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“… La idea de que él está ahí nos fortalece cada día”

Categoría: Especiales Escrito por M.Sc. Miguel A. Gaínza Chacón Visto: 450

1 Eduardo Rodriguez RodriguitoPor el nombre de Eduardo Rodríguez Ernesto poca gente conoce a este hombre, vecino de calle I, Sueño, en la ciudad santiaguera, que en nada aparenta los 79 años que carga en sus hombros. Pero si uno dice “Rodriguito” entonces sí lo identifican con rapidez, especialmente los constructores.

De Alto Cedro, cerca de Birán, lo inscribieron en El Cobre, y a los 5 o 6 años viene a radicarse con la familia a Santiago de Cuba. 

Estudió en la Escuela Activa hasta el 3er. grado; luego en la Escuela Videaud, para alistar su entrada al Instituto de Segunda Enseñanza. Pero deja las aulas y empieza a trabajar en una fábrica de pantalones, en la calle Gallo, cerca del hogar.

Cuando en 1954 empieza a levantarse la refinería de petróleo, al otro lado de la bahía, Rodriguito --porque al padre todo el mundo le decía Rodríguez- es uno de los jornaleros de la Compañía Diamante; en 1957 está en Moa, edificando un objeto de obra en la planta de Niquel; después labora en la carretera que uniría al exclusivista Ciudamar con la entonces Fábrica de Cemento Titán. Padre e hijo son parte del Movimiento 26 de Julio y el 3 de abril de 1958, poco antes de la huelga, José Rodríguez “El Negro” alerta a Rodríguez: “Van a registrar la casa”. Se mueven rápido, sacan las armas y los papeles comprometedores, y clandestinamente se van en un barco de los Babún hasta la Base Naval de Guantánamo, donde enseguida contactan con los revolucionarios cubanos que laboran en el enclave norteamericano.

2 Rodriguito agachado explica a Fidel sobre el plano Continúan sus actividades del Movimiento 26 de Julio en la Base: sacar armas, parque, y gasolina de avión para los aparatos del Ejército Rebelde.

El capitán José Rodríguez González, el padre de Rodriguito, realiza secretamente cinco misiones aéreas desde Miami a Mayarí Arriba, mientras que el hijo continúa el trabajo del Movimiento en la Base, hasta el triunfo de la Revolución.

En Santiago de Cuba, el joven se convierte en soldado de la Fuerza Aérea Revolucionaria que dirige el padre. Rodriguito atiende los aviones, en especial el “Sierra Maestra”, un DC-3 del Comandante en Jefe; después se hace piloto y vuela con jefes del Ejército Rebelde.

Pilotaba una avioneta Pipper, y un Cessna 145, un avión “de viento cruzado”, un aparato que al aterrizar, el viento podía estar en cualquier dirección, que el tren de aterrizaje no se movía; “lo que se movía era el 'tabaco', era difícil. Mi papá me enseñó”.    

Cuando se licencia de la aviación, retorna a la Compañía Diamante y más tarde pasa al Micons, el sector del que nunca se desligó.

Ya es civil cuando se produce el ataque a los aeropuertos cubanos, preludio de Playa Girón. No lo piensa dos veces y va para el aeródromo santiaguero, que está en llamas por el bombardeo enemigo. Una rastra-cisterna de combustible está al lado de un avión incendiado y en un acto de suma valentía, Rodriguito se sube al vehículo, lo arranca y lo saca de allí hasta el entronque con la carretera de Ciudamar.

En el sector constructivo hace de todo: chofer, inspector, inversionista; jefe de abastecimiento del Micons, delegado del Micons en Las Tunas, hasta que lo mandan a buscar desde Santiago de Cuba para dirigir la Brigada 32 de la ECOI-11 en la que asumirá una tarea monumental: levantar el Combinado Textil Celia Sánchez Manduley, una obra trascendental para Rodriguito porque allí, por primera vez, conoció personalmente a Fidel y habló con él, algo imborrable en la memoria del entonces joven pero experimentado constructor.

Con él comenzaron la aventura, el jefe técnico, Joel Vidaux; el segundo jefe, José Antonio Pérez Villa, y el inversionista, Miguelito Sarmiento.  

3 Fidel Hart Rodriguito y SarmientoLuego fue jefe de abastecimiento de la ECOI-11 y cuando un hermano suyo piloto, fallece en Angola en un helicóptero, pide ir al  pueblo africano, y va en 1986 como parte de la Uneca; regresa para ir entonces a Haití en el 2000, a la reparación de la fábrica de cemento; después se jubila, pero cuando viene la ayuda solidaria de Ecuador para levantar viviendas en una zona del centro urbano Abel Santamaría, Eduardo vuelve a las tareas de constructor, como parte de un pequeño grupo de especialistas cubanos.

Ahora, en el primer aniversario de la muerte de Fidel, Rodriguito evoca aquel encuentro con el Comandante en Jefe en medio de un inmenso terreno en la antigua finca Caimanes, al oeste de Santiago de Cuba, donde el 8 de noviembre de 1975 un “buldózer” dio el primer “hocicazo” a la tierra.  

“Fidel llegó por la mañana. Estábamos en pleno movimiento de tierra. Le explicamos todo lo referente al trasiego de tierra vegetal que había que extraer para tirarla luego en una depresión del terreno.

“Él quería saberlo todo y lo preguntaba todo. Le narré cómo hicimos una tolva de hierro allí mismo, con un embudo: un tractor arriba picando y otro empujando. Los camiones después que descargaban el “vegetal” se metían abajo y se iban cargados de material bueno para ir haciendo el relleno. Cuando Fidel vio la solución que buscamos nos felicitó por eso y nos dijo:

'Eso que ustedes hacen es muy bueno, porque ahorra combustible y se le da una utilización doble a los camiones'.

