Mi pequeño no llega a los 3 años, y ya se quita de “arriba” los problemas. Evade cualquier situación en la que parezca culpable y ha aprendido a echar la culpa a otros, o más bien a otro, su abuelo.
¿Quién rompió el carro? ¿Quién pintó la pared? ¿Quién botó el agua? A todas, pero todas las preguntas responde igual: yo no fui, fue abuelo.
Dicen los especialistas que para esa edad, todavía no comprenden lo que son las mentiras, simplemente intentan no parecer culpables, evitar los regaños, evitar el castigo.
Pero, ¿cómo manejar esta situación, como enseñarlos a no mentir, como incentivarlos hacia lo que es correcto? Para conocer más al respecto Sierra Maestra conversó con la psicóloga infantil Marlenes Danauy Enamorado.
“Primero los adultos deben comprender que no es algo intencional a esta edad. Ya hacia los 4 años sí se va teniendo una noción de la realidad y sí deben corregirse estas indeseadas actitudes para que no lleguen a hacerse hábitos”.
“Si sabemos que el/ella fue quien cometió la acción incorrecta, debemos actuar en base a lo que sabemos, por ejemplo, si te dice que no pintó la pared y aún tiene el lápiz en las manos, aprovechemos para decirle que el lápiz y los dibujos se hacen en el papel, en los libros de colorear, en las libretas...recordemos que para esa etapa ya debe ser frecuente en su vocabulario la pregunta ¿por qué? Y debemos aprovecharla al máximo, explicarle qué es lo correcto y darle
respuestas hasta saciar su necesidad aprovechando las opciones que tiene él/ella para hacer lo correcto”, explicó.
“Los padres deben controlar su enojo, tal vez puedan recurrir a la narrativa, a los cuentos y hablarles de Pinocho, a quien le creció la nariz por decir mentiras, al tiempo que evitas el regaño para que no tenga temor de decirte la verdad, así poco a poco iremos corrigiendo al tiempo que enseñamos”.
Algunos sitios web que publican estudios sobre las mentiras en los infantes coinciden en que los hacen por: “miedo al fracaso, al castigo, por llamar la atención, por imitación, y hasta por exceso de exigencia”.
“La contribución más importante que pueden hacer los progenitores para educar a un niño sincero es desarrollar una relación fundada de manera sólida en la confianza. Para ello, es necesario demostrarle con regularidad que confiamos en el pequeño”, refieren.
Ya usted lo ve, confianza debe ser la palabra clave y utilizar el castigo acorde a la edad y a la magnitud del suceso. Recuerde eso que dicen por ahí: “hijos pequeños problemas pequeños, hijos grandes...”
Aprendamos a dialogar y a corregir desde el momento oportuno, para que el dicho se mantenga así, para que no sea, a hijos grandes, mentiras grandes.