Ecos del 39. Festival del Caribe: Un estudio, lugar sui géneris para la moyugba

Categoría: Culturales
Escrito por M.Sc. Miguel A. Gaínza Chacón / Fotos: Autor
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Habitualmente, cada julio la casa templo de la familia Lescay Merencio, en Calle Blanca del reparto Portuondo, en la ciudad de Santiago de Cuba, acoge la ceremonia religiosa a cargo del sacerdote Ifá Juan Martén Portuondo, “Guancho”, para desde la Nganga “cargar con todo lo bueno” la Mpaka, artilugio en tarro de bovino que se entrega a los invitados de honor del Festival del Caribe del año venidero -sea país, institución o personalidad-.

Así ha sido a lo largo de cuatro décadas. Para 2020, los convidados de honor son Belice, como país, y los estudios Siboney de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (Egrem) como institución de esta ciudad.

Por lo precedente, la Srta. Shantal Marin (Ms.), Encargada de Negocios en la Embajada de Belice en Cuba, y Marcos A. Campins, director del “Siboney” recibieron la Mpaka en un rito público en el Parque Céspedes, durante la jornada final de la Fiesta del Fuego 2019.

Antes, y con cierta incredulidad, habíamos recibido la invitación de Orlando Vergés, director de la Casa del Caribe, a participar en un ceremonial parecido al de Calle Blanca, pero en un lugar insólito: el salón principal de grabaciones del estudio Siboney, ubicado en San Félix, centro histórico de la urbe.

Babalaos de todo el país se encontraban allí, encabezados por José Manuel Pérez Andino, presidente de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba, además de Vergés, Campins y un buen número de músicos de la ciudad.

El motivo es muy sencillo: en 2020 el “Siboney” cumple 40 años, desde que el 5 de julio de 1980 fuera inaugurado por el artífice de su creación: el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque. De ahí que en reconocimiento a lo que ha representado ese centro de la Egrem para la cultura cubana y la música de todos los géneros, y que incluso en su momento el estudio llegó a asumir casi el 50% de todas las grabaciones del país, la Casa del Caribe resolvió dedicarle la próxima Fiesta del Fuego.

Y si bien allí no fue la “carga” de la Mpaka, puede decirse en una apretadísima síntesis de lo extraído del sitio Cubayoruba, que la ceremonia realizada entre micrófonos, piano de cola, xilófono y paredes forradas para evitar resonancias, se denomina Moyugba o sea “yo te saludo”.

Cada vez que se hace cualquier rito, o acto de adoración en la religión Yoruba de la diáspora, se inicia con omi tuto, una libación de agua fresca, y las palabras Omi fun egun, omi fun ile, omi fun gbogbo keke timbelaye timbelese Oloddumare. Omituto, ona tutu, tuto laroye, tuto ile tuto, ariku babawa.

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La moyugba se divide en tres partes. La primera inicia con un saludo a Oloddumare, llamándolo por todos los nombres con el que es alabado, en un acto que reconoce al Divino Creador y su omnipotencia. Oloddumare debe ser reverenciado en todos los rituales, dado que sin el Dios Supremo nada es posible.

La segunda sección de una moyugba consiste en los saludos a los ancestros que son denominados Egúngún o Egún. En esta etapa los ancestros son llamados para que ayuden en la propia ejecución de las ceremonias y ofrezcan apoyo y sabiduría para el beneficio de los presentes.

La tercera parte y final consiste de un rezo a Oloddumare y a todas las otras entidades que se llaman antes para que aseguren el bienestar de los devotos... y de todos aquellos que puedan estar presentes. Los rezos se dicen para que no llegue el daño a ninguno de los presentes y para que no los aflija el infortunio que no esté dentro del destino escogido.

Eso fue lo que aconteció en el estudio Siboney de la Egrem: un saludo, un reconocimiento a ese colectivo, hecho de una manera muy original y al mejor estilo yoruba, tan identificado con el Festival del Caribe.

Quien ofició la ceremonia, el babalao Jorge Luis León Marrero, Aboru mila, Oturaniko, Ifa Lorio... Oloponi, miembro del Consejo de Mayores de Cuba, dijo a “Sierra Maestra”:
“Ante todo invocamos a nuestros seres queridos... tratando de guiar al plano terrenal con la presencia de esos difuntos, a todos los que estamos necesitados espiritualmente de apoyo religioso.

“Esto que se hizo aquí en la Egrem es una cosa humilde, sencilla, para poder invocar, primero que todo, el agradecimiento a Santiago de Cuba por la acogida que nos han dado a nosotros, la gente de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba; al Partido, en especial a Lázaro Expósito; a la compañera Beatriz Johnson Urrutia...

“Lo que estamos haciendo con este rito es buscar que el beneficio de nuestros ancestros baje a nuestros corazones y nos dé la fuerza espiritual que necesitamos cada uno de nosotros para vencer los obstáculos que se nos avecinan, y para pensar siempre que en la unión está la fuerza; que con esta ceremonia lo único que hago es tratar de guiarme y de buscar la posición espiritual de aquellos ancestros que nos pudieran ayudar y enseñar esta historia que hoy estamos defendiendo, pues gracias a ellos somos personas.

"Además, agradecer la fuerza que nos dan y lograr para mí lo mejor de ustedes, que son los mayores, y de mí para ustedes ofrecerle toda la dirección que pueda”.

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