Santiago de Cuba, / ISSN 1681-9969

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Auténticas pizzas y espaguetis italianos en el Rumbón Mayor traídos por la solidaridad

calle italiana carnaval santiagueroArribaron casi en silencio, al otro día de iniciado el Carnaval Santiaguero de 2016. Y enseguida la presencia en el Rumbón Mayor, de un grupo de jóvenes italianos procedentes de la península europea en forma de bota, constituyó uno de los temas más comentados en la fiesta de julio de esta urbe portuaria.  

El “centro de operaciones” de la Brigada de Solidaridad lo instalaron en el populoso barrio Tivolí, en la carnavalesca Calle de los Recuerdos, para ofertar pizzas auténticas, espaguetis, vino, pan untado con pasta oscura como el chocolate, café… En verdad, sorprendieron los mediterráneos.

Ellos apenas llaman la atención por el matiz de la piel, sus rasgos faciales o el color del pelo; pero cualquiera los confundiría con santiagueros muy trabajadores. Porque estos europeos se mueven con dinamismo, casi nerviosamente; laboran con precisión, organización; no pierden un instante.

Data de muchos años atrás, quizás cuando la época de oro de “La Fontana de Trevi” en la calle Enramadas, la curiosidad santiaguera por confrontar una verdadera pizza italiana con la elaborada aquí. Por la inclinación nuestra a darle el “toque criollo” a cuanta invención aterriza en el archipiélago, muchos infieren que la pizza hecha en Cuba ha degenerado en relación con la original italiana. Y no es así. El principio y la hechura son casi lo mismo. El cambio sí es evidente en la calidad de la materia prima.

En fin, los santiagueros en Carnaval le agradecieron con creces a los jóvenes italianos que trajeran su “cultura pizzera y de pastas” al Tivolí, y que mostraran una tradición nacida en Nápoles en algún momento del siglo XVII; que primero fue una comida de pobres y luego la aristocracia la hizo suya, al extremo de que en algunos palacios aparecieron hornos para brindar pizza a las visitas encumbradas. Así se expandió primero por toda Italia, luego por otros países europeos, cruzó el Atlántico a finales del XIX y principios del XX con las oleadas de inmigrantes italianos que arribaban a los Estados Unidos, y ya: en todo el mundo se consume pizza, una de las comidas rápidas más internacionales casi a la par de la hamburguesa.

miguele carnaval santiagueroMiguele Curto, abandona por unos minutos su faena entre los quioscos de la Calle de los Recuerdos, en el Tivolí, para atender la curiosidad periodística:

“Yo soy el presidente de la Agencia para el Intercambio Cultural y Económico entre Cuba e Italia; nosotros tenemos vínculos con el ICAP (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos); somos los únicos que tenemos esos vínculos en los aspectos del desarrollo económico y de la actualización del modelo económico, y también tenemos nexos con ProCuba, que es la agencia para la promoción de la inversión extranjera en Cuba.

“Desde hace años, nosotros promovimos y organizamos, en relación con la Asociación de Amistad Italia-Cuba, una brigada de amistad con los pueblos, que es un grupo juvenil del país, dedicado al Oriente cubano, a Santiago de Cuba en particular, y cuya labor es consagrada, además, a la memoria de Gino Doné Paro.”

Gino fue un italiano con nexos especiales con Cuba. Nació en 1924 en el pueblecito de Veneto, región del Nordeste de Italia, en el regazo de una familia de jornaleros de conciencia antifascista, y fue el único europeo y uno de los cuatro expedicionarios no cubanos del Yate Granma. Luego de ser herido y sobrevivir milagrosamente al desembarco, emprende un itinerario azaroso por Cuba y luego por varios países hasta el triunfo revolucionario. Jamás se desvinculó de Cuba; fue condecorado aquí, y cuando falleció en 2008, precisamente en Veneto, a su funeral llegaron flores con cintas blancas, en las que se leía: A Gino de Fidel… A Gino de Raúl… A Gino de sus compañeros del Granma… A Gino de la Embajada de Cuba en Italia.

Con ese atributo que es la solidaridad, tan admirado por los cubanos vinieron los italianos al Carnaval.