“En detalle le explicamos al Comandante en Jefe todo lo concerniente al movimiento de tierra. Él analizó cada planteamiento nuestro, reflexionó en las cuestiones que señalamos y determinó:

'Ustedes tienen apreciaciones que deben discutir con los soviéticos. Así que prepárense tú -le dijo a Rodriguito- y el ingeniero, para que vayan a la Unión Soviética.'

“Fuimos a la URSS… estuvimos allá 35 días y regresamos con varias cosas solucionadas.

“Pero, fíjate como era Fidel: allí mismo sobre la tierra, porque en el lugar donde estábamos parados no había mesa pero se dominaba toda el área, desplegamos un plano de la obra, y él a cada instante: 'Esto ¿qué es?' '¿Y aquí qué va?'

“Le fui detallando cada aspecto que me preguntaba sobre el movimiento de tierra y de momento pregunta: 'Y la comida de los obreros ¿dónde la cocinan?'

“Tuve que explicarle que habíamos levantado una nave para los cocineros, y que allí mismo acondicionamos un lugar para que los obreros comieran; que tenían agua fría; que todo en ese sentido estaba muy bien montado.

'¡Ah bueno!, así está bien', dijo. Y es evidente que quedó satisfecho con la atención a los obreros.

“A Fidel había que informarle siempre la marcha del cronograma. Él siguió cada detalle hasta el final. Los santiagueros y toda Cuba se acordarán cómo se trabajó en la construcción de la textilera. Era una obra inmensa y siempre que nos referíamos solo a la nave de hilandería y tejido, yo decía 'es una caballería de tierra techada y climatizada' .

“El 27 de julio de 1983 volví a ver a Fidel. Vino a inaugurar el Combinado Textil; lo acompañaban Maurice Bishop, Tarasov, ministro de la Industria Ligera de la Unión Soviética; Flavio Bravo, representante de la Industria Ligera cubana; Sarmiento, el inversionista… Al Comandante en Jefe se le veía feliz y así le habló a esa enorme concentración de gente que asistió al acto. Y claro, allí estábamos quienes construimos aquella industria, orgullo para Cuba, donde una tarja recuerda la fecha inaugural y la participación de todos nosotros.

“Cuando Fidel murió, recordé -y aún recuerdo mucho- aquella conversación con él. Como sabía de la construcción; como intuía el mejor camino. En verdad… como toda Cuba sentimos un inmenso dolor por su muerte. Pero enseguida nos reconforta la idea de que él está ahí, bien cerca de nosotros; que nos sigue guiando con su ejemplo, sus enseñanzas; que lo hecho por él a favor de la especie humana es la obra más grande que puede realizar cualquier hombre. Y eso nos fortalece, nos anima cada día.”

“…habrá que recordar siempre a los constructores…”

. Fidel en la inauguración del Combinado Textil Celia Sánchez Manduley, el 27 de julio de 1983

Aproximadamente, en la misma fecha del 30. aniversario del asalto al cuartel Moncada fue inaugurado el Combinado Textil Celia Sánchez Manduley, en Santiago de Cuba. Habían transcurrido cerca de ocho años desde que el 8 de noviembre de 1975 se iniciara el movimiento de tierra.

Fue una obra portentosa, seguida prácticamente tramo a tramo por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Produciría 80 millones de metros cuadrados de tejidos terminados.

La desaparición de la Unión Soviética y del campo socialista en Europa malogró que se alcanzara dicha meta productiva pero quedaron las instalaciones y parte del equipamiento donde hoy decenas de

nosotros; que nos sigue guiando con su ejemplo, sus enseñanzas; que lo hecho por él a favor de la especie humana es la obra más grande que puede realizar cualquier hombre. Y eso nos fortalece, nos anima cada día.”

“…habrá que recordar siempre a los constructores…”

. Fidel en la inauguración del Combinado Textil Celia Sánchez Manduley, el 27 de julio de 1983

Aproximadamente, en la misma fecha del 30. aniversario del asalto al cuartel Moncada fue inaugurado el Combinado Textil Celia Sánchez Manduley, en Santiago de Cuba. Habían transcurrido cerca de ocho años desde que el 8 de noviembre de 1975 se iniciara el movimiento de tierra.

Fue una obra portentosa, seguida prácticamente tramo a tramo por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Produciría 80 millones de metros cuadrados de tejidos terminados.

La desaparición de la Unión Soviética y del campo socialista en Europa malogró que se alcanzara dicha meta productiva pero quedaron las instalaciones y parte del equipamiento donde hoy decenas de entidades, almacenes, fábricas… le han dado un nuevo sentido a la “textilera” como conocen los santiagueros a la “Celia Sánchez Manduley”.

Quedaron también para la historia, la proeza de los “cascos blancos”; el trabajo de miles de hombres y mujeres vinculados a esa industria, y aquellas palabras de Fidel, cuando dijo:    

“Los proyectos de este combinado se realizaron en tiempo, los equipos fueron suministrados y aquí tenemos el combinado terminado. Ha sido realmente una gran obra, refleja un gran mérito, digamos, la proeza de la Empresa de Construcciones Industriales No. 11. Trabajaron 1 500 obreros de promedio y en cierto momento alrededor de 3 000 obreros.

“Es realmente una obra de gran dimensión, de bastante complejidad, por todos los problemas de la climatización, los túneles que lleva, diversos tipos de equipos, y ha sido concluida la obra con una gran calidad. De modo que habrá que recordar siempre a los constructores que de aquí marchan a otras industrias y después a otras, pero que van dejando a su paso esta hermosa huella de obras concluidas.”

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