Al ver la lista de nominados a Mejor Atleta del Año en deporte individual, sexo masculino, me dije por dentro: ¡Qué suerte es escribir de deportes en Santiago de Cuba! Y no es para menos ya que, de los cinco preseleccionados, tres son de esta indómita provincia.
El gimnasta Manrique Larduet, el saltador de triple Pedro Pablo Pichardo y el taekwondista Rafael Alba vivirán un duelo de titanes, junto a otros grandes como Mijaín López (lucha) y Julio César La Cruz (boxeo), que en los próximos días sabrá su ganador. Aunque, si me permiten adelantarme, pienso que el gran vencedor aquí es el movimiento deportivo santiaguero.
Será muy difícil encontrar a otro territorio en la Mayor de las Antillas que incluya a esta cantidad de atletas en una misma nominación. Y eso, más allá de rompernos la cabeza para elegir al más destacado de todos, lo cual es justo por demás, demuestra la potencia que es en la actividad del músculo en este pedazo suroriental de Cuba.
Comencemos por Manrique, quien es, en mi opinión, el que más papeletas tiene para alzarse con la distinción.
Luego de convertirse en el rey indiscutible de la gimnasia en los Centroamericanos de Veracruz, el pasado 2014, Larduet dejó muestras de que estaba para empeños mayores al coronarse en el caballo de salto de los Juegos Panamericanos de Toronto, celebrados este año. En ese mismo evento ganó también dos metales plateados, en barras paralelas y en el all around, así como un bronce en anillas. Todos con puntuaciones de primerísimo nivel.
El colofón a su gran temporada fue en el Mundial de Glasgow, Escocia, donde le pisó los talones al estelar japonés Kohei Uchimura, como máximo acumulador donde terminó segundo con 90.698 puntos. Y eso no fue todo en la lid del orbe, pues su segunda forja la fraguó en bronce en la barra fija, con 15.600.
Por otra parte, Pedro Pablo Pichardo tuvo un regreso por todo lo alto a las pistas del “Deporte Rey”, luego de cumplir con una sanción que le privó de competir durante un año.
“Triple P” abrió la temporada con un brinco de 17,94 metros en el estadio Panamericano de La Habana, muy superiores al récord nacional de Yoelbi Quesada (17,85m), que databa desde 1997. En la Liga del Diamante fue segundo detrás de su principal rival, el estadounidense Christian Taylor, líder indiscutible del año.
Sin embargo, no se puede pasar por alto que entre los meses de mayo y julio Pichardo registró saltos entre los 18,08 y 17,96 metros, además de exhibir seis de la decena de registros de vanguardia de la campaña y el cuarto mejor estirón de todos los tiempos.
Luego de titularse con facilidad en los Panamericanos de Toronto, volvió a ceder ante Taylor en el Mundial de China, donde el norteño se apareció con unos 18,21 de otra galaxia.
Por último, y no menos importante, está el gigante Rafael Alba. El muchacho de la división de más de 80 kilogramos es hoy en día el mejor taekwondista de la Isla y así lo demostró al ganar la medalla de oro en la cita multideportiva de Toronto y el metal bronceado en la justa planetaria de Chelyabinsk.
Alba es, actualmente, el cubano mejor ubicado en el ranking mundial de su especialidad, lo cual lo sitúa muy cerca de asegurar su presencia en la Olimpiada de Río de Janeiro, el próximo verano. Además, este año ha sumado a su cuota varias preseas en diferentes Torneos Abiertos y Grand Prix, la última de estas en la ciudad de Manchester, Inglaterra, donde finalizó segundo, y sumó una importante cantidad de puntos a su ubicación en el escalafón.
Es incuestionable que los tres atletas tienen todo para convertirse en leyenda. Compartir honores entre los aspirantes a Mejor Atleta del Año constituye de antemano una carta de presentación sin precedentes.