Osmar Téllez es un hombre de hablar pausado, que guarda una trayectoria de más de 40 años dedicados al desarrollo de la gimnasia artística en Santiago de Cuba, una disciplina que tanta entrega demanda de sus practicantes y entrenadores.
Sin embargo, su más grande orgullo como formador de generaciones de atletas, es haber sido el primer entrenador de Manrique Larduet, quien el pasado mes de noviembre estampó su nombre en la ciudad escocesa de Glasgow, al protagonizar la mejor actuación de un gimnasta cubano en Campeonatos Mundiales de la disciplina.
Sus dos medallas en una misma cita mundialista bien se pueden calificar como hazaña, ya que sus antecesores, Erick López y Charles León, solo lograron obtener una presea en el certamen correspondiente al año 2001.
A su paso por la Ciudad Héroe, Osmar Téllez no vaciló en establecer el diálogo con Sierra Maestra, donde escudriñó las más elocuentes anécdotas del tiempo en que se desempeñó como entrenador del Mejor Atleta masculino de Cuba el pasado año.
-Hábleme de sus primeros contactos con la gimnasia artística.
-Cuando tenía unos nueve años de edad hubo una exhibición de gimnasia en la cancha de la Universidad de Oriente, y eso me dejó muy impresionado. Entonces comencé a practicarla en el Club Náutico de Santiago de Cuba, con quien fuera mi primer entrenador “Alfonsito”, y en mi primera competencia de los Juegos Escolares, obtuve primer lugar. A partir de esos resultados, me promovieron a la EIDE Capitán Orestes Acosta, donde permanecí dos años hasta que fui para la ESPA Nacional.
Luego pasé el Curso de Instructores en La Habana, y en la década del ‘70, cuando terminé la práctica docente, comencé a trabajar en el Área Especial Antonio Maceo, de Santiago de Cuba.
-¿Cómo recuerda al pequeño Manrique Larduet?
-Para el año 2003, yo vivía en casa de una tía en el Reparto Santa Rosa, al lado está la casa de la abuela de Manrique. Al año de estar allí, me encuentro con aquel muchacho que estaba jugando en la baranda del portal, haciendo espaldas de apoyo, paradas de manos y otros movimientos, y eso me llamó mucho la atención. Pero a la vez, yo pensaba “el niño es bajito, gordito, de tejido carnoso, puede ser que no apruebe en el somatotipo”.
Sin embargo, a última hora me decidí, y a falta de dos meses para la competencia conversé con la abuela y le dije: “Déjame entrenar a tu nieto, que lo voy a hacer campeón nacional de gimnasia”. Esa misma tarde, ella lo llevó al “Antonio Maceo”, y me quedé maravillado, porque ya se notaba que tenía talento. Como él comenzó cuando el curso escolar estaba avanzado, tuve que presentarlo en la competencia nacional de manera directa.
Recuerdo que sus padres se encontraban en las gradas de la sala polivalente santiaguera, vieron competir a su hijo por primera vez y alcanzar más de un premio en esa competencia.
-¿Cómo era en los entrenamientos?
-Siempre muy dedicado y disciplinado, algo importante si quieres llegar lejos en cualquier deporte. Yo tuve una estrategia con Manrique que poca gente la conoce, él era muy corto de flexibilidad y yo lo llevaba del “Antonio Maceo” para la “polivalente”, lo entrenaba por la noche, porque él siempre fue incansable.
-¿Qué pasó después?
-Al curso siguiente yo tuve que ir para Venezuela por cuestiones de trabajo. Cuando regresé, ya Manrique estaba en la Escuela Nacional con otros entrenadores, y era campeón en la categoría 11-12 años. A pesar de ello, siempre mantuvimos la relación, lo que me llena de satisfacción.
-¿Qué siente al ver a Manrique Larduet convertido en el mejor gimnasta cubano de la actualidad?
-Yo estoy muy orgulloso, a partir de las actuaciones que él tuvo el pasado año en la Copa Mundial de Portugal y en el Mundial de Glasgow, así como en los Juegos Panamericanos, porque además fue un fruto de mi trabajo, y me pongo muy alegre cada vez que me menciona en las diferentes entrevistas que le han hecho.
-¿Cree que tenga las potencialidades para ser el primer gimnasta cubano en obtener una medalla en una cita olímpica?
-Con él todo es posible. Lo veo con muchas ganas de superación, él es un atleta muy inteligente y su vocación por la gimnasia artística es innegable. Me parece que tiene grandes posibilidades con miras a Río de Janeiro 2016.