Tras los enigmáticos vericuetos del agua

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agua y arroz camaguey granmaEl cultivo del arroz, que tie­ne en el centro-sur de Camagüey a uno de los principales polos productivos del país, enfrenta hoy serios desafíos relacionados con el adecuado manejo y administración del agua en las plantaciones, bien distante aún de los índices de eficiencia que su empleo requiere.

“Sin agua no hay arroz”, sostienen productores, especialistas y directivos en cuanto escenario encuentran para expresar sus inquietudes, pero no siempre se repara en lo vital que resulta adoptar medidas efectivas para ponerle coto al derroche del líquido en conductoras, canales y sistemas de riego.

De hecho, el problema es mucho más preo­cupante si se tiene en cuenta que en el culti­vo del cereal se utiliza alrededor del 60 % del agua total que se destina al riego agrícola en Cuba, lo que lo convierte en uno de los grandes consumidores, con el handicap de no ser, precisamente, el sector que mejor controla el gasto.

No es posible, por tanto, considerar la práctica del riego y el drenaje sin cuantificar el elemento fundamental que interviene en el mis­mo: el agua. Y es que, salvo raras excepciones, esta se efectúa sin tener presente el requisi­to básico de la medición del líquido, dada la inexistencia de obras hidrométricas en los sistemas.

A ello se suman, entre los factores que en­torpecen su uso racional y eficiente, la persistencia de métodos de organización inadecuados en granjas y cooperativas, y la todavía es­casa conciencia de la importancia de cuantificar la magnitud de las grandes pérdidas im­productivas de agua.

EL CITA PONE SU PARTE

Un equipo de especialistas del Centro In­tegrado de Tecnologías del Agua (CITA), encabezado por Héctor Moreno Guerra, se dio a la tarea de ejecutar un proyecto dirigido a rescatar las obras hidrométricas, prácticamente de­saparecidas de las arroceras por el paso del tiempo, el descuido y el abandono.

“El nuevo servicio se le propuso a los di­rectivos de la Empresa Agroindustrial de Gra­nos Ruta Invasora, de Camagüey, quienes es­tuvieron de acuerdo, firmaron el contrato con el CITA y a partir de mayo de este año se empezó a hacer el trabajo”, explica el ingeniero civil Raidel Vidal González.

Las labores consisten en hacer mediciones topográficas, establecer el control permanente de los niveles de entrada y de salida del agua de cada campo, hacer los cálculos pertinentes y determinar con exactitud el volumen o caudal que pasa por cada una de las compuertas de acuerdo con su dimensión.

“En esos lugares, agrega Raidel, se ubica una mira o regla numerada, hecha de hormigón, en la que el jefe de lote, el de riego o la persona indicada, previa capacitación, puede me­dir de manera sistemática el consumo de agua y comprobar, además, si realmente coincide con el volumen entregado”.

Refiere el ingeniero que hasta ahora todo se ha hecho a ojo de buen cubero: los productores no han tenido forma de verificar la cuantía suministrada en correspondencia con sus ne­cesidades y, por tanto, tienen que creer en la pa­labra de los técnicos de Recursos Hi­dráu­licos en el momento de pagar el servicio.

PRIMERAS SATISFACCIONES

Los trabajos iniciales se acometieron en la unidad básica de producción cooperativa (UBPC) Daniel Readigo, de Vertientes, cuyo ad­ministrador, Ramón Moreno, fue el primero de la zona en interesarse por aplicar las mediciones con el propósito de encontrar una solución a la problemática del agua.

“Ellos, como mismo debe ocurrirles a otros pro­ductores, demandaban determinado volumen del líquido y no les llegaba la cantidad necesaria hasta el final de las obras para anegar los últimos campos”, asegura el ingeniero en riego y drenaje Eduardo Fernández Chi­nea, integrante del equipo de trabajo del CITA.

Como el asunto incumbe a muchos, no demoraron en aparecer otras solicitudes: tales labores se ejecutaron también en la UBPC Armando Diéguez Pupo, de Vertientes, y aho­ra se crean las condiciones para empezar en la unidad empresarial de base (UEB) Jesús Suá­rez Gayol, ubicada en la zona de San Antonio, en Florida.

José Fidencio Aguilar Arias, su administrador, coincide en que, como parte del programa de recuperación productiva de la entidad, de­be concebirse la manera de hacer un uso racional del agua pues, hasta ahora, no saben a ciencia cierta la cantidad de ese recurso vital que “tiran” al campo.

“Ahora, afirma, con la colaboración de los especialistas del CITA podremos medir el consumo de agua lote a lote, sabremos con mayor exactitud la que necesita aplicársele a los arrozales en cada momento para lograr rendimientos agrícolas superiores y determinar la que se nos pierde por distintas causas”.

De concretarse, como se espera, tales acciones, constituirían un sólido paso de avance en el empeño por lograr una explotación eficiente de la infraestructura construida en la zo­na, la que requiere, además, de ingentes tra­ba­jos de reparación y mantenimiento de los sistemas de canales, y la electrificación de los pozos.

UN NUEVO FRENTE SE ABRE

Incansables promotores de las mejores prác­ticas y tecnologías que permitan el máximo aprovechamiento de los recursos hídricos, los trabajadores del CITA se aprestan ahora a ve­rificar sobre el terreno la validez de otro proyecto, relacionado también con el cultivo del arroz.

“En el 2010, recuerda el ingeniero Chinea, se hizo una investigación con una manguera flexible para regar una hectárea de arroz en tierras de un pequeño agricultor de Esmeralda, experiencia que demostró que se llegaba a aprovechar hasta el 98 % del agua empleada en el proceso de conducción”.

Esclarece el especialista que el resultado, aunque a pequeña escala, fue muy alentador, pues los canales terciarios tienen una eficiencia comprobada del 46 % o menos, por lo que el resto del agua se pierde o se derrocha en los campos en detrimento de los rendimientos agrícolas.

A partir de una donación de 1 500 metros de mangueras, con su correspondiente stock de compuertas plásticas regulables, el objetivo inmediato es demostrar en la práctica si en una extensión mayor de tierra el agua se conduce bien, porque los cálculos hasta ahora realizados indican que sí se puede.

“Estaríamos viendo, aclara el ingeniero Rai­del Vidal, el comportamiento en dos va­rian­tes: una, con bombeo en la finca de un campesino de la cooperativa de créditos y servicios Ernesto Che Guevara, y otra por gravedad, que se ejecutará en uno de los campos de la UBPC Rodolfo Ramírez Esquivel”.

Ambos especialistas coinciden en señalar que uno de los propósitos del proyecto es eliminar el canal terciario, máximo consumidor de agua en el arroz y donde más desbarajustes se arman, tanto por su deficiente estado constructivo como por las indisciplinas que se co­meten en su explotación cotidiana.

“Para lograr los resultados que esperamos, reconoce Chinea, tenemos que hacer bien las cosas, sin chapucerías, tanto en la nivelación de los campos como en la colocación de las mangueras, pues si bien se usan en el mundo para regar diferentes cultivos, hasta ahora no hay mucha experiencia de su empleo en el arroz”.

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