Logo

“La casita” de todos

Categoría: Especiales
Escrito por Lucía Montes de Oca Fusté / Fotos: Autora
Visto: 1713

Los trabajadores de los hoteles Libertad y Rex compartieron la mañana con estos pequeñosEs “la casita”, así no más. Quizás por eso, porque es un hogar como cualquier otro, no tiene un cartel en la entrada que lo identifique como la Casa de Niños sin Amparo Familiar.

Hasta el calificativo le queda chiquito puesto que lo que más tienen esos nueve pequeños que hoy colman de alegría el lugar, es familia. No una propia, no la que Dios le dio, pero si una fantástica que a fuerza de tesón y de mucho, pero mucho amor llena todos sus espacios de alegría.
A ese especial lugar acudí, invitada por los trabajadores del complejo hotelero Libertad-Rex. Pilar Cárdenas Sánchez, al mando de la sección sindical ya me había alertado que iba a ser gratificante el encuentro, yo nunca antes había ido allí. Pero ellos sí, ellos han visitado el lugar otras veces y también han acudido a la Sala de Oncohematología para llevar un presente no solo material sino espiritual, cargado de dicha y esperanza.
La llegada
No quise llegar con los demás. Me habían dicho que sobre las 9:30, yo me permití una hora antes. Quería hablar con Isabel López Albear, la directora, para que me pusiera al corriente del funcionamiento de la casa.
Conversamos afuera. Sentadas en un balance colocado en el portal. Me dijo que la capacidad es de 12 niños, pero que ahora tienen nueve y solo uno de ellos, es varón.
“Llegan por el trabajo profiláctico que en cada barrio realiza la PNR, los trabajadores sociales, Educación, la Fiscalía. Pero su vida se desarrolla de manera normal, ellos se trasladan diariamente a sus círculos infantiles y aquí nos encargamos de reafirmar esos contenidos que reciben”.
La payasita Susa compartió con todos los pequeñosSon 25 las personas que cuidan de ellos: educadoras, auxiliares de servicio, cocineras, custodios y una trabajadora social, además de la directora y la subdirectora del centro.
Me interesé por lo que comen, por su ropita, sus juguetes...ella luego me mostró todo, al menos lo intentó, porque desde que puse los pies en la sala, la pequeñísima Jennifer Angélica saltó a mis brazos y con ella hice todo el recorrido.
Yo pensaba en mi José Eduardo que solo le lleva cuatro a esta hermosa de 20 meses. Pensaba en lo mucho que pesa el mío cuando sostenía a Jenny, que él le gana también en tamaño y en comunicación; pensaba en lo mucho que me hace feliz despertar con su carita frente a mí, besarlo, bañarlo, vestirlo, luchar para darle la comida, llevarlo al círculo, verlo correr, reír, llevarlo a montar chivos, a la playa, disfrutar de sus ocurrencias, en fin, que no me imagino ni quiero, perderme ni un instante de su vida.
Pensaba en lo que se pierden esos padres, esas familias, pero también en el porqué los dejaron allí, qué problemas tenían y me sobrecogió la noticia de que muchos vuelven con los suyos.
Isabel me habló de situaciones familiares complejas en sus hogares, condiciones de salud y reclutamiento penitenciario. Yo pensaba, pero no me permití juzgar.
A ellos no les falta nada. Los trabajadores de “la casita” hacen mucho más de lo que pueden, incluso hacen a un lado sus propios problemas, las necesidades en sus hogares, para compartir el cuidado en un hospital, bajar una fiebre, cumplir la promesa de un paseo...
Estos niños necesitan de mucho amor y todos lo saben. Por eso Isabel se tomó un momento para agradecer a todos los que allí llegan, para donar lo poco o lo mucho, que siempre será bien recibido.
Por fin, ¡la fiesta!
Las gemelas soplaron velitas por su cumpleañosAl día siguiente unas gemelas lindísimas y divertidas estarían de cumpleaños, ellas recibieron un merecido regalo y también las felicidades junto al cake y apagaron las velitas. Las gemelas también comparten “la casita”, con una hermana mayor.
Allí son mayoría las hembras, de tamaños y razas diversas. No pude memorizar otro nombre que no fuera el de Iván el único varón y el de mi linda Jenny que me llamaba tía y no soltaba mis brazos.
Jennifer Angelica es la más pequeña de la casaMe llamó la atención una trigueña preciosa, que tiempo antes se tiró una “selfie” conmigo, pero que cuando empezó la fiesta no quiso participar de esta, no jugó con Susa, mi vecina, esa payasita maravillosa de la Compañía Arcoíris ni cogió los presentes que eran para ella. Prefería cubrirse la cara con un libro cuando la llamaban. Ella lleva poco tiempo allí y aun le resulta difícil la convivencia.
Pero la fiesta fue divertida. Hubo globos, cake y refrescos como en cualquier celebración. Susa hizo de las suyas, bailó, cantó, les hizo un cuento y hasta accedió al llamado de poner en función sus manos mágicas para abrir los presentes.
Con estos niños compartimos la mañana, nos sentamos en el piso para estar a su altura. Les cantamos Feliz Cumpleaños con una característica especial, ideada por César Garrido, los llamamos niños de Cuba.
A Pilar, a Susa, a Isabel, al resto de los trabajadores de “la casita” que cuidan de ellos y a los que acuden allí en gesto de amor, esta periodista y madre solo puede decirles, Gracias.

Periódico Sierra Maestra/ Correo: cip226@enet.cu / Directora: MSc. Olga E. Thaureaux Puertas/ Redacción Digital: Lic. Clara Gayoso Giro, MSc. Arnaldo Clavel Carmenaty / Informático: Ing. Alberto Elers Pérez / Copyright ©. Todos los Derechos Reservados. Autorizamos la reproducción de trabajos de este sitio, siempre que sea de forma íntegra y se cite la fuente.