Con sus escasos 15 o 16 años, el jovencito matancero Guido López-Gavilán del Rosario (Matanzas, el 3 de enero de 1944) no salía del asombro ante tanta belleza natural. Para sus ojos eran un estímulo la foresta exuberante, el mar verde azul allá abajo, las montañas. Dejaba atrás el litoral caribeño, y se adentraba en la oriental Sierra Maestra, hasta llegar al caserío donde daba clases el novel maestro voluntario, unos meses antes de comenzar en Cuba la Campaña de Alfabetización de 1961. Para el hoy renombrado director de orquestas y compositor, aquella etapa es inolvidable.
Pocas veces se encuentra en el nombre de una agrupación tanto simbolismo como en la que dirige Guido: “Música Eterna”. En esas dos palabras se sintetiza el universo de sensaciones latientes en él, tan bien expresadas en los pentagramas, cada vez que su figura elegante aparece en los escenarios cubanos y extranjeros.
Luego, en el diálogo, se descubre al hombre de hablar pausado; amable en extremo; de respuestas inteligentes; invariablemente delicado al referirse a quienes han estado junto a él, y multipremiado en su labor que abarca diversos países.
De música y músicos; de la ciudad de Santiago de Cuba; de los vínculos con esta urbe; de la Sierra Maestra y sus habitantes, y de otros temas habló Guido. Lo hizo y aún quedaba el eco de los aplausos en la Sala de Conciertos Dolores, cuando Lázaro Expósito Canto, Primer Secretario del Partido en la provincia, y Abel Acosta, viceministro de Cultura, le entregaron a López-Gavilán el Premio Nacional de Música’2015, mientras simultáneamente en La Habana, lo recibía también, la cantante Beatriz Márquez.
El homenaje transcurrió en el cierre del 34. Concierto Santiago. Y en la tranquilidad del camerino fluye la conversación.
-- Ud. es una figura imprescindible en este encuentro. Es difícil no verlo aquí siempre.
-- Me siento muy ligado a Concierto Santiago, porque desde el inicio participo en esta excelente iniciativa del maestro Electo Silva y de otros entusiastas. Además, es parte de mi vida porque esta la he dedicado a difundir la música y ese es uno de los cometidos de esta reunión. Por eso soy doblemente feliz: por asistir y por recordar aquellos tiempo de hace más de 30 y tantos años atrás.
Por otra parte, a Santiago de Cuba la quiero sinceramente. La conocí cuando yo era muy joven. Yo pertenecía al primer contingente de maestros voluntarios antes de la Campaña de Alfabetización, que vino a Oriente y me tocó una escuela que está cerca de Chivirico, hacia la montaña. Fíjese desde cuando estoy unido a esta tierra.
Después empezaron los festivales de coro y, siendo estudiante del Conservatorio Amadeo Roldán, comencé a participar en estos. También, mi primera actuación como director de orquesta fue en esta urbe, pues se unieron las agrupaciones de aquí y Camagüey. Eso me lo sugirió el maestro Miguel García. Hicimos un solo grupo y actuamos en esta ciudad, en Camagüey, y en otros lugares del país.
Luego, he continuado viniendo a las fiestas de coros, a los Concierto Santiago, para trabajar con la Sinfónica de Oriente, con mi orquesta Música Eterna; por actividades de la UNEAC. Es un nexo entrañable con esta tierra que espero mantener si me quieren los santiagueros.
-- ¿Se acuerda del nombre del sitio donde fue maestro? ¿Era la Calabaza?
-- Yo tenía que pasar por La Calabaza, que estaba al pie de la loma, para llegar al lugar donde daba clases: El Queso, más arriba.
-- Arriba pero como en una hondura del camino.
-- Exactamente. Ud conoce esa región por lo que veo.
-- Sí. He ido por allí a hacer trabajos.
-- Pues estuve ahí dos cursos, alrededor de dos años.
-- ¿Ud. ha vuelto alguna vez por esos lugares?
-- Volví a finales de los años 80.
-- ¿Vio gente de cuando su etapa de maestro rural?
-- Fue una de las experiencias más bellas en mi vida, porque logré reunir a varios que eran niños cuando yo llegué a El Queso. La parte linda es que una era maestra en Chivirico, otro tenía que ver con la técnica de inseminación artificial, otra era instructora de arte, uno era jefe de sector de la policía. Me hablaron de quienes están en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y en otros puestos, y se creó un ambiente muy agradable, al ver yo a seres humanos que ayudé a crecer y son ejemplares en la sociedad.
Cuando llegamos los primeros maestros, no había absolutamente nada. Ni escuela ni hospitales; habían construido una escuelita en Chivirico (en la costa sur, a pocos metros del mar) pero en las montañas nada. Tampoco existían los caminos. El otro día me estaban hablando de un hotel que han hecho por donde está el río Sevilla.
-- El “Sierra Mar”
-- El “Sierra Mar”, que es un centro turístico muy hermoso. Pero nada de eso existía. Solo un camino de tierra que se inundaba cuando llovía. Y a veces había que ir en goleta de Santiago a Chivirico. Esos recuerdos son imborrables, lo puedo decir así.
-- Maestro, es primera vez que un Premio Nacional de Música se entrega en Santiago de Cuba. Lo sugirieron los organizadores de Concierto Santiago.
