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De lo extraordinario, el doctor Arza

Dr

Que a los 72 años, ya jubilado y aquejado de cáncer de pulmón y de colon con metástasis en el hígado, un hombre continúe trabajando, es muy inusual; máxime cuando, ante la necesidad de operar para extender su vida, este posterga la cirugía y -aún sufriendo las consecuencias de la enfermedad- se mantiene laborando con la dedicación de siempre.


No viene al caso hablar de dinero, no hay salario que pague tanta consagración; solo una fortísima voluntad y un profundo amor a la vida pueden impulsar lo extraordinario. Ese es el doctor Gilberto Rafael Arza Álvarez, el médico santiaguero que, tres días después de someterse a una intervención quirúrgica, nos concedió una entrevista.
Sierra Maestra lo encontró en su centro de trabajo, el Hospital Clínico Quirúrgico Dr. Juan Bruno Zayas, donde ahora se recupera. A pesar del dolor, nos habló de sus motivaciones para sobreponerse a las dificultades y continuar ejerciendo la profesión:
“A mí toda la vida me ha gustado la medicina. Indudablemente yo he vivido para mis pacientes, hago mi trabajo en función de ellos y me siento satisfecho. ¿Me ves así, como estoy? Pues cuando me pare de aquí -dice refiriéndose a la cama del hospital- voy a volver a atender a mis pacientes y a impartir la docencia... porque yo sé que me necesitan, ellos me lo han dicho. Lamentablemente esta situación me ha impedido hacer mucho más.”
Hace 45 años, el doctor Arza era un joven recién graduado de la carrera de Medicina -que había cursado de 1967 a 1973, siendo presidente de la FEU de la Escuela de Medicina (actual Facultad No.1 de Ciencias Médicas).
Entonces no imaginaría el joven galeno que, tras cumplir el servicio social en Palma Soriano, la dirección provincial de Salud Pública lo ubicaría en el Hospital Clínico Quirúrgico Ambrosio Grillo, donde se especializó en Urología y asumió -además de la asistencia- diversas responsabilidades administrativas y sindicales.
“Allí fui vicedirector de Urgencias, vicedirector Facultativo y vicedirector Técnico; además fungí como secretario organizador del Sindicato por muchos años y me hice militante del Partido por elección de las masas. Todo esto con buenos resultados de trabajo. Junto con el doctor Jorge Isaac Rondón fui fundador del servicio de Urología”, precisó.
Entre 1980 y 1981 cumplió misión internacionalista en África Subsahariana, y a su regreso al país, es designado como jefe del departamento provincial de la Cruz Roja, cargo que desempeñó durante 23 años.
En la comunidad médica santiaguera es muy reconocida su gestión al frente de la Cruz Roja, de la que es fundador en Santiago de Cuba. Sobre las experiencias en esa labor el galeno recordó:
“Viví jornadas muy intensas, como las que se produjeron durante la batalla de nuestro pueblo por el regreso del niño Elián González; participé en el aseguramiento de todas las tribunas abiertas y actividades de masas que se realizaron en la provincia, algunas con la presencia de grandes personalidades cubanas y extranjeras.
“También participé en tareas de la Defensa Civil ante la ocurrencia de fenómenos naturales y otras situaciones de emergencia.”
Especialista de segundo grado en Administración de la Salud, este urólogo ha sido también profesor de varias generaciones de médicos. Desde 1979 hasta la actualidad ha trabajado como docente y ostenta la categoría de Profesor Asistente en Urología de la Universidad de Ciencias Médicas.
En los últimos ocho años el doctor ha laborado en el “Clínico”, donde funge como jefe del grupo básico de Urología y realiza la consulta de Cáncer de próstata, a pesar de que es jubilado desde 2013. Después de 45 años de ejercicio, tiene mucho que enseñar todavía no solo por sus conocimientos científicos, sino por la ética:
“Lo primero que tiene que hacer un médico es atender a sus pacientes como le gustaría que lo atendieran a él. Si quiero el bien para mí, tengo que darle a mis pacientes el bien que quiero para mí.
“Segundo: hay que ser complaciente en el sentido de escucharlo, saber qué quiere, qué siente el paciente, es la única forma de conocer su vida y lograr un tratamiento efectivo. Mi lema es que el 50% del tratamiento se logra con atención, cariño y psicoterapia.”
Esa sensibilidad humana, que aprendió de sus padres Gilberto y Bertha, lo hace una persona especial.
“A mí lo que me gusta es trabajar y hacer el bien a mis compañeros, a mis pacientes... la vida me ha demostrado que cuando actúas de esta manera, recibes los frutos del bien que has hecho” –dijo visiblemente emocionado; y relató que en el día recibe decenas de visitas de colegas y pacientes preocupados por su salud.
Una frase recurrente en el diálogo fue “no he hecho más porque la salud no me lo ha permitido”. Lo dice precisamente un hombre que fue alfabetizador, empleado de Obras Públicas, machetero en zafras azucareras, que ha trabajado en diferentes programas de la Revolución, ha brillado en importantes eventos científicos nacionales e internacionales, ostenta un sinnúmero de distinciones y medallas; pero sobre todo, ha sido un médico admirable por su competencia y por el respeto y dedicación a los enfermos.
Sin embargo, Arza es de esa gente excepcional que no se deja vencer y cree haber hecho menos de lo que debía. Definitivamente, las personas así son inusuales, y existen para inspirar a los demás. Es difícil captar el espíritu incansable, la sencillez y la sabiduría del médico que lucha por seguir disfrutando de sus cinco hijos, del amor de su esposa Maylen, de su pasión por la asistencia y la docencia... en fin, que lucha por la vida.
Sirvan estas líneas para reverenciar, de lo extraordinario, al doctor Arza.

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