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Por qué me río con las escenas de amor

amorHace años, en un blog que abrí durante mi época de estudios, publiqué un artículo sobre este tema. Y hoy, cuando febrero se acerca amenazante con toda su carga de romanticismo, lo recuerdo y retomo. Para que mis amigos solteros no se sientan mal y se rían un rato. Vamos a partir de un punto muy sencillo y que a algunos les va a doler: no voy a analizar nada cubano en esta publicación. Las razones, las leerán al final. Empecemos, pues, a entrar en materia.

En los culebrones mexicanos, los galanes tienen dos nombres. Eso no falla. Y un apellido que suena como de gente importante. Imaginémonos una clásica escena a lo mexicano: él se llama, vamos a poner, Marcos Guillermo. El apellido, como no, es Montenegro (porque Ciego Montero ya tiene patente, sino es capaz de que un mexicano de esos lo ve, y lo coja para novela). Ella, Margarita (de Jesús o de los Ángeles, claro está). Y también tiene un apellido así de cliché.

La escena es muy conocida: el hombre quiere, y ella quiere pero cree que no puede, aunque está loquita porque la hagan poder. Entonces se pone frente a la cámara y mira a un punto en el vacío delante suyo, ni siquiera a la cámara; mucho menos al señor actor que queda detrás de ella o a un lado (¿será bizca?).
Entonces viene un diálogo de lo más tonto, que ya han repetido como veinte veces: yo te amo, pero… (muela, muela, muela).

Ahora pueden pasar varias cosas: una, él entiende la indirecta de la posición de ella y le empieza a dar todos estos castos (últimamente no tan castos) besitos en el cuello y el hombro. Dos, él no entiende nada y lo que hace es quedársele mirando con cara de quien acaba de perder la anestesia en medio de una operación de cordal. La tercera cosa que puede pasar es que “el duro” le ponga las manos en los hombros (admítanlo, la mayoría de uds sabe exactamente de qué hablo), le pegue la carita así mejilla con mejilla, y la siga endulzando. Casi nunca logran nada…

Ahora, el hombre de la novela mexicana tiene esas características. Pero si le hacemos caso a las novelas colombianas, todos los hombres son unos “narcos” sin corazón que manipulan a las mujeres, pero las aman; y todas las colombianas son “prepagos”, que se pasan la vida entre el estilista, el salón de operaciones y el espejo. Si le hacemos caso a las novelas argentinas, son todos unos histéricos, de cualquier cosa se quieren suicidar y visten horrible. Los brasileños son una categoría aparte de la que no quiero discutir aquí.

Las películas americanas –viejas- solían tener unas escenas parecidas a esas mexicanas, con la diferencia de que eran más arrestados: ella se les hacía la que no quería, y ellos la agarraban por los hombros (pero de frente y con malas intenciones), se les quedaban mirando cinco segundos con una cara de miopes que parte el alma. Fue por eso que Rodolfo Valentino se hizo famoso: por la mirada. Era miope. Entonces llegaba el beso: ella siempre ponía las manos hasta los codos en el pecho de él y forcejeaba un poco, pero luego aflojaban y caían derretidas.

Luego viene Bollywood. Preferiría no hablar del tema, pero es muy simple: viene Rahoul, Raj, o un nombre de esos (¿todos los indios se llaman igual?), mira para un punto y ahí entra la chica, a la que le ponen un ventilador “Ciclón” en la octava velocidad que le mueve el pelo; ella posa muy chula y suena una canción de fondo. Entonces empieza una canción, un bailoteo, 16 cambios de ropa, y se acabó. Koniec.
¿Qué me falta? Porque prefiero no hablar ni de los franceses ni de los británicos. ¿Por qué será que cada vez que veo un actor, digo “me gusta”, y luego lo busco en google, es británico? Será el acento. Y ahora, las escenas cubanas de ¿amor? Sexo. Puro sexo. Ni siquiera artístico en la mayoría de los casos. ¿Han perdido los cubanos el romanticismo? A veces creo que sí. Y ya sabes, si me estoy equivocando y tienes algo que opinar al respecto, busca nuestra sección en http://www.sierramaestra.cu/index.php/dame-un-like, en nuestro Facebook: “Dame un Like (el Grupo)” y a nuestro correo que aparece arriba, si no me equivoco. Por el día del amor, que ya se acerca… ¡Dame un Like!

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