He pensado en muchas maneras para comenzar a hablar de él y todas me parecen tontas, incluso esta. No hallo las palabras precisas para enaltecer la magnitud de su talento, de su sapiencia, de su modestia y de su tesón.
Hace mucho tiempo, cada vez que lo veía le preguntaba que cuando accedería a darme una entrevista; siempre me decía que más adelante. La última vez me respondió que cuando comenzara el curso, seguramente porque le daba pena negármela con un no rotundo.
Insistí. Lo sorprendimos inesperadamente y casi sin tiempo a reaccionar, accedió a mis preguntas. Hubiera querido hacerle más, pero bastan estas para conocer de la grandeza del Dr. Roberto Sánchez Batista, Especialista en I y II Grado de Obstetricia y Ginecología, Profesor Titular, Consultante y de Mérito, MSc. en Atención Integral a la Mujer.
Natural de Antillas, Holguín, comienza sus estudios universitarios en La Habana y concluye en Santiago de Cuba en el año 1969. Esta provincia se ha convertido en su segunda patria.
De Antillas salió aproximadamente a los 14 años y quedó solo como su lugar de nacimiento y de referencia, pues allá estaban sus padres, tíos, primos y mucha gente que lo quiere, “pero Santiago es la tierra que me vio nacer en lo profesional, familiar, social, espiritual, en lo material”.
En la década del 70 termina la especialidad.
“Ginecobstetra porque amo a la mujer y al niño que son los pilares del desarrollo. El niño es la nueva generación, la mujer garantiza el futuro.”
Al preguntarle cómo se ha insertado en las nuevas tendencias de la obstetricia y en la aplicación de procederes modernos me respondió:
“He tratado de ser un hombre de mis tiempos y he ido con mis tiempos. He hecho en cada momento lo que ha sido necesario.
“Los alumnos han sido el relevo; son los que garantizan que salga adelante.
Hablar de su esposa es tocarle una de sus fibras más sensibles, pues ella es acreedora de todos sus elogios y de su mayor respeto: “esa mujer es lo mejor que ha pasado en mi vida”, afirmó.
Y no es menos cierto, pues en 45 años de matrimonio Vilma Prado Crispín ha estado en la retaguardia y al tanto de cada detalle.
“Gracias a la familia se ha podido. Tantas malas noches, tantas madrugadas, tanto trabajo y la familia ahí, a veces un poco desamparada. Hacíamos guardias cada dos o tres días y cuando llegabas a la casa todo estaba listo.
“En la complejidad de la vida diaria tienes que tener a alguien que va al mercado y resuelve los problemas de los muchachos y demás; de eso yo pude ocuparme poco. Ahora hago una retrospectiva y pienso que quizás pude haber aportado más, pero bueno…fueron los tiempos.
Aunque solo tiene 2 hijos y cuatro nietos biológicos, el profe ha creado múltiples familias médicas.
“Mis alumnos nunca me olvidan, ni en Santiago de Cuba ni alrededor del mundo porque están dispersos.
“El valor humano es lo fundamental porque para ser bueno en algo, primeramente tienes que ser buena persona.”
Al hablar de su sarcasmo y de su humor me dijo: “Esa es mi personalidad; yo soy así.”
En sus clases inserta diálogos y preguntas en el idioma inglés, lo cual constituye en ocasiones el terror de los alumnos.
“Nos hemos dado cuenta de que es una asignatura pendiente de los profesionales y se ha retomado. ¡Qué bueno! Yo nunca lo olvidé y para mí siempre fue una herramienta. El profesional que no domine el inglés está perdido.
“A las nuevas generaciones les diría que recuerden los consejos de Esculapio y el juramento Hipocrático que son la base de la Medicina desde los tiempos inmemorables y que lo que guía es el amor y tratar como te gustaría ser tratado.”
Desde la voz de sus alumnos
Decidí preguntarle a muchos de sus ex alumnos cómo era el profesor Roberto Sánchez Batista y con las respuestas casi lloro en una mezcla de alegrías por saberlo grande entre los grandes y de nostalgias por no haberlo reconocido antes.
A quien primero escuché hablar de él, hace más de tres años, fue al Dr. Jorge Rolando Vuelta Lorenzo, quien no se cansó de decirme que ese también era su padre. Luego me escribió:
“Guardo eternamente una inmensa gratitud para quien ha sido mi segundo padre y mi mentor, una persona increíblemente talentosa y sabia, todo modestia y humildad, un ser humano ejemplar en todas las facetas de la vida, un maestro amado por quienes tuvimos la dicha de ser sus alumnos.”
