Pastora, otra santiaguera centenaria

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pastoraTodos los días se le ve sentada en su balance en el portal de la casa. En sus manos el tabaco y la taza de café que no pueden dejar de acompañar sus tardes. Los vecinos la saludan y hasta bromean con ella, pues siempre les gusta escuchar sus opiniones.

Así es Pastora Rodríguez Rodríguez una santiaguera que cumplió sus 100 años de vida recientemente, y entre hijos y familiares celebró la dicha que pocos llegan a tener.

Oriunda de Botija, El Cobre, creció en la finca de sus abuelos, quienes le impregnaron sentimientos patrióticos y de amor hacia su país, pues era nieta de Higinio Vázquez general del Ejército Mambí.

Al rememorar su juventud Pastora guarda por un momento silencio… Su mente, que al pasar de los años no ha perdido claridad, rememora aquella etapa cuando servía en casa de ricos.

“Antes del triunfo de la Revolución trabajé en las viviendas de algunas personas pudientes donde lavaba, planchaba, cocinaba y limpiaba”, destacó.

La naturaleza le dio un vientre favorecido pues tuvo 11 hijos, los cuales crió sola con mucho sacrificio. Uno de ellos Alberto Socarras Rodríguez desde jovencito se incorporó al movimiento 26 de Julio y contó con el apoyo de su mamá.

Según cometan dos de sus hijos que viven con ella, Pastora prestó su casa ubicada en Camino de la Isla para guarecer a jóvenes revolucionarios que iban para la Sierra Maestra y se escondían del régimen de Batista, mientras tanto sus hijas ayudan en la confección de brazaletes para el movimiento.

Alberto se alzó en la Sierra Maestra y se hizo tanquista y después del triunfo de la Revolución siempre ayudó a su mamá quien no trabajó más y se dedicó por entero a la crianza de sus hijos más pequeños.

Actualmente Doña Pastora Rodríguez Rodríguez, como le gustaba que le dijeran en sus tiempos mozos, vive en Pasaje 9 de Los Nuevos Pinos con dos hijos, un yerno, un nieto y esposa y un bisnieto que hace reír a la anciana.

Aunque su cuerpo refleja el pasar de los años, siempre ha sido una mujer fuerte, saludable y presumida, pues de vez en cuando hace sus caminaditas por el barrio, barre el frente de su casa y conserva con mucho celo el largo de su pelo al expresar: “eso no hay quien me lo corte”.

El cariño de esta abuelita es infinito para todos porque lo comparte con sus 40 nietos, 50 bisnietos y más de 15 tataranietos, quienes la colman de besos pues esta abuelita centenaria tiene la dicha de cumplir 100, edad a la que pocos llegan.

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