Los curanderos del pueblo

Categoría: Especiales
Escrito por José Carlos Roque Vila y Wilfredo Reyes Vila (Estudiante de Sociología de la UO) / Fotos: Roque Vila y Júcaro Producciones
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Cuba es una potencia mundial en materia médica, la calidad y profesionalidad de sus serviciosson incuestionables, avaladosdentro y fuera del país. Lasalud del pueblo es una de las principales conquistas de laRevolución, pero las personas, aún en tiempos de modernidad, siguenacudiendo a algunas consideradas como sanadoras de ciertos males comunes como el asma, el empacho, la seca, la culebrilla o culebrina, la erisipela o disípela, orzuelos, las hernias y otras afecciones, en estos casos siempre resalta un personaje, el curandero.


A lo largo y ancho de la isla podemos encontrar a estos doctores populares, que de forma natural y autodidacta atienden diversos males arraigados en la tradición popular, cada zona del país con su forma y su historia propia de combatir estos padecimientos.
Mucho se ha escrito sobre los curanderos populares y autores como José Seoane Gallo en su libro “El folclore médico de Cuba”, que vio la luz en 1988, editado por Ciencias Sociales, el artículo de 1982, titulado “La medicina popular cubana”, de Lydia Cabrera en la Revista de la Universidad de México y “Remedios empíricos recogidos en la antigua provincia de Camagüey” de Andrés Carreras Padrón, publicado en la revista Signos en el número correspondiente a julio-diciembre de 1982, han detallado algunos remedios arraigados en la creencia popular cubana y han aportado nuevas aristas a la forma en que desempeñan su labor los curanderos.
Por ejemplo en el caso del empacho o indigestión, en una investigación realizada por especialistas del Departamento de Estudios Socio-Religiosos de la Academia de Ciencias de Cuba, se pudo comprobar que en Sancti Spíritus y Cienfuegos se acostumbra poner al enfermo de empacho una cebolla sobre el vientre, mientras se reza, por otra parte en Camagüey es frecuente hacer una cruz sobre el abdomen con una yema de huevo en la mano o en Santiago de Cuba donde es más común medir el empacho, averiguando si la persona tiene realmente “empacho”,se realizan mediciones desde cierta distancia hasta el ombligo del enfermo, en la que debe caber tres veces un tramo escogido, si la medición no da exacta, “hay empacho”.
Lo cierto es que la figura del curandero está tan impregnada en la cubanidad como el sentimiento mismo de la nación y seguirá existiendo en tiempos donde la ciencia acorta cada vez más los límites de la superstición.
Mediante las historias de tres curanderos populares y su humana labor,Sierra Maestrase adentra en esta materia.
El adivino del agua

Faustino El curandero del agua y el poder de sus botellas
Es temprano en la mañana,la cola es larga, llegan personas de todas partes con la fé como motor impulsor, la misma fé que salva, cura y mantiene las esperanzas puestas en la mejoría; incluso hay algunos que acuden por superstición o por corroborar si son ciertas las opiniones.
Al llegar su turno se sientan frente a una mesita en un humilde patio, donde un hombre de mediana edad los recibe con una sonrisa y les pide le entreguen una botella de agua clara, donde según asegura podrá ver los males que aquejan a los que llegan hasta él.
Faustino Vázquez Ricardo o el adivino del agua vive en un pueblecito llamado Babiney, a medio camino entre Bayamo y Holguín, pero consulta todos los miércoles en Baire y los sábados en Santa Rita, localidad de Jiguaní.
Él tiene una gran aceptación en todas las provinciasorientales y goza de excelente reputación no solo como curandero, sino como ser humano, quien con solo una botella de agua afirma tener el don de ver las enfermedades y preparar con la misma como base, remedios naturales para combatirlas.
Dice que el don lo obtuvo de su abuela, curandera igual que él, que le indicó las vías para sanar apoyándose en las bondades de la naturaleza y ver en el agua clara de las botellas lo bueno y lo malo.
Faustino invita a las personas a ir al médico, porque la medicina es la vía demostrada de la salud, pero también asegura que sus métodos son comprobados, pues exhorta a hacerse un ultrasonido con confianza, donde saldría lo mismo que ve en el agua de la botella.
El agua siempre debe ser de río o pozo, agua clara y pura donde se pueda ver los padecimientos.
El adivino del agua expresó: “Hasta el momento son 172 niños que han nacido resultado de los tratamientos de la infertilidad en la mujer que he realizado y hay especialistas en medicina que me han visto llegar a los hospitales a petición de los enfermos y han compartido conmigo sus experiencias y casos, porque yo digo lo que veo, si yo no veo nada en el agua no tengo porqué inventar para engañar a la gente...
Faustino añadió: “Hay que venir tres miércoles seguidos, porque a veces las personas tienen varias cosas y losque no sale en la primera botella, entonces sale en las otras dos o para estar bien seguros del diagnóstico y el preparado que les voy a indicar, porque siempre me gusta estar bien seguro; la salud de las personas es algo muy serio”.
El sanador de males diversos

