Jubilada sí, retirada… jamás

Categoría: Especiales
Escrito por Odette Elena Ramos Colás / Fotos: de la autora
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Bárbara Espinosa. Profesora Jubilada. Santiago de Cuba

Amistad, entrega, consagración al trabajo, abnegación, responsabilidad, sencillez, modestia, ejemplo ante sus subordinados, respeto... estas son solo algunas de las cualidades con las que sus compañeros de trabajo definen a Bárbara Espinosa Prats, una de esas mujeres cubanas que ha dedicado su vida a hacer crecer a los demás.


Graduada como maestra de Dibujo Mecánico, en sus 41 años de labor, Bárbara ha transitado por varias instituciones de la Enseñanza Técnica y Profesional. Hoy, los trabajadores del politécnico “Viet Nam” de Santiago de Cuba, escuela que ha sido su casa desde 1995, se reunieron para despedirla; y es que con 60 de edad, ha decidido jubilarse porque ya los calendarios pesan y no se siente con las mismas fuerzas.
“En este centro me he sentido muy bien, porque me gusta trabajar, me gusta enseñar. El dibujo mecánico es muy interesante, es el primer paso para la confección de una pieza: para que el operario pueda realizarla, el dibujante tiene que ponerle lo mínimo, cada detalle para que ese futuro elemento no tenga dificultad.
“Me siento orgullosa de haber hecho todo lo que pude como maestra y de haberle respondido a la Revolución. Siento gran satisfacción por el deber cumplido, y agradezco de todo corazón a Fidel Castro, por haber guiado de forma tan acertada a los cubanos; por haberme permitido estudiar y graduarme como profesora.
“Eso me ha servido infinitamente no sólo para la formación de mi familia, sino en mi propio crecimiento como ser humano, en mi aprendizaje, en la formación de valores como la solidaridad, la disciplina, el patriotismo y lo que para mí es más importante: en el cumplimiento de la formación integral de los jóvenes de la Enseñanza Técnica y Profesional, donde siempre me he desempeñado.
“Siento además el placer de haber ayudado a la formación de muchos técnico-medios y obreros calificados en las distintas especialidades técnicas y de oficio, para que contribuyan al desarrollo de la economía y la sociedad cubana.
“Yo pienso que a un buen maestro, no importa la asignatura que imparta, no le puede faltar preparación y preocupación por dar una clase con calidad, siempre con el objetivo de que los alumnos aprendan. De acuerdo a la calidad con la que se imparta la clase, ese estudiante va sentir interés o no.
“Por eso, a las nuevas y futuras generaciones de educadores, les digo que como nuestra profesión es todo amor, deben impartir los contenidos de cada asignatura con mucha entrega y profundidad, para preparar hombres y mujeres para el futuro tanto en lo técnico como en lo social”, dijo emocionada la homenajeada.
Máster en Ciencias de la Educación, Bárbara Espinosa, ha recibido en estos años numerosos lauros, entre los que destacan: la Medalla por la Distinción Cubana; el Botón Lázaro Peña, por haber sido cuadro destacado de la sección sindical; reconocimiento por la labor desarrollada en apoyo a las actividades de los órganos locales del Poder Popular; y por su labor destacada en la preparación de los estudiantes en el Programa Educativo de Prisiones del año 2008.

Bárbara Espinosa junto a sus compañeros del Politecnico Viet Nam. Santiago de Cuba
El politécnico “Viet Nam”, es uno de los que en el territorio santiaguero se encarga de formar jóvenes en las especialidades de Servicio de Belleza y Confecciones Textiles en el nivel de obrero calificado; mientras prepara a varios estudiantes en distintos oficios, como: esterilización, auxiliar de cocina, albañilería, carpintería, chapistería, mecánico automotriz, electricidad, peluquería, entre otros.
Cuenta con una plantilla de 22 docentes, que no quisieron dejar pasar inadvertido el momento en que Bárbara Espinosa interrumpiera por primera vez en cuatro décadas su labor como docente. Sobre ella comentaron sus compañeros de tantos años:
“Bárbara es mi amiga. Llevo en esta escuela casi el mismo tiempo que ella, y por supuesto, comencé sin ninguna experiencia y encontré en ella la incondicionalidad, la ayuda, el apoyo. Es una persona que te dice las cosas como son, con dulzura pero con mucha exigencia; una combinación que la hace lograr lo mejor del trabajo.
“Siempre te da la mano y estoy segura de que lo seguirá haciendo. Hoy asumo la responsabilidad que antes era de ella y sé que cuento con su experiencia para lo que necesite”, expresó Nidia Herrera, profesora de construcción.
Por otro lado, Xiomara Castilllo, directora del politécnico, dijo: “Es muy buena compañera, amiga, muy consagrada al trabajo, militante, siempre predicó con su ejemplo personal; con muy buenas relaciones con los estudiantes, las familias, con los factores de la comunidad. Es responsable y muy laboriosa, siempre asistió a todas las actividades dentro y fuera de la escuela. Es ejemplo para este colectivo de trabajadores y para las nuevas generaciones de docentes que tenemos en nuestra institución.
Finalmente, Juan José Navarro, subdirector del “Viet Nam”, se refirió a Bárbara como “modesta, callada, tierna y al mismo tiempo exigente, más aún cuando se trata de luchar porque todo salga bien... Perseverante, enamorada de la vida, de su familia y por supuesto de su trabajo. Ha tenido la suerte de llegar a su jubilación sana, y con deseos de seguir, pero también con las ganas de darles a las generaciones que permanecen en la escuela sus mejores enseñanzas”.
Decía el Apóstol José Martí, que “cuando la mujer se estremece y ayuda, cuando la mujer se anima y aplaude, cuando la mujer culta y virtuosa, unge la obra con la miel de su cariño, la obra es invencible”; y esta es, sin duda, la obra que ha legado Bárbara a la sociedad cubana de hoy: infinidad de obreros que hacen crecer con sus manos este país, y otros que han seguido superándose hasta alcanzar carreras universitarias.
“Seguiré viniendo y ayudándolos en todo lo que pueda; me estoy jubilando, pero un verdadero maestro jamás se retira de su profesión”, dijo Bárbara Espinosa al despedirse, pensando tal vez en reincorporarse en breve; porque como expresaran sus compañeros, no habrá fórmula para sustituirla y recoger en toda su magnitud la impronta de su quehacer.
“Es que ha dejado una huella indeleble en los corazones de todos los que a diario compartimos junto a ella, cada jornada”, expresaron.

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