
El periodismo en Cuba, como oficio, siempre ha sido convulso. No me refiero solo a las polémicas, debates o discusiones, imposibles de segregar de la profesión, sino también a los rugosos caminos por los que cientos de profesionales de la comunicación han transitado, durante siglos, para defender lo que aman.
Cada 14 de marzo, mientras celebramos el día de la prensa cubana, no podemos dejar de pensar en aquellos maestros, o “grandes figuras del periodismo” que, como bien se recuerdan desde que somos estudiantes, legaron formas consistentes de concebir y materializar la notica, apostando por un periodismo verídico, a pesar de la censura.
Sonia Amada Franco García, cubana ciento por ciento, y uno de los paradigmas del periodismo en Santiago de Cuba, con cálida acogida me recibió, hace algún tiempo ya, en uno de sus lugares favoritos, donde comparte el día a día con algunos de sus amigos. Y fueron precisamente sus anécdotas, locutadas con tal delicadeza, sin perder el convencimiento, las que me hicieron adorar más la profesión que, en aquel entonces, había comenzado a forjarse en mí. Esta entrevista va dirigida a su persona, obra y significado.
¿Cómo fueron sus inicios en el periodismo?
“Yo era estudiante de la escuela de periodismo Mariano Corona Ferrer, que era de un nivel secundario en Santiago de Cuba. Allí colaboré con una revista que era realizada por los alumnos de periodismo de la propia escuela. Posteriormente trabajé en el diario Surco, que en aquel entonces pertenecía al Segundo Frente. Al triunfar la Revolución se edita en Santiago, y más adelante es trasladado para Holguín, justo ahí concluí mi trabajo con este periódico.
Entonces, fui directamente para la radio, en una emisora local llamada Radio Santiago, que también tenía salida internacional. Luego, pasé a la emisora CMKW, ahí comencé a practicar locución, importante para todo periodista de la radio y televisión, hasta que tuve que ir a reforzar CMKC, que era la emisora provincial de mayor alcance, mucho más grande que la CMKW.
En CMKC ocupé el cargo de directora del medio por dos años, sin dejar de ejercer como periodista, siempre tuve ese planteamiento. En esta emisora estuve un buen tiempo hasta que se fundó la televisión, a la que me incorporé un poco después, y donde trabajé muchos años, hasta que fui a cumplir misión en la República Popular de Angola, colaborando como periodista y locutora de un programa en idioma español de la Radio Nacional de Angola. Después de jubilada he colaborado con las emisoras y la T.V, a pesar de mis limitaciones físicas.
¿Qué género periodístico prefiere desarrollar?
La crónica. Es un género muy difícil pero también uno de los más bellos, se le ha llamado el “género literario del periodismo”. Me gusta mucho porque uno puede reflejar sus sentimientos y las cuestiones intrínsecas, no solamente lo objetivo, sino también lo subjetivo.
Como periodista ha incursionado en muchos medios de comunicación, tanto en Cuba como fuera de ella. ¿Cuál ha sido su preferido?
Me ha gustado trabajar en todos los medios, pero para mí la radio es uno de los fundamentales y con mayor fuerza por su inmediatez, ya que llega a una mayor cantidad de personas. Aunque no esté uno dispuesto a sentarse a ver la televisión o a leer un periódico, este es mi preferido. Cada medio tiene sus cualidades, pero la radio llega a mucha gente, a grandes distancias y de inmediato, está comprobado en la cobertura de eventos y desastres. No por gusto el capitalismo en América Latina regaló radios a países que tenían muchos indios originarios, con una emisora, claro, la que les convencía a ellos que se oyera. Donde no llega la televisión y el periódico, llega la radio. La televisión tiene que contar con mayor cantidad de recursos y no puede ser tan inmediata porque precisamente el proceso para poner al aire los trabajos es mucho más largo y costoso.
¿Cree usted que la radio, como medio de comunicación, ha evolucionado en Santiago de Cuba en cuanto a la calidad de los trabajos periodísticos?
Sí, técnicamente ha evolucionado. De todas formas falta mucho, no solamente por la inmediatez, sino por otras características que debe tener. En este momento hay talento, existen muchos jóvenes y hay personas con bastante experiencia que supongo deben dar más de lo que hasta el momento ofrecen. Pero bueno, es un proceso evolutivo que necesita tiempo, esfuerzo y además apoyo. Esto último lo digo por el “eterno problema” que constituyen las fuentes. Que si casi nunca quieren dar la información, o que si están restringidas; es lo que yo llamo el síndrome del misterio. Aunque se han hecho ciertas leyes para poder ejercer un buen periodismo, no siempre esto se entiende, ni se cumple, a pesar de que se haya discutido hasta en los Congresos de la UPEC (Unión de Periodistas de Cuba).
¿Cómo llegó a convertirse en una buena periodista?
Bueno, yo siempre luché para desarrollarme como profesional de la prensa, porque era muy jovencita cuando entré a la escuela de periodismo. La práctica también fue fundamental. El estudiante que pase por los medios posee un gran adelanto, pues resume una serie de factores que necesita en su vida como profesional.
¿Qué diferencias ve usted entre la academia de hoy y el modo de enseñar de su época?
En la escuela de periodismo a la que yo asistí, de nivel secundario, todos los alumnos debían pasar por el periódico, además se daban muchas asignaturas prácticas. Ya cuando entramos a la Universidad teníamos el primer paso bien dado. Hoy se ha recuperado bastante de aquellas enseñanzas porque los estudiantes están pasando por los medios, pero hubo momentos en los que la Universidad permitía muy pocas prácticas. No creo que sea totalmente suficiente, pero, aun así, ha habido un gran adelanto en este sentido.
Se ha notado más la preocupación de los tutores y profesores a la hora de exigir la puesta en práctica de sus conocimientos. Durante este tiempo es que se define realmente, cuál es el medio idóneo para ejercer, el que más les gusta, con cuál tienen mayor afinidad o posibilidades, y eso va dando una medida no solo al estudiante, también a las instituciones (AIN, Radio, Televisión...)”.
El homenaje a estos verdaderos revolucionarios, se ha convertido en labor necesaria de nuestra generación. Por tanto, reconocer el arduo trabajo que durante décadas han desempeñado, es una forma simple, pero agradecida, de ennoblecer tanto sacrificio y dedicación, que aún beneficia con sus frutos.