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REMEMBRANZAS DE UN PILOTO DE GUERRA

Categoría: Especiales
Escrito por Angela Santiesteban Blanco / Tomadas del libro Escuadrón y otros relatos
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Fotos de Eduardo tomadas del libro

“Los riesgos son las especias de la vida,
y estos son los instantes para los que vive un piloto ... ”
General Chuck Yeagel

Hace un tiempo conocí a uno de esos héroes anónimos que están en un parque, un ómnibus, una bodega u otro lugar, y no sabemos que pusieron el nombre de Cuba en alto cuando el deber los llamó a cumplir con una honrosa misión.
Uno de esos hombres es Eduardo González Sarría, piloto de guerra que cumplió misión internacionalista en la hermana República Popular de Angola y actualmente labora como Técnico de la Defensa en el Centro Internacional de Restauración Neurológica, en La Habana.
Eduardo es una persona carismática, jaranera y muy sincera; tuve la dicha de entrevistarlo y les confieso no fue nada difícil conversar con mi interlocutor, a pesar de su formación militar.

Eduardo Gonzáles el primero a la izquierda en curso de transición en 1977 en la URSS“Trabajo en el Centro Internacional de Restauración Neurológica para complementar la chequera. Me dices que hable del yo, pues mi yo está signado por la misión internacionalista, cumplí tres en Ángola.
“Formamos parte del primer escuadrón que llegó a ese país, en enero del 76 volamos por primera vez en acciones combativas; anteriormente solo era la teórica en el aula, pero allí empezamos a ver la realidad de una guerra, como fue conducir un avión en esa situación, cuando sabes que hay gente intentado destruir a la aeronave como al que la vuela.
“Entre las afectaciones que uno sufre, están la lejanía de la Patria, la separación de la familia, los hijos, la novia, la esposa, por tanto, cuando me tocó ser jefe me propuse la idea de hacer lo posible y lo imposible, para lograr que mis subordinados alejaran a Cuba de aquí”, - y se tocó el corazón- “que alejaran el pensamiento de todo lo que habían dejado atrás y que estuvieran entretenidos, a eso dediqué bastante esfuerzo y con toda la humildad posible le digo que creo que lo logré.
“Primero, cualquier cosa difícil que hubiera que hacer, por muy riesgosa que fuera, debía estar junto a ellos; no había tarea o reto donde no estuviera junto a mí el ingeniero principal del escuadrón, creo que los dos actuábamos de la misma forma, buscábamos la manera de estar el mayor tiempo posible contentos, reunidos.
“Un escuadrón aéreo tiene alrededor de 110 hombres entre pilotos, técnicos y mecánicos; nosotros lográbamos hacer nuestros motivitos, asábamos un machito para que la gente pudiera resistir aquello, porque el que me diga que puede estar lejos de la familia, el que me diga que puede pasarse fácilmente meses 'sin saludar a su mujer', eso es irreal.
“Había compañeros que esperaban con ansias las vacaciones, y cuando la cosa se ponía complicaba, el primer mensaje que llegaba desde Luanda era, suspendidas las vacaciones, eso es duro, eso era muy duro.
“Yo casi tengo la certeza de que nuestra gente no esta consciente de la inmensa tarea que cumplimos todos los fuimos a Ángola, podemos decir que cambiamos hasta el mapa político del sur de África, el país donde combatimos ahora está lleno de médicos cubanos.
“Es un epílogo inusitado nunca antes visto en la historia de la humanidad y de un paisito bloqueado, una islita con tremendas limitaciones, carencias, como digo yo, una islita puñetera y lo hicimos y estuvimos a la altura de los retos, las circunstancias y desafíos de aquellos tiempos y cumplimos.
“Ahora resulta que cuando miramos atrás recordamos con nostalgia. En las tres misiones de guerra que efectuamos, también tenemos que decir que no todos los días combatíamos.
“Había que preparar a los pilotos, porque la gama de pilotos que uno recibía no eran todos primera clase, uno de ellos cuando llegó a Ángola su experiencia era de un vuelo -había realizado lo que nosotros llamamos el vuelo de soleo- y me lo mandaron para allá, ese hombre me tenía a mi sin dormir.

