Sonia Rivero Valdés tiene una mirada cándida, soñadora que contrasta con su diálogo en el que parece no alcanzarle el tiempo, de ahí que apure las frases para abarcar más y más.
Ubicar geográficamente a Sonia para ofrecerle un gentilicio es todo un desafío: nació en Güines, por lo tanto era habanera. Pero ahora es mayabequense; vivió en Centro Habana, en Santa Fe, y desde hace muchos años reside en Nueva York. En fin, dice sentirse muy cubana y defiende sus raíces a capa y espada.
Prácticamente “nos robamos” a la escritora, de una de las tertulias en la calle Enramadas, del Encuentro de Poetas del 35. Festival del Caribe, al que llegó desde la ciudad neoyorquina.
“Me siento especialmente honrada en estar aquí. No soy poeta, jamás he escrito una poesía, pero soy narradora. A veces he intentado iniciar un poema y el primer verso que escribo se me convierte en la primera oración de un párrafo de donde sale un cuento. Lo mío es contar. Así que me parece excelente que esté yo aquí rodeada de gente me ha encantado.”
Dice que la impresionan los 500 años de Santiago de Cuba, y que aunque Waldo Leyva ya dijo ese poema grandioso sobre la ciudad, ella reafirma que es preciosa, muy linda, con mucho calor.
Retoma el Festival del Caribe para agregar: “Siempre me he sentido muy cubana pero de ahí a sentirse una muy caribeña es otra cosa. Como dijeron en el Encuentro llama la atención lo poco que sabemos del resto del Caribe. ¿Recuerda aquello de Conozca a Cuba primero y al extranjero después? Bueno: Conozca al Caribe primero... Tenemos tantas cosas… la primera es ahondar objetivamente en su historia, su geografía… preocuparnos por nuestro Caribe.”
En opinión de Sonia, el Festival es fabuloso igual que es extraordinario habérselo dedicado a las Bahamas.
“Pienso en todo lo que estamos viviendo aquí, el carnaval (se refiere al Desfile de la Serpiente), toda esta alegría, este encuentro de poetas, la música, los grupos maravillosos que hemos conocido… Vine desde La Habana en una guagua con un grupo de colombianos, que viajaron desde el Carnaval de Río Sucio: son geniales. Y entonces toda esta hermandad emociona porque de momento usted sienta que las fronteras se diluyen. Lo importante es que nos vayamos del Festival con la idea de consolidar esa hermandad, de llevarla a la práctica. Tenemos que borrar las diferencias, de la xenofobia, el racismo… que todavía lo tenemos.
“Yo no le puedo hablar… vaya, lo que puedo decir es que estar aquí para mí es extraordinario, es maravilloso… y la oportunidad de decir cosas como estas. Sentirnos orgullosos pero saber que todavía nos falta para sentirnos plenamente orgullosos y entender que el Caribe es uno solo. Eso hay que entenderlo.”
Sonia reside en Nueva York. Defiende a Cuba de cualquier manera y las noticias sobre el restablecimiento de relaciones entre Cuba y los Estados Unidos ocupa también su atención:
“Ya era hora. No lo veo como que nos están dando algo; no es concesión como algunas personas creen. Ya era hora, porque si hay relaciones diplomáticas con otros, porqué no tenerlas con Cuba. ¿Qué hace Cuba?. Ellos nos han hecho a nosotros. Nosotros, no. Lo único que hemos querido desde el principio es vivir y sobrevivir. Hay cosas aquí, errores nuestros que tenemos que resolverlos aquí. Pero estas deben ser relaciones normales de un país con otro. Y espero que tengamos la capacidad de ponernos en nuestro lugar y tener las relaciones igualdad que necesitamos y no ceder ante cosas que otros países ceden.”
Muy de prisa recuerda Sonia su vida en varios sitios de Cuba, al papa tabaquero, la casita estrecha en Pocitos, Centro Habana; rememora cómo aprendió a leer con la abuela paterna, a los 7 años y cómo se horrorizaba ante un analfabeto porque ella creía que se aprendía a leer y a escribir igual que caminar. De su obra dice:
“Yo gané un Premio Casa de las Américas en 1997 con “Las historias prohibidas de Marta Veneranda. Dos veces se ha editado y enseguida se ha agotado. Después hice una novela que publicó la Editorial Oriente, “Rosas de abolengo”, publicada también en los Estados Unidos. Ahora la Editorial Oriente va a publicar, editado por Teresa Melo, “Historias de mujeres grandes y chiquitas. Son cuatro cuentos que comienzan con un homenaje a la escultura Ana Mendieta, muerta trágicamente en Nueva York a los 37 años y muy amiga mía.
“Ahora estoy trabajando en un nuevo libro de cuentos que se han publicado hace 20 o 25 años en Argentina, por aquí, por allá, algunos en Casa de las Américas… y en El libro de los aniversarios, que tiene una fuerte base autobiográfica, sobre todo eso que le he dicho de La Habana…”