-- Para mí, por todo lo que te acabo de decir, es un tremendísimo gusto. Ha sido una casualidad, realmente, porque la norma es entregar ese premio a principio de año. Pero tanto Beatriz como yo estábamos fuera del país. Y cuando nos dicen que lo van a entregar el 7 o el 8 de mayo yo dije: ‘Mira, tengo un compromiso en Santiago de Cuba que no puedo faltar’. Y me responden: ‘Bueno, vamos a ir a Santiago, y se va a filmar para hacer una combinación con la entrega a Beatriz Márquez’. Me alegró tanto, porque Beatriz es una gente que quiero mucho. Es de esa época que estamos hablando, de los inicios de los festivales de coro. Ella era participante de un corito que yo dirigía en la escuela de jóvenes. Desde entonces nos queremos y la admiro mucho.
-- Profesor, ese premio ¿qué representa en su vida?
-- En primer lugar un compromiso mayor. Un compromiso con la música, con el pueblo al que está dirigida la música.
-- Cómo valora Ud. la música de concierto que se hace en Santiago de Cuba.
--La encuentro muy bien, en especial el desempeño de los músicos; los coros, muy bien como siempre; han surgido nuevos grupos de cámara; la Orquesta Sinfónica, nutrida por jóvenes, de ahí que el relevo este garantizado; hay solistas… La música funciona bien. También sé que influye el estado general de la música no sinfónica. El mal gusto se ha apoderado de muchas personas ante la música chabacana, grosera. Eso perjudica. Por suerte hay grandes sectores que conservan su buen gusto.
-- ¿Entonces Santiago de Cuba está entre las plazas fuertes en el país en la música de concierto?
-- Sí, sí; además, tiene el privilegio de contar con una Sala Dolores que es un orgullo para todos.
-- ¿Matanzas qué representa para Ud.?
-- Yo nací en Matanzas, mi familia es de Matanzas. He estado vinculado a Matanzas más o menos como a Santiago de Cuba.
He estado dirigiendo la Orquesta Sinfónica de allí durante algunos años y me mantengo en contacto con la provincia, donde hay excelentes músicos, y ahora han restaurado la Sala White, que justamente es una competencia para la Sala Dolores, porque quedó excelente. El primer danzón fue estrenado allí y aspiramos a que el recinto se convierta en un bastión para la música de conciertos.
-- No le roba más tiempo. ¿Algún mensaje?
-- A Santiago de Cuba… que la guardo en mi corazón por siempre.
DETALLES EN LA VIDA DE UN MAESTRO
Guido López-Gavilán del Rosario nació en Matanzas, el 3 de enero de 1944. Estudió dirección coral en el Conservatorio Amadeo Roldán, donde se graduó de nivel medio en 1966; posteriormente fue discípulo en dirección de orquesta, del profesor soviético Danil Tiulin. En 1970 ingresó en el Conservatorio Chaikovsky, en Moscú, donde estuvo bajo la dirección de Leo Guinsburg, hasta 1973 en que concluyó su formación académica. A partir de ese año actuó como director invitado de la Orquesta Sinfónica de Cuba.
Es profesor de dirección de orquesta del Instituto Superior de Arte (ISA). Fue presidente de la Sección de Música de la Brigada Hermanos Saíz.
Como compositor ha obtenido los premios siguientes: Concurso 26 de Julio; Concurso de literatura y música infantil La Edad de Oro; Concurso Nacional de Composición del Ministerio de Cultura, 1979; Premio Nacional de Música 2015.
Fue director de la Camerata Brindis de Salas. De su labor como director de orquesta, el Thuringer Tageblatt, en Alemania expresó:
“...Guido López Gavilán ha llamado la atención, exhibiendo musicalidad, apasionamiento, elegancia, sentido refinado para el color de las sonoridades, y saber manejar con seguridad los grandes desarrollos. Todo daba la impresión de que forzosamente debía de ser así en la 5ta Sinfonía de Shostakovich. Evidenció su nivel plenamente, corroborando que es un músico cuya fama está ya reconocida, con razón, fuera de las fronteras de su patria.”
Y Charles White, de The Fleisher Collection, de Estados Unidos:
“...Pierrot Lunaire, de A. Schönberg, fue conducido por Guido López Gavilán en una versión profunda, precisa y muy significativa. Logró recrear con gran éxito la magia que dimana de este hechizo atonal, que solo Schönberg fue capaz de concebir.”
Al maestro Guido López-Gavilán le fue entregada en el 2002 la Medalla Alejo Carpentier. Además, ha participado en eventos importantes, como el III Encuentro Interamericano de Composición, organizado por la Universidad de Indiana, Estados Unidos, en 1996;
Festival Iberoamericano de Música Contemporánea, España;
Festival Franco Donatoni, México; VIII Foro de Compositores del
Caribe, Caracas, Venezuela. Ha realizado giras por México, Ecuador, Colombia, Rusia, RDA, Polonia, Hungría, Rumania. Yugoslavia, Bulgaria.
Como compositor, entre sus obras aparecen: A modo de adivinanza; Camerata en guaguancó; Donde cayó mi hermano, cantata, con texto de Fayad Jamís; Mi canción, Variaciones cumbanchero (basada en una obra del compositor puertorriqueño Rafael Hernández); Variantes, coral y leyenda; Victoria de esperanza, para orquesta sinfónica, coro, solistas, actores, danza y cine.