Periódico Sierra Maestra

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Una Mañana color esperanza

marti santiago de cuba

Cuántos sitios y vivencias se convierten en tesoros personales, Cuantas veces ha asistido a un encuentro con la Patria, sin que nadie le convoque; repase usted ese archivo personal que llamamos memoria y no me dejará mentir.


Celebrar, homenajear, rendir tributo, se ha convertido en tradición para cubanas y cubanos; por eso no son pocos los santiagueros que sin ser citados, participan, cada Mañana de la Santa Ana, en el asalto simbólico al otrora cuartel Moncada; otros asisten el 30 de Julio a la peregrinación de Frank; también centenares de familias se reúnen los 31 de diciembre a las doce de la noche en el Parque Céspedes, para desde allí escuchar el himno Nacional y ver izar la bandera cubana.
Sin embargo, yo tengo una predilección especial por otro hecho; desde pequeñita con las luces del alba, mi madre solía despertarme para juntas asistir a un momento grandioso.

fidel asalto moncada
Cada 30 de Noviembre entre ráfagas y pioneros que asaltaban la aurora, era evocado un suceso que la historia recoge como el Alzamiento armado de la ciudad de Santiago de Cuba, pero que más allá de su connotación militar, sirvió para que se vistieran por vez primera las calles de verde olivo y para que tantos jóvenes que anhelaban la libertad, lucieran el brazalete rojo y negro del Movimiento 26 de Julio.
Así crecí, rindiéndole tributo a Tony Alomá, Pepito Tey y Otto Parellada, realizando la guardia de honor frente a la tarja, donde sendas ofrendas florales en nombre de Fidel, Raúl, el Consejo de Estado y de Ministros, familiares y el pueblo de Cuba, siempre acompañan la jornada.
Crecí emocionada ante los pechos repletos de medallas que asistían a la cita; hombres y mujeres de blancas cabelleras y pasos cansados, que tienen más que años vividos toda una vida entregada a un nombre: Revolución.
Mi generación no vivió el alzamiento ni conoció a Frank País; fue formada por padres y abuelos en ese amor infinito a la Patria y a sus mártires, aprendimos por herencia a defender lo nuestro, conocimos y no solo por la poesía del cubano Waldo Leiva, que no hubo piedra que no fuera lanzada al enemigo o pedestal de un héroe, que ventanas y puertas estuvieron siempre abiertas al caminante y también al joven clandestino, y que el verde olivo, más que el color de la guerrilla, fue desde entonces el signo de esperanza.
A mi generación hoy le toca una tarea suprema, motivar en los niños y jóvenes ese amor por la gloria vivida; porque mientras más lejos en el tiempo están las fechas, debemos acercarnos a estas historias. La escuela y el hogar siguen siendo grandes pirámides donde se afianza el porvenir.

fidel almeida
Al dormir a mis pequeños entre los cuentos de Cenicienta y Pinocho, intento hablarles de Martí, de Maceo y Fidel, viajamos en el Granma, cantamos junto a Almeida La Lupe, subimos a la Sierra en busca de Camilo y Che. Solo así no faltarán jamás entre sus manos flores para los héroes.
Se avecina otro 30 de Noviembre, 61 años después, desde los balcones, en puertas y ventanas, estarán las banderas cubana y del 26 de Julio, ejemplos de tradición y patriotismo.
Los santiagueros volveremos a vestir de rojo y negro, y desde ese rincón sagrado de El Tivolí asistiremos a otro encuentro con la historia, que es sin duda, la mejor manera de honrar a quienes lo dieron todo por nuestra libertad, el tesoro más preciado de cada cubano.

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