Periódico Sierra Maestra

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Un montón de esperanzas

año nuevo

Curioseando en Internet sobre las maneras en que la gente celebra las festividades de fin de año, encontré cosas graciosas e inimaginables. Desde la costumbre danesa de romper la vajilla contra las paredes de la casa de los amigos y familiares; el lanzamiento de muebles y electrodomésticos por las ventanas en Sudáfrica; hasta el “estoicismo” de los groenlandeses que cenan kiviak un plato hecho con carne cruda de un ave acuática llamada alca, que se macera 7 meses antes en piel de foca.


Lo cierto es que para atraer buenas energías, amor y prosperidad las personas realizan las más diversas acciones. En materia de ropa hay para escoger: mientras aquí vestimos ese día lo mejor del armario, y preferiblemente de estreno, los brasileños usan ropa blanca para alejar los malos espíritus; los venezolanos se ponen ropa interior amarilla para tener dinero todo el año y las mujeres filipinas llevan vestidos de este color llenos de lunares para que la redondez atraiga la buena fortuna. Otros, más románticos prefieren el color rosado para que no les falte el amor, como sucede en Argentina.
Si de comer o beber se trata, tenemos que mencionar al pueblo de Estonia, que para asegurarse una mesa repleta de comida durante el año siguiente, tratan de ingerir alimentos de siete a 12 veces el día 31 de diciembre. Los españoles son más frugales: comen 12 uvas al ritmo de las 12 campanadas que suenan en la Puerta del Sol; y en Rusia a medianoche, algunos beben cenizas en champagne, tras quemar un papel en el que han escrito un deseo que esperan se cumpla en los próximos meses.
Hay lugares donde se dan saltos, o la gente sale corriendo a ver quien atraviesa primero alguna puerta, o se evita que una niña pelirroja sea la primera en salir de casa porque es de mala suerte. El caso es que en cada latitud estas son jornadas especiales.
Y qué decir de los cubanos. A casi todo el mundo le gusta el “ritual” del cerdo asándose en la púa, el congrí, el ñame, los buñuelos y la ensalada. Pero más que comer, lo divertido es que toda la familia y los buenos amigos se reúnan en casa. Unos preparan la comida, otros reparten bebidas, algunos hacen chistes y salen de rato en rato a saludar a los vecinos, a desear salud en primer lugar porque lo demás ya vendrá.
En esta tierra caribeña tenemos nuestras propias tradiciones y otras que compartimos con varios pueblos de América. Como los boricuas, a las doce de la noche del primer día de año nuevo, muchos cubanos abren la puerta para lanzar agua; y otros -al estilo de los chilenos- salen a pasear con una maleta vacía por el barrio para atraer los viajes y la prosperidad.
Cada uno elige el modo de iniciar el año; hay quien prefiere la soledad y el recogimiento por la pérdida de algún ser querido; quien lo pasa en el trabajo añorando la festividad y el bullicio de la casa; o quien celebrará desde lejos y llamará a las 12 para que los de aquí reciban sus abrazos, sus besos... en fin, para que los recuerden con la esperanza de poder verse otra vez en el año que comienza.
Pero costumbres más o costumbres menos, con brindis o en silencio, con alegrías o tristezas, todos esperamos que la vida nos depare un período mejor; que tengamos muchísima salud para luchar por nuestros proyectos y por la familia. Eso es lo agradable de estas fechas, que la mayoría se propone metas, examina lo que salió mal y se reinventa para no fallar la próxima vez.
Sin intención de filosofar, creo que vivir es un regalo. ¿Que implica sacrificios?: es verdad; ¿que afrontamos carencias?: también es verdad; pero incluso así cada nuevo año es una puerta abierta y cada nuevo día será una oportunidad para sacudirnos los lastres y echar ´palante con un montón de esperanzas.

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