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La impronta del Benny Moré en Santiago de Cuba

bennymoreimprontaSeguidores no. Más bien AMANTES, así en mayúsculas, de la música del Benny Moré en esta ciudad sur oriental de Cuba celebraron el 98 aniversario del también conocido como Bárbaro del Ritmo.

El motivo del agasajo a la memoria del Sonero Mayor fue la relación tan estrecha que siempre mantuvo Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez (como se llamaba realmente el cantante) con esta localidad.

En el ingeniero Elio Gil Fernández tuvo la efeméride a su más ferviente organizador. Es difícil encontrar en Cuba a alguien cuya admiración por el Benny supere a la de Elio. 

Moré nació el 24 de agosto de 1919 en San José de las Lajas, en el centro sur del país, y falleció a los 43 años en La Habana,  el 19 de febrero de 1963, cuando ya había escalado el punto más alto de la  popularidad. Sencillamente –como dijeron en el conversatorio--  era y es aún un ídolo para el pueblo cubano.

La antigua Casa del Té, en la intersección de las calles Aguilera y San Pedro, frente al céntrico Parque Céspedes y a un costado del emblemáticfo edificio del antiguo Ayuntamiento, fue el escenario escogido para la reunión.

Durante la tertulia se escucharon canciones del Bárbaro del Ritmo, hubo videos de actuaciones suyas, y muchas anécdotas y esbozos biográficos.  

Participaron Elio Gil y su familia, Lorenzo Jardines, promotor cultural y narrador oral; los músicos Porfirio “Fico” Mariol, exdirector de “Karachi”, y  Alejandro Almenares, guitarrista y maestro de trovadores, y el ejecutivo de espectáculos, Felipe Agüero, además de otros organizadores e invitados.

Gil Fernández reseñó brevemente la vida de Bartolomé Maximiliano. Recordó, cómo a solicitud de Fidel cada jueves el Benny actuó en Varadero para los jóvenes alfabetizadores. “Ya usted está haciendo bastante por Cuba; lo único que le pido es el transporte para el traslado de los músicos y los instrumentos”, le dijo el cantante al Jefe de la Revolución. Y nunca faltó un jueves. Así lo hizo también, gratuitamente, al inaugurarse las 8 000 taquillas.

“En varias ocasiones quisieron comprar al Benny con fabulosas ofertas para que dejara su Cuba y él nunca traicionó a su Patria. Aun su grandeza era muy sencillo, humilde, y buen revolucionario.”

Explicó Elio Gil, que de 1950 a 1962 el artista estuvo reiteradamente en Santiago de Cuba. “Vivió aquí, de lo que fuimos testigos yo y Miguel Villalón, ya fallecido”, añadió el Ingeniero.

“Frecuentaba áreas de Trocha, Santa Úrsula, Martí. En Trocha y Barracones existía el bar El Modelo (tenía un billar) y allí muchas veces el Benny cantaba a capella números de su repertorio.

“Villalón lo conoció en el Teatro Rialto. Allí cantaba con la orquesta de Mariano Mercerón, de Santiago de Cuba, en un programa  llamado De fiesta con Bacardí, que salía al aire por la Cadena Oriental de Radio, junto con Fernando Álvarez y Pacho Alonso, que eran las otras voces de la agrupación. El Benny quiso llevárselo para La Habana, para su orquesta, pero Miguel declinó la invitación. No obstante se llevó tres músicos.

Alguien recordó las exclamaciones de Fernando y Pacho cuando escucharon a Bartolomé Maximiliano: ‘¿Nosotros somos cantantes? ¿Y ese qué es entonces?’

“Yo lo vi cantar en 1957 en un bar de propiedad de Francisco Chang, en Trocha, entre Corona y Santo Tomás. En 1959 con el triunfo de la Revolución, él y su orquesta actuaron en la Universidad de Oriente en el mes de febrero, alternando con la orquesta Los Taínos, dirigida por Daniel Guzmán.

“La última presentación del Benny en Santiago de Cuba fue en 1962 en el área de Carretera del Morro y calle 3 (lo que hoy se llama el termómetro de la música popular cubana). El 19 de febrero de 1963 falleció en La Habana el Bárbaro del Ritmo.”

A Gil se unió en el anecdotario Lorenzo Jardines. Se auxilió de su libro sobre Electo Rosell “Chepín” y otro en preparación referido a Pepín Vaillant. Recordó pasajes del vínculo artístico entre Maximiliano y Miguel Matamoros quien al oírlo por primera vez le dijo ‘Cantas casi parecido a mí’.

El Benny no sabía música de academia pero indiscutiblemente era un genio musical. En relación con armonías y arreglos tuvo sus encuentros con Matamoros y optó por salir del grupo. Asimismo le pasó con Dámaso Pérez Prado y siguió igual camino.

De hecho, lo mejor que le pudo pasar fue armar su propia banda, “su tribu” como él le decía. Y es bien conocido el empaste portentoso que logró con sus músicos, a quines dirigía lo mismo con el bastón, el sombrero, un pasillito, un gesto, o su peculiar exclamación, que con el tiempo les copiaron otros cantantes cubanos y extranjeros.

“Fico” Mariol sumó: “Tenía una condición vocal excepcional… todos los registros, de arriba abajo. No hay comparación posible”.

Un célebre de la guitarra y la trova, Alejandro Almenares, se paró y a modo de clausura sentenció: “Fue y es el más grande. Se acabó”.

En verdad, faltó decir, que también por iniciativa de Gil Fernández, con el apoyo de instituciones, se espera ubicar un pedestal con una tarja en la avenida 24 de Febrero, la famosa Trocha, esquina a calle 4, sitio donde también el Benny “descargaba” asiduamente cuando venía a Santiago de Cuba. Iniciativa loable que de materializase, sumará más realce a la famosa vía del Carnaval Santiaguero.

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