La Dra. Lilian Llópiz López afirma que hablar del profesor Sánchez Batista, como cariñosamente le dicen, no es cosa fácil, “pues en él se resume al hombre que todos debiéramos aspirar a ser algún día, en una mezcla de exigencia y a la vez de cariño, amistad y paternidad para con todos. Yo guardo muy gratos recuerdos de él. Sobre todo en sus cumpleaños que nos reunimos para celebrarlo. Siempre es un evento especial y esperado por todos con mucho respeto y cariño”.
El Dr. Manuel Corrales me escribe algunas anécdotas del profe. Dice que cuando los alumnos responden incorrectamente durante el examen práctico, él les dice sarcásticamente: “Yo te voy dejando y dejando que te entierres en el fango, cuando llegues al cuello te aviso”.
“Recuerdo una vez que él hacía guardia en el antiguo Centro Gallego y había una paciente gritando a viva voz y el profe se le acostó al lado en la cama y empezó a gritar aún más fuerte; ella se quedó mirándolo en silencio y Sánchez Batista le dijo ‘viste que molestas’.”
Manuel Corrales, como el resto de sus alumnos le profesa mucho cariño.
“En el salón te dejaba siempre hacer el parto. No importaba de qué año eras; para cada nivel tenía una lista de interrogantes. Y llegadas las doce de la noche los reunía a todos a su alrededor y comenzaba a dar clases. ¿Te imaginas a esa hora dar clases? Si no había gestantes en preparto, él salía a la sala y buscaba una o dos con dolores para que nadie durmiera: ese es Sánchez Batista.
“Es amigo de los amigos. Humano como no hay dos, docente altamente preparado, seguidor de lo que Martí dijo ‘todo hombre que llega a la tierra tiene el derecho a que se le eduque y en pago contribuir con la educación de los demás’. Jamás he visto al profe maltratar a un alumno ni a un paciente. Es una cátedra en el buen decir y hacer, es nuestro espejo como persona, como médico, como padre de familia, como esposo; es nuestro paradigma.”
La doctora Griselda Reyes Camacho tampoco dudó en dar su opinión y contó su experiencia el día del examen de discusión de su especialidad en Ginecobstetricia.
“Cuando terminé mi exposición me dieron muy buena nota en la presentación de la tesis y en el teórico cogí 89 puntos. A todo el que me vio le pareció injusto, pero el profesor se paró delante de todos, fue hasta donde yo estaba, me abrazó, me besó y me dijo en voz muy alta ‘no te preocupes mi hija que la vida es la que te aprueba’. Esas palabras me llenaron de mucha satisfacción porque al venir de mi profesor fue la mejor de las notas y nunca lo olvido. Es una persona muy altruista, muy humano, sensible, honesto; casi te puedo decir que es la mejor persona que he conocido. Yo lo adoro.”
En tanto, al Dr. Idalberto Martín Clavijo Balart le place que se escriba sobre Sánchez Batista. “Para mí es un mérito muy grande ganado con sangre, literalmente con sangre, la de tantas mujeres que él mismo ayudó a salvar y la de otras tantas que se salvan en todo el mundo por el esfuerzo de aquellos a quienes él formó”.
Me auguró también que las anécdotas e historias sobre este talentoso hombre no cabrían en mi agenda de trabajo si participaba junto a ellos en el cumple del profe que se lo celebran cada 28 de noviembre.
“En instantes sabrás, a través del respeto y el amor que le profesamos, quién es el profesor Sánchez Batista.
“Ese señor disfruta haber creado una familia médica, no un colectivo laboral; ser "el padre", no el jefe; oír la conferencia magistral de un discípulo. Según sus propias palabras ‘hace años se retiró de la vida pública y solo aspira a verse superado por aquellos a quienes él formó’.
“Si me preguntaras su cualidad primera no dudaría en responderte que es su humanidad. Por encima del profesional excelso o del profesor insignia de la Obstetricia en Santiago de Cuba está el hombre que nunca se apartó de su tiempo sin dejar de soñar con el futuro, pensando en las generaciones por venir, que exigió por un mal resultado académico y a la vez dio un consejo como padre, como hijo, como esposo. Una vez, siendo residente, en una actividad festiva de la filial de Obstetricia/Ginecología en Santiago, escuché al difunto profesor Juan Carlos Martínez decir en público y felicitar al profesor Sánchez por el mérito de en vez de organizar un hospital haber creado una familia. No creo que eso algún otro, incluso de otra especialidad, lo haya conseguido menos aún sin proponérselo.”
Así son los criterios sobre el profesor Roberto Sánchez Batista. Aún quienes fueron sus alumnos lo recuerdan con mucho placer. Y él, a sus casi 73 años sigue ahí, en el hospital general docente clínico quirúrgico Dr. Juan Bruno Zayas Alfonso.
Sus alumnos siguen siendo sus hijos; las pacientes, su prioridad. Y él ese hombre humano que no sabe de vacíos ni de tiempos detenidos; él es ese hombre que da todo de sí por un discípulo mejor.
Comentarios
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.