De ardilla y de león. A propósito del Día de la Medicina Latinoamericana

Categoría: Especiales
Visto: 2427

enrique antonioSon los mayores en edad y experiencia, también los primeros en llegar, la impuntualidad y la pereza no hallan cabida en ellos. Se desplazan de manera lenta por los cubículos, pero recuerdan cada caso y el tratamiento a seguir. Melba Eloína Puzo Hansen y Enrique Antonio González Corona, con 93 y 82 años de vida respectivamente, muestran a diario pasión por una profesión que demanda entrega, sacrificio, exigencia y gran estudio, la medicina.

Podemos encontrarlos en la Sala de Enfermedad Diarreica Aguda, dentro del Hospital Docente Infantil Sur (antigua Colonia Española), desde allí comparten sus historias…

La ardilla más tranquila

En la Memoria del Colegio Médico Nacional de Cuba describen a Melba: “De Oriente nos llegó esta compañera callada, sencilla, de gran voluntad y con una gran ilusión en su vida: Llegar a ser médico. Pasados los duros años de estudio, sus desvelos se han visto coronados por el triunfo. Ahora seguirá optimista y vencedora por el camino de los éxitos”.

Así la vieron sus colegas, graduados en 1960. Hoy, es la única representante femenina de aquel grupo denominado “Las Ardillas” que reside en la urbe. Por tal razón y su destacada trayectoria laboral, ostenta la Condición de “Hija ilustre de la Ciudad de Santiago de Cuba”, otorgada en el 2010.

“Mi primer trabajo fue en el hospital rural Esteban Caballero en Matías durante 10 meses. Por necesidad asistencial de la provincia me trasladaron al hospital Andrade Prieto en Buey Arriba unos cuatro meses, terminando allí el servicio médico rural. En mayo de 1962 fui nombrada Médico General en el Hospital Infantil Norte. “Aproximadamente laboré un año y medio, y se me planteó la necesidad de hacer residencia en Pediatría, acepté comenzando en 1964 y terminé en 1968. A la par estuve una década como Directora en la sesión de la tarde del Hogar de Recuperación de Niños con Afecciones Respiratorias llamado Rubén Martínez Villena, en Punta Gorda.”, narra Melba.

“Trabajé en el servicio de Gastroenteritis hasta 1975, año en que se inauguró la Colonia Española como Hospital Infantil Sur, y me reubiqué allí como Jefa de Servicio de Gastroenteritis para niños menores de tres meses. Hacia 1992 cuando se abrió el Servicio de Pacientes para Recuperación Nutricional formé parte de su colectivo durante un lustro.”

La Doctora Puzo no se casó ni tuvo hijos, en cambio cuenta con la admiración, el respeto y el cariño de quienes la reconocen dispuesta siempre a tender su mano a los que se inician en el difícil arte de curar,  y al pie de la cama del paciente con una alta dosis de amor y ternura. Además, ha sido Vanguardia Nacional en siete ocasiones y posee varias medallas como Hazaña Laboral, Manuel Pitty Fajardo, y 50 Aniversario de la Fundación de la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba.

Con la grandeza de un león

Enrique Antonio tuvo que elegir entre la arquitectura y la medicina. Su hobby de construir castillos de papel para navidades fue desplazado por seguir los pasos de su padre, también pedíatra.

“Comencé a estudiar Medicina en La Habana cerca de 1950, la carrera duraba siete años, pero estuvo cerrada por la lucha revolucionaria. Mi grupo se graduó en mayo de 1960 y me situaron en Chivirico para el Servicio Médico Social Rural, que entonces duraba seis meses. 

“En 1961 retorné a Santiago y trabajé en el Hospital Pediátrico Infantil Norte, entonces se trataba a los pacientes por edades, primera infancia, segunda y tercera, me ubicaron en la primera. A medida que se desarrolló la pediatría en el mundo entero se dividieron los servicios por determinadas enfermedades de órganos y sistemas. La gastroenteritis era la principal causa de muerte en los niños, el medio ambiente resultaba tan agresivo que constituía la tercera causa de mortalidad general.

“Hacia febrero de 1962 surge la Escuela de Medicina, no había suficientes médicos para profesores de Ciencias Básicas y cuando hicieron el llamado di el paso al frente.”, recuenta con orgullo.

En la actualidad, el Doctor González Corona es Profesor Titular y Consultante de Pediatría, y Master en Atención Integral a Niños. Posee un currículo tan inmenso que no alcanzarían las páginas de Sierra Maestra para ahondar en sus vivencias laborales, por tanto mencionamos solo que fue Vicerrector de Investigación y Postgrado en la Universidad de Ciencias Médicas siendo hoy Profesor de Mérito, y sus experiencias como Jefe de la Brigada Docente de Misión en Guyana entre 1990 y 1991, más su apoyo en Sudáfrica como Médico Asistencial de 1996 al 99.

“Hubo casos impactantes de desnutrición y fiebre tifoidea. En Guyana recuerdo a un niño con una sepsis generalizada de un germen muy agresivo, estaba perdiendo los dedos de la mano y del pie por gangrena. No teníamos medicamentos para tratarlo. Llegaron varios bulbitos de antibióticos vencidos, y me dije bueno, éstos mismos. Se los pusimos parenteralmente y el niño se recuperó.”, narra una de tantas historias de sus tiempos internacionalistas.

Los Doctores Melba Puzo y González Corona son una pequeña muestra de la valía de los profesionales de la salud cubana, llegue a todos nuestro reconocimiento, felicitaciones y gratitud.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar