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Manos benditas

Categoría: Especiales
Escrito por Yanet Alina Camejo Fernández / Foto: Autora
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Foto de Manos Benditas santiago de cubaNo es médico, ni ingeniero, ni abogado... ni ganó un premio relevante en algún certamen, su mérito está en el arte de curar ni con ciencia ni con hechicería, sino con la virtud que le dio la vida de sanar a través de sus manos benditas.


Esta es la historia de Longino Carbonel Valenciano, un santiaguero que desde su humildad y su “gracia”, tiene el reconocimiento y la popularidad de cientos de personas que agradecen diariamente su sapiencia. Y que sin lugar a duda, está multiplicado en cada barrio cubano.
A Longino, muy pocos lo conocen por su nombre, pero, si en el barrio hay una persona enferma del estómago enseguida dicen: “llévenlo con El Chino, si él no te lo cura, entonces ve para el Hospital”.
Y es que este señor de 76 años, vecino de Los Nuevos Pinos, posee un prestigio en cuanto a curar a niños y adultos “empachados” o con mala digestión.
“Desde los 18 años sobo por los brazos y las piernas. Esa virtud la aprendí de mi mamá y mi papá, quienes también hacían lo mismo en Cruz de Bolaño, donde yo nací, perteneciente al municipio de Songo-La Maya.
“No pasé ninguna escuela, es algo natural y es efectivo porque muchas personas vienen a buscarme para que yo sobe a su familiar ya sean niños o adultos, y a las pocas horas ya están de nuevo de regreso agradeciéndome por la pronta mejoría del enfermo.
“A mi casa vienen de todas partes de Santiago de Cuba e incluso hasta de los Hospitales, porque una mala digestión puede dar fiebre pegada hasta de 39 grados Celsius y si no se quita bien, es más lento el proceso de curación”, expresó Carbonel.
Desde el punto de vista científico, la literatura recoge que el empacho es una afección gastrointestinal que se manifiesta con indigestión, vómito, falta de apetito, diarrea o estreñimiento. Para curarlo se recurre a remedios a base de hierbas, así como el uso de aceites y masajes en la zona abdominal. Afecta principalmente a los niños, pero también a adultos. Esto se debe principalmente por comer frutos no maduros y con las cáscaras; tortillas crudas, chicle, tierra o papel; comer en exceso, rápido, a deshoras o poco antes de dormir.
El Chino es una persona humilde, sociable y preocupado por sus pacientes; por ese “arte de sobar” no cobra dinero alguno, solo le reconforta escuchar: -“Y qué, cómo sigue el niño”, -“mucho mejor, usted tiene unas manos benditas”.

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