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Entre árboles y piedras, el corazón de Lloga

Categoría: Culturales
Escrito por HÉCTOR SEGURA RIZO
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radioUn nombre trasciende las cabinas o emisoras más añejas y se erige como paradigma entre las realizaciones radiales de los jóvenes cubanos. Estos últimos, conscientes de la vitalidad que supone arraigarse al legado que subyace tras aquel nombre, celebran anualmente un festival: es el Concurso Nacional de la Radio Joven Antonio Lloga in Memoriam.

Pero, ¿qué tanto se conoce de esta figura icónica? ¿Por qué su legado matiza el quehacer más fresco de la radio cubana? ¿Quién era Antonio Lloga hombre?

Nos acercamos a Scherehezzade Lloga Domínguez, la menor de los cuatro hijos de Antonio, para iluminar pasajes de la vida de este destacado artista de Santiago de Cuba que deviene en figura icónica de la realización radial cubana.

Apelando a sus recuerdos, memorias y experiencias, relátenos pasajes de los primeros años de Antonio Lloga Simón.

Nacido el 3 de noviembre de 1921 en Amarillas, Matanzas, mi papá llegó a conocer la vida del orfelinato siendo muy niño. Era el más pequeño de tres hijos con una madre soltera que trabajaba, lavaba y planchaba en la calle para sostener la casa.

¿Cómo se interesa por la realización radial y cuándo?

En el año 37 él llega, con solo diez centavos, a La Habana, donde su madre había establecido una casa de huéspedes. Allí estudió en la Escuela de Arte y Oficios sin vocación ninguna.

Más adelante tendría la oportunidad de situarse, por vez primera, frente a un micrófono como locutor y como actor. Así, trabajó en la CMQ, Cadena Roja, de la capital; en Las Tunas; en Holguín, donde tenía un taller experimental; y también trabajó en Guantánamo, donde conoce a mi mamá, se casa con ella y luego vienen a vivir para Santiago de Cuba.

La obra radial de Lloga se destaca, sobre todo, en la emisora CMKC. ¿Cómo recuerda los vínculos de su padre con esta entidad?

De aquel momento recuerdo novelas como Tú eres mi historia, que abordaba la vida social guantanamera y fue todo un éxito en esa época; Cuando el monte ruge, una de sus obras cumbres cuya historia versa sobre el asentamiento de franceses en la Gran Piedra; Oriente en el tiempo, un programa diario al igual que Cuentos de pescadores. A mi padre le gustaba conocer el lugar sobre el que escribiría, conocer a las personas, sus formas de vida; con ese método se pasaba largos periodos de tiempos en esos sitios buscando los colores, los matices, las costumbres.

¿Cómo era Antonio Lloga padre?

Mi papá muere en el año 77 cuando yo era una niña de apenas 13 años. Era un amor. Nunca lo escuché pelear, discutir o regañarme; él prefería hablar y así, me aconsejaba mucho, me hacía entender las cosas primero para luego encontrar una buena solución. Te puedo decir que era muy metódico, en todos los recuerdos que conservo jamás lo encuentro levantando la voz. Tenerlo como padre era maravilloso.

¿Le inculcó a usted de alguna manera la pasión por la radio?

Nosotros crecimos en la radio. Recuerdo cuando se formó el noticiero infantil Siempre Listo, que fue el primero de ese tipo en el país y yo, con solo cinco años, ya hablaba en sus emisiones. Y allí estábamos todos, porque somos cuatro hijos, involucrados en el ambiente radial. Hoy, aunque no ejerzo como profesional de la radio, me place escucharla y puedo saber cuándo algún programa tiene una buena o mala realización, cuándo llega al oyente y cuándo no.

Es de suponer que dentro de este hogar también coexistían con ustedes los programas radiales de Lloga. ¿Cómo recuerda esa relación entre la familia y la profesión que con tanta excelencia desarrolló su padre?

Recuerdo que mi papá tenía su máquina de escribir, y pasaba el día entero escribiendo y nosotros ahí con él, siempre a su lado, incluyendo a mi mamá; así que evidentemente crecimos con sus obras. Porque más que un escritor o realizador, era un maestro y nos educó y nos supo enseñar a ver la vida, a escuchar y escribir en radio. Era un maestro de maestros.

Además de director y escritor radial era también un actor. ¿Recuerda alguna de sus interpretaciones memorables? ¿Algún recuerdo de programas en específico?

Quizás nombres de personajes no logre recordar, pero sí bien podía en un programa, por ejemplo Oriente en el tiempo, interpretar hasta tres personajes en la misma historia. Tenía esa facilidad o don, como quieran llamarle; era muy versátil.

Asistimos a la XXV Edición del Festival Nacional de la Radio Joven Antonio Lloga in Memoriam. ¿Cómo repercute en su familia el hecho de que se evoque y rinda tributo a la figura de su padre mediante este prestigioso evento?

Mi papá amaba la radio, vivió para ella, para escribirle, recuerdo que le gustaban mucho los dramatizados. Crecí viéndolo trabajar y entregándolo todo a la radio. Él sin la radio no era Lloga; por eso, que se rememore en este evento su figura, es realmente un orgullo para la familia. El homenaje que hoy se le hace para que no quede en el olvido hace que me sienta, como hija, muy halagada. Y aunque hayan pasado 38 años de su muerte todavía siento que me hace falta.

Conocemos que ustedes, como descendientes de Antonio Lloga, otorgan un premio colateral de gran importancia al concursante que así lo amerite, ¿cuáles son los requisitos para resultar merecedor de ese lauro?

Ese premio lo otorgamos al programa que siga la línea de realización de mi padre; ya sea una novela, un dramatizado, un documental, no importa, siempre y cuando ofrezca continuidad a la tradición de su trabajo. Cuando vemos reflejados en un material radial los modos de Antonio Lloga, entonces otorgamos el premio.

En un cuarto de siglo que lleva el festival, ¿cómo valora su importancia para los jóvenes realizadores cubanos y cuáles han sido para usted los pasajes más memorables?

¿Lo más memorable para mí? La rumba, la fiesta… (Risas).

Realmente ha sido una muy grata experiencia; de hecho, han emanado otros eventos de este festival. En el Lloga hay muchos elementos que los participantes logran incorporar para mejorar su quehacer, su realización de los programas; surgen muchas expectativas, se intercambian muchas ideas y así, va nutriéndose la radio joven.

Si estuviera presente Antonio Lloga, usted que como hija lo conoció más de cerca, ya sea por experiencias propias o por la oralidad de sus hermanos mayores ¿cuál cree que sería su opinión respecto al festival?

Mi papá era un hombre muy sensible, para nada ambicioso, muy humilde, no tuvo lujos; lo que realmente le gustaba era escribir y que lo escrito llegara a los corazones del público. Como hija, te pudiera decir que para él no era indispensable recibir homenajes, con solo trabajar era feliz; pero este festival, definitivamente, lo haría sentir muy agradecido.

Si fuera usted realizadora radial, ¿qué imitaría de la obra de su padre?

Es una pregunta difícil porque no tengo el don que tenía mi papá, quien se sentaba al lado de un árbol o de una piedra y de cosas como esas escribía una novela completa. Trataría solamente que mis realizaciones llegaran a los corazones de los oyentes, como él sabía hacerlo.

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