“Estábamos buscando una forma profunda de intercambio con el pueblo, y como conocemos bastante la cultura cubana, caribeña, y de Santiago de Cuba, que es la Capital del Caribe, evaluamos la posibilidad de proponer una Calle Italiana en el Carnaval, porque nosotros también tenemos cultura de calle, la disfrutamos, la vivimos… También la organización social de barrio es como la de Uds. Y entonces, proponemos un pedacito de nuestra cultura, de nuestra comida, e involucramos a empresas italianas que en este momento se están vinculando, se están interesando y exploran la provincia de Santiago de Cuba para evaluar potenciales inversiones. Estas empresas hicieron donativos alimenticios para calzar nuestra presencia en el Carnaval. Y de allá proponemos nuestra forma cultural que es la comida, primero, y el intercambio profundo con el pueblo santiaguero. Y nos fue muy bien.”

Los italianos abrieron entonces su Calle Italia en el Tivolí. “Y estuvimos honrados porque nos la hayan prestado por esa semana del Carnaval, pues conocemos que este lugar es extremadamente importante para los santiagueros. Abrimos el segundo día del festejo gracias a la ayuda de mucha gente, por el apoyo y la visita de Lázaro Expósito. Y el intercambio entre los 33 jóvenes de la Brigada –muchachas y muchachos de entre 20 y 25 años– y las santiagueras y santiagueros ha sido fenomenal.

“Ellos son artistas, políticos, artistas sociales, algunos hicieron de porteros, otros pintaron un mural dedicado a los 90 años de Fidel y a la memoria de Gino Doné, que se va a inaugurar el 13 de agosto en el centro de artesanía en la calle Enramadas… es una brigada bien preparada y variada.”

La variedad en la integración del grupo se incluyó, además del arte culinario, artistas plásticos, un director de cine que intercambia con artistas santiagueros, tres antropólogas que estudian los vínculos entre ambos países en relación con la cultura en la rama porcina, en el café…

“¿Qué ocurre? Nosotros hacemos un trabajo con las empresas: les explicamos a las entidades italianas, que este es un lugar con una cultura increíble, que tiene que ser respetada y valorizada, porque así se fortalece la posibilidad del intercambio económico. Y nosotros creemos mucho en que los dos países, las dos culturas, las dos experiencias sociales pueden intercambiar mucho en el futuro y pueden presentarse al mundo en conjunto.

“Entonces… imagínate tú, por ejemplo la cultura que nosotros tenemos en la elaboración del café y las que tienen ustedes en la producción cafetalera. Aquí está una empresa, que es LADAZZA, de Torino, que llegó hace solo unos días a la provincia… es la quinta empresa cafetalera del mundo. Está evaluando el interés por esta área. La entidad donó más de 8 000 raciones de café para esta Calle de Italia en el Carnaval; y el trabajo de las antropólogas es encontrar los vínculos culturales para que al final el producto que va a salir de este posible intercambio económico sea un producto auténticamente italiano-cubano y que los dos pueblos, las dos instituciones, las dos empresas lo consideren como propio. Este es un trabajo sencillo pero extremadamente importante.”

Fue notable el impacto de la presencia italiana en el Rumbón Mayor, como también se conoce al Carnaval. Lógico, entonces, que la población del Tivolí se pregunte: ¿Repetirán el próximo año?

“Claro que pensamos repetir el año que viene. Esperamos sacar la experiencia de esta ocasión y mejorar, porque siempre se tiene que mirar para adelante como dicen los cubanos. Y claro, nos gustaría mucho repetir. Ahora lo fundamental es conocer si el pueblo santiaguero quiere que se repita la cosa.”

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Curto quiso primero explicar un aspecto: “Aquí todo fue un donativo nuestro; nosotros no manejamos dinero; toda la ganancia fue para la Comisión del Carnaval para fortalecer la fiesta. Y todos los productos fueron vendidos en moneda nacional. Claro, no al valor real que si no sería muy complicado. Por ejemplo tuvimos pasta italiana con jugo de tomate italiano a 5.00 pesos MN; pizza con queso mozzarella auténticamente italiano, traído de allá, a 5.00 pesos MN; un plato mixto de embutidos y curtidos, jamón crudo, con palitas de pan, a 5.00 pesos MN; el vaso de vino italiano, a 5.00 pesos MN; el café, a 2.00 pesos MN; y también esta cosa que parece que a los cubanos les encanta: pan con crema de avellana, que desde los niñitos hasta las abuelas lo buscan… El penúltimo día del Carnaval servimos más de 3 000 comidas, que me parece un buen alcance…”

Ojalá que en el Rumbón Mayor de 2017 no falten los mediterráneos de la Calle Italia, con Curto al frente. Es que ni Miguele ni los 33 jóvenes de la Brigada saben que implícitamente cursaron con éxito la prueba más difícil: ya se ganaron el cariño del pueblo santiaguero.

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