El rey de la raspadura

Categoría: Especiales
Escrito por Roque Vila / Foto: Juan Carlos Roque Alonso
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En una esquina de la terminal interprovincial de Bayamo, mientras me aburría esperando un transporte hacia Santiago de Cuba, descubrí algo especial, entre las disimiles ofertas con las que los cuentapropistas compiten para atraer clientes, hubo una que me llamó la atención por la gran demanda y sobre todo porque una vez saciada la curiosidad de mi paladar descubrí una historia que gracias a los avatares del periodismo comparto con ustedes.


El producto tan demandado no era más que raspadura de caña, un dulce típico en nuestra región, pero lo que la hacía sobresalir era su aderezo con semillas de ajonjolí, que le brindaban un contraste de sabores que hacen al más entendido en materia dulcera, querer repetir otra ronda.
Luego de probarla claro está y de olvidarme por algunos momentos del transporte que no llegaba, abordé al vendedor ambulante, presentándome como periodista, a lo que el aludido respondió que traía las raspaduras desde el poblado de Baire en el municipio de Contramaestre y que su productor era un joven de unos escasos veintitantos años.
No sé si mi sentido del gusto o la vocación periodística me hicieron cambiar el rumbo en ese instante y como preguntando se llega a Roma y más si indagamos con los cubanos, llegué al lugar conocido como La Salada, un barrio a la entrada del poblado de Baire y tomando el camino a la cooperativa local, por sendas bordeadas de caña de azúcar y matas de mango, logré dar con la casa de Héctor Manuel Tamayo Moreno, el responsable de la raspadura que tan buen efecto causaba en las calles bayamesas.

Luego de las presentaciones pertinentes, conocí a este joven graduado de técnico medio en mecánica en el politécnico América Libre, que comenzó a fabricar el dulce casero para poder solventar sus viajes a la escuela y que casi sin querer descubrió que no fue tan al azar, porque es el continuador de una tradición familiar que le llega por su bisabuela paterna que era dueña del trapiche en el que hoy se produce el cotizado dulce y que data de más de 100 años.
La finca familiar donde cultivan la caña para hacer la confitura, fue adquirida por sus antepasados fabricando y comercializando raspadura y muchos de los procedimientos que Héctor Manuel emplea los aprendió equivocándose y escuchando a sus mayores, como fiel continuador de una tradición artesanal que hace las delicias en toda esta zona.
Como buen maestro no me develó todos sus secretos, pero muy puntual señaló que la caña del primer corte no da un buen producto y que siempre hay que echarle jugo de naranja para que no se azucare, velando por la pureza del guarapo hasta que se concentra y a una determinada temperatura se bate en un molde de madera, cocinándose en una caldera tan antigua como la misma tradición del proceso creador de la raspadura.
Asociado a la UBPC 24 de Febrero, el monarca de la producción de raspadura tiene sembrada una hectárea de ajonjolí, de la que espera de 10 a 11 quintales, para darle el toque distintivo a su producto, al que piensa aderezar en un futuro con otros sabores como la guayaba o el mango.
El rey de la raspadura sueña en grande y busca el apoyo de las autoridades de su localidad para llevar su producción a la ciudad de Santiago de Cuba, lo que según mi gusto sería del agrado de toda la población, porque calidad y buen sabor es lo que le sobra a este dulce hecho por un joven que continúa una tradición de más de un siglo.
Cosas de la vida que me hicieron llegar más tarde a mi destino, pero con varias raspaduras en la mochila y esta historia de alguien que endulza la vida de muchos desde un pequeño rincón de tierra en el poblado de Baire.

Comentarios   

#1 I. Rivera 02-07-2017 09:35
Lo más saludable de este dulce es el ajonjolí! Tanta azúcar es muy dañino para el organismo.
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