Sobar o medir el empacho es un procidimiento muy arraigado en cuba
La madre sale con el niño en brazos del Cuerpo de Guardia del Hospital Alberto Fernández Montes de Oca del municipio San Luis, después de verse con el médico y de algunas inyecciones no se le baja la fiebre, en ese momento una enfermera le dice: “Llévalo a que lo soben que eso es un empacho.”
La recibe un hombre de complexión robusta y voz ronca, quien con excelentes modales la invita a pasar a su casa sin importar lo avanzado de la hora y tomando una toalla y un vaso de agua, procede a medirle el empacho y a recetarle un té para completar el tratamiento, bajando la fiebre del niño rápidamente.
Jorge Vila Rodriguez es una persona única, no cree tener ningún don especial, pero me cuenta que sobrevivió a la caída de dos rayos, uno cuando niño, escalando una mata de mamoncillo y el otro ya en edad madura cuando hablaba por teléfono, pero supone que todo comenzó en este punto.
Este sanluisero oriundo de la localidad rural de El Ají y graduado en Explotación del Transporte se dio cuenta, mientras cumplía misión internacionalista en Angola, de que podía sanar a otros quitándoles el empacho.
Luego comprobó que también tenía artes para cortar disípelas, empeines y orzuelos y también que era ducho en el tratamiento de enfermedades gastrointestinales y del asma, sobre todo en niños, cuyos padres manifiestan comprobar una rápida mejoría en los infantes después de los tratamientos.
Jorge expresó: “No soy médico ni mucho menos, aunque tengo una hija que se está graduando, pero me gusta ayudar a la gente, que se sientan bien, ver sus caras cambiar después de algún tratamiento y comprobar que pude ser útil, esa es mi mayor satisfacción...
...”sanar y los procedimientos que se aplican en los diversos casos, son cosas que no se aprenden, pero existen y a mi parecer son motivados por la fé de las personas y el deseo de hacer el bien, porque hay remedios que están tan arraigados en la creencia popular que son muy difíciles de negar...
La fertilizadora natural
Las mujeres que no salen embarazadas van a ella, sus remedios corren de boca en boca, receta preparados naturales que según muchas féminas aseguran, las pone en condiciones de tener la ansiada descendencia.
Miel de güira y otros ingredientes son los que manda Lidia Martínez Casanova, quien ha vivido toda su existencia en la carretera al cementerio, en Villa Blanca, municipio de San Luis, y cuenta con un record singular de haber acertado siempre en todos los casos de mujeres con dificultades para procrear, que después de tomar sus preparados han logrado el sueño de ser madres.
Trabajadora del Cementerio San Felipe de toda una vida, Lidia aconseja los medicamentos naturales ante cualquier tratamiento y hacerlo todo con fé en la mejoría y los buenos resultados, siempre con el objetivo de ayudar a mujeres y hombres con dificultades para concebir.
Esta curandera popular expresó: “Yo aprendí que si crees en algo con todas tus fuerzas entonces podrás tener voluntad sobre lo que deseas y serás protegido y salvado de todos los males.”
La ciencia detrás de lo popular
La Medicina Natural y Tradicional es una asignatura de obligada consulta en la formación de los médicos cubanos, donde se sustentan una serie de procedimientos que a lo largo de los años se han arraigado en la creencia popular, brindando conceptos donde la ciencia y la tradición de dan la mano.
La mayoría de los especialistas consultados para este trabajo coincide en que las bases de los tratamientos que brindan los curanderos populares son médicas, aunque destaquen por su sencillez y muchas veces por el halo de misterio que las cubren. Sus acciones tienen explicación dentro de esta rama de la medicina, basadas en la estimulación de puntos acupunturales y las propiedades químicas de las plantas que constituyen la base de los remedios caseros.
Lo cierto es que un pueblo como el cubano que puede presumir de unos de los estándares de salud más altos del mundo, seguirá acudiendo a los curanderos populares, porque creer está en la idiosincrasia del que nació en esta isla y los procedimientos de sanidad popular son tan nuestros como la forma de hablar o de comportarnos como nación.
Los curanderos populares son una parte del sentimiento del pueblo que define formas y creencias, sustentados por siglos de tradición y resultados que se han ido convirtiendo en leyendas que pasan de generación en generación, siempre con la salud de las personas como propósito.

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