces, propietarios y opresores.
Los tiempos cambian y con ellos las gentes, esta verdad conocida por todos se aprecia con dar una sola ojeada a los campos de Cuba y ver como ahora el quehacer rural es diferente.
Uno de los motivos de los festejos actuales es la posición privilegiada que tienen los hijos de los campesinos para acceder a los estudios técnicos o universitarios en disciplinas agropecuarias.
Atney Martínez, funcionario de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) en Villa Clara, reconoce que esa realidad marca una gran diferencia entre los nativos de esta Isla y sus iguales en el resto del mundo.
Recuerda el dirigente que el mercado seguro para sus mercancías, apoyo estatal en el momento de adquirir bienes e insumos y protección legal a sus propiedades, son otros de los derechos que tienen los agropecuarios de este país, inalcanzable para quienes viven en otras latitudes.
Villa Clara es una de las provincias de Cuba con mayor peso en la producción agrícola, ahí; junto a las garantías que ofrece el gobierno las mujeres ocupan roles directivos en las diferentes cooperativas.
Nelvis Noa Fonseca es una de las campesinas devenida dirigente desde el 2002, cuando asumió la conducción de la cooperativa de créditos y servicios Marcelo Salado, en Ranchuelo.
Bajo su mando están 300 asociados quienes laboran en 639 mil 42 hectáreas; de ellas, 433 mil 68 dedicadas a cultivos varios, las restantes, a la ganadería.
De origen campesino, Nelvis asegura que dirigir una cooperativa tan grande, con un enorme peso en la producción de frijoles en la provincia, al inicio le pareció un reto inalcanzable, pero pudo lograrlo y ahora es feliz.
Esta cooperativa, al igual que el resto del municipio, se distingue por un fuerte trabajo comunitario y familiar, comenta.
Agrega que mantienen activos círculos de interés sobre diferentes tópico, entre ellos la agroecología, una manera sana y efectiva de cultivar que rescata tradiciones casi olvidadas.
La tracción animal, siembra de pastos y forrajes con variedades habituales en la zona y la cría de ejemplares de raza, son algunas de las acciones que realizan a diario, refiere.
Añade que los campesinos de esa CCS reciben instrucción sistemática de los diferentes institutos agrícolas enclavados en Villa Clara, entre ellos el de suelos y de viandas tropicales, así cada quien sabe que debe plantar, y cual medio biológico utilizar.
Con tristeza recuerda que el paso del huracán Irma fue terrible para ellos, cultivadores y ganaderos vieron mermadas o dañadas sus producciones, pero paso a paso los campos volvieron a recuperarse y todo está retomando la normalidad.
Son tantos los motivos para festejar que sería imposible enumerarlos, afirma Nelvis, por eso este 17 de mayo, la música tradicional inunda los campos, hasta los más apartados caserío llegan repentistas y bailadores para amenizar el guateque, que lleva por premisa el orgullo de nacer y vivir en esta Isla del Caribe.

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