El pasado 28 de agosto se cumplió el primer aniversario de la muerte del célebre artista cubano de la plástica, José Julián Aguilera Vicente, inolvidable maestro de generaciones de grabadores, pintores…
Como homenaje a la memoria de José Julián, su hijo, Carlos René, inauguró dos exposiciones: el 22 de agosto, en la Galería de Arte Universal; el 28 de agosto, en la galería Arte Soy.
Aguilera Vicente, destacado artista independiente, pintor, escultor, y grabador, falleció en esta ciudad al perder la batalla contra una larga enfermedad a la que había interpuesto durante años, su entereza y su proverbial inclinación hacia el trabajo creador.
“Estos años son adicionales y tengo que aprovecharlos trabajando”, solía decir jocosamente al referirse a su dolencia.
José Julián se había graduado de la Academia de Bellas Artes “José Joaquín Tejada” en la especialidad de dibujo y modelado en 1953, y en dibujo y pintura en 1963, y en la misma escuela ejerció la docencia artística durante 42 años, ininterrumpidamente.
Al final de su existencia, el maestro Aguilera había consagrado más de 60 años a la creación artística, y parte de ese lapso a la docencia en la “Tejada”, en la Universidad de Oriente; también a la Comisión para el Desarrollo de la Escultura Monumental y Ambiental (CODEMA), a la UNEAC, al Taller Cultural Luis Díaz Oduardo…
La prensa tanto en el ámbito nacional y provincial, en sus secciones especializadas ponderó siempre las obras de Aguilera, y también su marcada inclinación por ayudar a cuantos proyectos culturales comunitarios estuvieran a su alcance.
Todo lo precedente convirtió al maestro en una figura cimera de las artes plásticas en el país, labor a la que unió un desempeño sindical que lo hizo acreedor de altas distinciones del movimiento obrero cubano.
Decenas de exposiciones personales y colectivas; decenas de premios y reconocimientos, y un enorme prestigio en la Nación y fuera de esta avalaron una existencia que a lo largo de décadas siempre estuvo consagrada al arte y al pueblo. Por eso Aguilera Vicente se hizo imprescindible en la historia contemporánea de las artes plásticas santiaguera en particular, y cubana en general.
En su Taller, primer en la Avenida Garzón y San Miguel, y luego en la Avenida Rafael Manduley, en Vista Alegre, el maestro soñó y materializó sus ideas. Hace un año que partió. Dejó su impronta, su ejemplo. Y un recuerdo hermoso, similar al que otro José Julián –guía espiritual del pintor santiaguero— ya había reflejado cuando dijo: La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida.