Recientemente en este sitio hicimos referencia al partido de béisbol jugado por un grupo de expeloteros santiagueros ante sus similares de Estados Unidos, el cual concluyó con una categórica victoria de 20 anotaciones por una, favorable a los de casa.
Muchos son los lectores que se me han acercado para expresar su regocijo de haber visto nuevamente, sobre el terreno del “Guillermón Moncada”, a jugadores que tantas alegrías regalaron a la afición indómita. Algunos, como Rafael Pérez, confesaron haber estallado de emoción al disfrutar de sus ídolos “como en aquellos tiempos de gloria de la pelota en Santiago de Cuba”.
Incluso, su satisfacción fue tanta que, sin ser un especialista de las letras, el momento le inspiró escribir algunas líneas poéticas en las que descargó su estado de frenesí, las cuales compartiré con ustedes al final de este trabajo.
Antes, quisiera contarles acerca de la bonita iniciativa de este aficionado -incondicional al béisbol- con su jugador preferido: “El Tambor Mayor” Orestes Kindelán Olivares.
Rafael dedicó una parte del muro frontal de su hogar (ubicada en calle 9, a esquina Carretera del Caney, en el reparto Vista Alegre) a quien considera ha sido el mejor bateador de la pelota cubana. En el mural aparecen los números de por vida de Kindelán en Series Nacionales, los títulos ganados por este con el “team” Cuba y se hace especial referencia al récord de jonrones (487) que lo ubica como el número uno histórico en ese departamento.
“Este siempre fue mi anhelo, dedicarle una parte de mi casa al bateador más grande de todos los tiempos. Me gusta pensar que de esta forma colaboro a que las generaciones que no lo vieron jugar conozcan a este pelotero eterno, que tanto nos dio a los santiagueros y cubanos en general”, explicó Rafael.
Sonriente agregó: “Algunos pasan y preguntan si aquí vive Kindelán. Yo les digo que, aunque no reside aquí, siempre será su casa”.
De esta forma, la imagen de Orestes Kindelán, uno de los hijos más ilustres de Santiago de Cuba, le da la bienvenida a cada viajero que entre a la Ciudad Héroe por la autopista nacional. Todo gracias al ingenio de Rafael Pérez, un aficionado que sufre el “apagón” el béisbol en la Mayor de las Antillas, pero que defiende a capa y espada a los que tanta gloria le dieron.
“Qué alegría me da”
Qué alegría me da llegar a mi estadio Guillermón Moncada y ver su terreno plagado de constelaciones de estrellas. Que alegría me da observar como el público santiaguero, viejos y jóvenes, animaba sin parar a los que una vez formaron parte de aquella eterna Aplanadora. Que alegría me da ver a Kindelán, Fausto, Godínez, Benavides, Isaac, Cutiño, Larduet, Vinent, Vera, Cajigal y muchos más, enfundar sus camisetas.
Tristeza sentí por los que no estuvieron presentes, por las circunstancias que sean. Aunque para mí, como para muchos, siempre estarán en nuestras mentes.
Que alegría me da ver como las nuevas generaciones, que apenas vieron jugar a estos grandes peloteros, aplaudían a los ídolos del “Guillermón”, más allá de que alguno le surgiera la incógnita de por qué las Avispas de ahora no tienen la estirpe de aquella Aplanadora.
Qué alegría me da saber que nuestros héroes beisboleros están aún entre nosotros, y que los vimos jugar de nuevo.