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De la alergia al agua. Pequeña historia de la higiene

historia higiene 2Hoy las curiosidades tratan de higiene. Digamos que uno se entera de cada cosas cuando revisa a fondo los libros de Historia... Dame un Like los lleva a través de los hábitos de limpieza más raros de la Historia.

Se dice que el primer desodorante lo inventaron los egipcios. A ellos también les debemos la pasta de dientes, que hacían con flores de iris secas, sal, pimienta y menta. Me pregunto a qué sabría eso... suena a receta de estofado inglés. Para el mal aliento mezclaban miel con hierbas y especias hervidas, entre ellas canela y mirra, y elaboraban con la mezcla unas pastillas capaces de combatir el problema. No lo digo yo, aparece en una colección de papiros del Museo de Viena.

los perfumes eran parte de la higiene en el antiguo egipto 1711609Y parece ser que inventaron también el jabón, a base de sales alcalinas, grasas animales y vegetales. Lo único que les faltaba era inventar la ducha, pero para eso tuvieron que llegar los griegos. Estos creían mucho en la higiene, porque creían en la belleza estética y una cosa va de la mano con la otra. El problema era que también creían en hacer las cosas de la forma más cómoda y pública posible. Tenían baños de agua caliente, de vapor, de arena, cascadas frías... pero todo en público, siempre. Los romanos lo llevaron más allá y llegaron a tener salas de juegos, jardines e incluso bibliotecas y teatros.

termas romanas de bath 1280x720Pero las cosas de los romanos no eran tan limpias como parecen... Por ejemplo, en lugar de papel higiénico, se limpiaban con una esponja o algún tipo de tela insertada en el extremo de un palo. Había para lavarse después las manos, y canales por los que corría el agua de forma continua para que pudieran aclararse las esponjas. Pero las esponjas... también eran públicas.

De la Edad Media ya se ha hablado bastante. Los médicos decían que el agua era dañina para el organismo, y hasta se inventaban justificaciones religiosas para evitarla. Imagino que en ciertos lugares muy fríos, sin antibióticos, darse un baño y luego coger una neumonía mortal eran sinónimos, pero tampoco era para tanto. Y los resultados fueron desastrosos, porque la gente no solo olía pésimo, sino que duraban muy poco.

Pocas personas llegaban a los 30 con la dentadura medianamente aceptable (pocas personas llegaban a los 30, y punto), las pulgas eran atraídas por el sudor y de ahí a la peste bubónica iba muy poco, y como no había higiene, aquello se esparcía de forma terrible. Las pestes cíclicas en Europa mataban fácilmente a un tercio de la población cada año.

De las figuras revelantes alérgicas al agua tenemos muchos ejemplos. En España, Isabel la Católica no se distinguió por su amor a los baños, y según algunas fuentes, sólo se bañó el día que nació y el día de su boda. Probablemente la bañaran cuando se murió, aunque ya para qué.

Un embajador ruso relataba que Luis XIV, el Rey Sol, “apestaba como un animal salvaje”. Aunque no era solo él: en 1715 ordenó que las heces fecales en los pasillos de Versalles debían recogerse una vez por semana. Sin comentarios. La Reina Elizabeth I de Inglaterra era más limpia, porque decía que se bañaba una vez al mes, “aunque no le hiciera falta”. Jacobo I, su sucesor, se lavaba solamente los dedos.

Luis XVIAunque en mi criterio, el que se lleva el premio es Napoleón Bonaparte porque, en una época un poco (solo un poco) más higiénica, le escribió en una carta a su querida Josefina: “Vuelvo a casa en tres días; no te bañes”. Aparentemente, le gustaba el olorcillo.

En fin, esa es la historia mínima y básica de la higiene, o de la falta de ella. Claro que hay mucha tela por donde cortar y cualquier comentario será bien recibido en nuestro grupo en Facebook “Dame un Like (el Grupo)”. Y ya sabes, si te gustó, haz lo que dice y Dame un Like.

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