Tributo musical del septeto Ecos del Tivolí al autor puertorriqueño Rafael Hernández

Categoría: Culturales
Escrito por M.Sc. Miguel A. Gaínza Chacón
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ECOS DEL TIVOLÍCuando en Santiago de Cuba acontezca el próximo Festival del Caribe,  del 3 al 9 de julio, dedicado a la hermana isla de Puerto Rico, la también llamada Fiesta del Fuego  tendrá un momento muy especial: la presentación del disco “Tributo a Rafael Hernández”, del Septeto Ecos del Tivolí.

Los 13 temas, todos de la autoría de Rafael, han sido tratados con un amor especial por los santiagueros de “Ecos…”; por los especialistas de los estudios de grabaciones Siboney, y por quienes en Cuba y en Puerto Rico pusieron sus voces o sus instrumentos para musicalizar este homenaje a la obra de Hernández, gloria de Puerto Rico, del Caribe, de América, y del mundo.

Solo tres composiciones le hubiesen bastado al también llamado  Jibarito boricua para tocar el cielo: Lamento borincano, Princesa, y Capullito de alelí. Pero su genio creativo parecía no tener fin. Y solo la muerte lo pudo detener en diciembre de 1965, cuando el célebre autor transitaba hacia los 74 años y su producción superaba las tres mil canciones.

Por una labor sobresaliente del coordinador general del disco: el entrañable cubano Gaby Soler Ortiz, al empeño del septeto se unieron las voces invitadas de los puertorriqueños Chabela Rodríguez (Lamento borincano), Rafael “Pole” Ortiz (Mi delito), Alejandro “Chalí” Hernández, hijo de Rafael Hernández (No te vayas, mulata) y José Antonio Rivera, o sea: Tony Mapeye, quien ejecutó el solo de cuatro en la canción Mi querer.

También de Puerto Rico es la casa de grabaciones utilizada allá: Estudio Cantoral, en Naranjito, con el ingeniero Juan Antonio Nieves, Tony Moña.

Por Cuba, además, pusieron sus voces Beatriz Márquez (Silencio), Leo Vera (“Campanitas de cristal”), Juan Guillermo “JG” (Jugando mamá, jugando), en los estudios PM Record, en La Habana.

En el tema “La gata de Wenceslao”, el “solo” de tres lo hace Pancho Amat; en “El cumbanchero”, interviene la conga de Los Hoyos, participaciones estas materializadas en los Estudios Siboney. 

RafaelHernándezMarín11El disco se realizó bajo el sello Bis Music, que para hacerlo utilizó los estudios Siboney, de la EGREM, en Santiago de Cuba.

La grabación y mezcla de las canciones del disco se hicieron en los Estudios Siboney, bajo la tutela de Máximo Espinosa Rosell, Jorge Luis Pujals y José Manuel  García Suárez. Las notas del disco son de Reinaldo Cedeño Pineda, y la coordinación general del proyecto corrió a cargo de Gaby, quien trasmitió un agradecimiento especial para los boricuas Chalí Hernández y Tony Mapeye, por el apoyo ofrecido a la realización del disco.

Todos los arreglos y toda la música acompañante, más la interpretación de varios temas de “Tributo…” son del Septeto Ecos del Tivolí.

Es portentoso el genio creativo de El Jibarito: boleros, danzas puertorriqueñas, plenas, zarzuelas y operetas; él nació en Aguadillas, en octubre de 1892 y empezó a estudiar música con el apoyo de su abuela, después con maestros. En fin, aprendió a tocar trombón, violín, guitarra, piano, cornetín, bombardino… A los 20 años compuso su primera canción y cuando murió el 11 de diciembre de 1965 era toda una celebridad musical no solo borinqueña sino internacionalmente hablando.

Rafael dirigió orquestas en San Juan, fue camillero del ejército norteamericano en la IGM, vivió en Nueva York, luego en Cuba, donde en 1925 compuso Capullito de alelí; regresa a Nueva York, aumenta su “pegada” como creador, en 1929 hace “Lamento borincano”; en México se gradúo como maestro en armonía, composición, contrapunto y fuga. En tierra azteca hace la mayor parte de su repertorio; El cumbanchero, Perfume de Gardenia, Campanita de cristal, Preciosa; luego incorpora Desvelo de amor, Canción del alma, Canción de tus recuerdos…

Regresa a su suelo natal, donde hace giras, dirige orquestas, y de 1956 a 1959 es presidente honorario de la Asociación de Compositores y Autores de Puerto Rico; funda Pequeñas Ligas, una organización de béisbol infantil.

La muerte del compositor causó una conmoción general en esa isla hermosa del Caribe, donde hoy se le recuerda como un grande entre los grandes. Allá, aquí y en muchos puntos del planeta sus temas los cantan desde el vocalista más humilde hasta el más encumbrado. Y en Cuba, en Santiago de Cuba, el Septeto Ecos del Tivolí quiso honrar al inolvidable creador con este disco. Y ningún momento mejor para presentarlo que esta Fiesta del Fuego dedicada a la tierra que vio nacer, acogió como morada final y venera eternamente a Rafael Hernández.

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