El autor del libro Escuadrón conversando con el instructor del MIG 21
“Cómo ponerlo en una misión, hubo que prepararlo en poco tiempo y lo hicimos y participó en misiones combativas y todo nos salió bien.
“Nuestro escuadrón estaba compuesto por aviones MIG-23 ML, cuidados y atendidos por esta gente que volaban 42 horas, eso habla mucho de la proficiencia de esta tropa; vivían arriba de esos aviones, vitirriándolos para que su trabajo fuera de calidad, superior a las tropas enemigas que tenían de todo, buena técnica, sueldos, condiciones de vida...
“Mientras, nosotros allí lejos de la Patria cumplimos la misión, orgullosos de aquel escuadrón, fue el mejor de MIG- 23 que estuvo en Ángola y yo tuve el honor de comandarlo.
“¿Momentos duros? La pérdida de compañeros, pérdidas que a veces fueron inevitables, el primer piloto que nosotros perdimos, fue el 13 de septiembre de1986, el día antes de yo regresar con mi misión cumplida.
“A ese piloto lo alcanzó un cohete antiaéreo del enemigo cuando el jefe le indicó ir para Cuito y aterrizar allí, pero el avión venía con fuego y entonces le dio la orientación de no aterrizar sino de catapultarse, y murió en el catapultaje.
“Habíamos tenido cinco catapultajes consecutivos en los cuales los pilotos murieron, la catapulta saca al piloto de la cabina en una forma que no es muy gentil, es un golpe soberano; puedo afirmar al cabo de más de 30 años que los pilotos le tenían miedo a la catapulta.
“Había un piloto de nuestro escuadrón que el fuego antiaéreo le daño el avión, venía votando el combustible y no le daba tiempo a llegar a la base, le dieron la orden de catapultarse y él decidió hacer un aterrizaje forzoso, estoy seguro que desconfiaba de ese acto y decidió antes de que lo matara la catapulta, tirarse con los trenes de aterrizajes guardados en una pista de tierra donde el avión no cabía, pero lo metió allí, se fracturó el tabique, vino para Cuba, ‘lo arreglaron’ y volvió a cumplir la misión, ja, ja, ja, creo que estas cosas son las que hacen que los cubanos seamos únicos en el mundo.
“En Ángola teníamos cinco enemigos, la Unita sudafricana, la Flapla, la Suapo y las Far, todos derribaron aviones piloteados por cubanos.
“Esa cosas hay que contárselas a las nuevas y futuras generaciones, a los muchachos no se les puede pintar la historia de que todo es lindo en la guerra, mentira,, la guerra de bonita no tiene nada, no podemos dedicarnos a divulgar la verdad de forma simpática.
“Aunque nos duela reconocer que todo no fue color rosa, hay que transmitirles a los jóvenes de hoy que los cubanos peleamos en ese hermano país para liberarlo, y como dijo nuestro Comandante en Jefe de Ángola: solo trajimos los restos de nuestros muertos.
“Casi todos los que fuimos a ese hermano país éramos muy jóvenes, pero con mucho sentido del deber y con el propósito de cumplir con la misión encomendada. Cuando era jefe del escuadrón tenía 38 años, esa contienda era para jóvenes, ahora me dicen de volver y voy pero no puedo hacer lo mismo, si es necesario voy 10 veces más.
“¿Anécdotas? Había tiros escapados, gente que se portaba mal, se pasaban de tragos, empezaban a tirar tiritos y había que cogerlos y como dicen los campesinos halarles la jáquima.
“Siiiii, como noooo, perdí momentos importantes de la familia, allá la emoción más grande era cuando la hija de cuatro años me mandaba unas cartas con unas figuritas y dibujos, -porque todavía no iba a la escuela- me encerraba a verlos con un trago de ron para desahogar las penas; alguien tendrá que escribir con más ternura historias de esos momentos tiernos, y a mí me es muy difícil escribir ternuras.
“Mi vieja murió, dos días antes de que yo llegara a Cuba de vacaciones y entonces, somos adultos, llego de Ángola, la mujer me da la mala noticia, ella estaba muy enferma no me sorprendió, pero de qué intimidad uno puede hablar después de una noticia como esa, de ninguna, esas son cosas muy duras, cómo enfrentar la muerte de una madre y a los 30 días ya estar pisando Luanda otra vez, así fueron esos tiempo, Monzambique, Ángola.
“Me he dedicado a escribir ya he publicado los libros: Angola relato desde la altura y Escuadrón y otros relatos; también uno para los niños que está en Verde Olivo, aún en proceso de revisión para su aprobación que se titula Alí Mambí, con más de 40 páginas.
“Es muy difícil escribir para los niños, pero bueno, como de lo único que sé escribir es de aviones, ese también es de aviones “¿Si vuelvo a nacer? Vuelvo a ser piloto de cabeza y de pie, siempre piloto de combate”.
Como Eduardo González Sarría, que hoy cuenta sus vivencias de la cruda realidad de lo que fue la guerra en Ángola, hay cientos de hombres y mujeres de este pueblo que escribieron esa bella página de la historia de la solidaridad con países hermanos que reclaman nuestra ayuda y cooperación; porque como dice uno de los slogan que acostumbramos a decir los cubanos, “somos únicos”.

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